Encuentro Sabina Editorial y Feministas Lúcidas

Encuentro Sabina Editorial y Feministas Lúcidas

Entrevista a las mujeres de DetransiciónChile (1)

Jessica Gamboa Valdés

17 de abril de 2021

Saludo a todas, especialmente a Sabina editorial, Ana Mañeru Méndez y Carmen Oliart, a mis amigas y semejantas de feministas lúcidas

Quiero también reconocer a Sandra Lidid por la transcripción y colaboración en la edición de la entrevista.

Han y Ariel,  son mujeres que deciden hacer una apuesta política- política de lo simbólico- salir al mundo y poner en palabras su experiencia- su partir de sí –  respecto a su vivencia con la transición y posteriormente su Detransición.

Me quiero referir brevemente con dos reflexiones o comentarios que he destacado de la entrevista, luego abrir la conversación.

Una primera cuestión, es cómo la identidad trans se sostiene desde una política institucionalizada, por ende, dotada de poder social para administrar y representar a grupos o individuos identificados con esta categoría, regulando bajo sus lógicas la relación de los sexos, es decir, el hecho de ser mujer u hombre, pero anclado a una serie de estereotipos preestablecidos y codificados por el régimen de mediación con poder, que conduce en este caso, a estas dos mujeres, cada una en su singularidad a un proceso de identificación con lo ya dado, lo dicho, lo normalizado, es decir, los roles de género – femenino o masculino – propios de una cultura basada en el Uno, negadora del origen materno y canceladora de la alteridad.

Esta violencia que una mujer vive, es lo que Simone Weil llama el doble tirón o error de epistemología que ha traído mucha ajenidad e inadecuación despojándonos de nuestro sentir y placer propio para ser y estar en el mundo, sobre todo, con las políticas de igualdad que han sustituido el orden materno no coactivo  (Diana Sartori) por la libertad individual moderna que te invita a ser un hombre, con la condición de que nuestra diferencia sexual femenina pase desapercibida, fingiendo que no tenemos cuerpo.

En la actualidad no hay novedad, al menos, para las que nos afirmamos en nuestra diferencia sexual y el placer de ser mujeres, cómo la política de la identidad ha ido ganando terreno, lamentablemente también con el apoyo de algunas feministas que, embelesadas por la homologación con los hombres, han contribuido con el régimen de mediación con poder que sobre todo, se sustenta en la negación del origen materno, principio e inicio de toda obra civilizatoria, es decir, la madre concreta dadora de vida y palabra, porque somos traídas y traídos al mundo por una mujer y de ella aprendemos en nuestra primera infancia a hablar con su lengua materna, es decir, traer al mundo el mundo. Y es la diferencia sexual femenina la que tiene la capacidad de ser dos – el más del cuerpo femenino- de por sí dispuesto o abierto a la alteridad porque la alberga y las mujeres somos las depositarias de la lengua materna, porque nacemos con un cuerpo de mujer con su capacidad de ser dos -que no determina a la maternidad- pero allí está, y una clítoris, fuente originaria de nuestro placer – el orgasmo clitórico- al igual que nuestra madre, otra mujer.

Por ejemplo, se logra percibir en el relato de Han y su relación con la madre, la apertura que tuvo para apoyar la transición de su hija y lo hace como un gesto de amor, y luego al  detransicionar la acoge nuevamente, sabiéndolo sin más.

Esta política identitaria ha cobrado una fuerza nunca antes vista, pues precisamente, el final del patriarcado ha precipitado una maquinaria misógina impulsada por lobistas del género que, afín con los intereses políticos del poder homosocial, requiere a toda costa reponer, una y otra vez, su política sexual fálica encasillando la relación de los sexos ahora en una multiplicidad de identidades de género aun cuando, la idea base sobre los roles o estereotipos de género para definir a hombres y mujeres, fueron develados por las mujeres feministas en la década de los setenta del siglo pasado y que, sin embargo, hoy se revitalizan con la oleada posmoderna academicista en rechazo de la libertad femenina que ha descreído del contrato sexual y de la heterosexualidad obligatoria porque, el patriarcado y su miseria, ha caducado en las mentes y en las vidas de muchas mujeres.

Hemos llegado al punto en que, en distintos países del mundo, se han instaurado las políticas que legitiman la existencia de las identidades sexuales, como si efectivamente la diferencia de ser mujer u hombre fuese el problema, por el contrario, la tergiversación consiste precisamente en reducir la diferencia sexual a un mero dato biológico que, mirado desde la miseria masculina, es visto como opresión, dadas las condiciones sociales impuestas por las sociedades patriarcales, que desvaloriza lo femenino y enaltece lo masculino, es decir, la relación jerárquica entre los sexos, sin embargo, la materialidad de los cuerpos existe siempre acompañada de su dimensión simbólica para significarse durante toda la vida, y es justamente lo que la política de la identidad esconde, pues, hace aparecer la diferencia sexual como un cerco para la libertad, la pregunta entonces es ¿qué estamos entendiendo por libertad? Diana Sartori (basada en Arendt) plantea que el ejercicio de la libertad está enraizado a la condición intrínsecamente humana que es el nacimiento y no por una libertad construida que se expresa en el individuo o el sujeto autónomo de la modernidad.  En efecto, ser nacidos y nacidas de mujer, es nuestro principio de libertad dado por nuestra madre. En tanto, la identidad con su tendencia a cerrarse, pues evita la apertura a lo otro, a lo nuevo suele quedar atada a categorías estancas que definen o delimitan lo “que se es”, un expresarse y representarse, algo muy propio de la política de la identidad. En cambio “quien se es”, escapa al dominio o a la representación, porque se corresponde con un orden no coactivo o principio ordenador materno que está siempre abierto porque es irreducible, pues quien se es, parte de sí, de la propia experiencia

En consecuencia, el debate que gira en torno a las  identidades tiene un trasfondo misógino promovido por el gran lobby trans que consiste en borrar a las mujeres y sus experiencias libres para ser, vivir y amar. Además de lo que ya ha dicho Ana, sobre el gran mercado que enriquece a conglomerados farmacéuticos y otros capitales globales, como es la industria médico/psiquiátrica que certifica con su saber científico la ejecución de procedimientos hormonales y quirúrgicos, etc.

Hoy que las políticas de la identidad, apoyadas por lOs feminismOs han iniciado una campaña mundial para borrar y eliminar el origen materno  y la libertad femenina, Por ejemplo, que no se diga que somos nacidas y nacidos de mujer, que no se diga leche materna, un gran NO que se vale de la fuerza de la ley para querer callarnos y obligarnos a dar el consentimiento femenino a la identidad. Sin embargo, libertad femenina es relacional y está por encima de la ley, porque es el lugar de la existencia simbólica (Lia Cigarini), es decir, afirmase mujer, sin miseria, sin jaulas patriarcales.

Una segunda cuestión es cómo influye la cancelación del amor entre mujeres o la existencia lesbiana como una experiencia visible y socialmente aceptada. Sobre este punto me quiero detener, pues, el amor entre mujeres es una de las formas más reconocibles de cómo funciona la  institución política de la heterosexualidad obligatoria y Rich nos la ha presentado de forma magistral en los años ochenta, al develar su carácter impositivo, que consiste en colocar el placer sexual masculino como “la sexualidad”, que, legitimada por la ley y otras instituciones dotadas de poder social, la sitúan como eje de la política sexual, mediando, de esta forma, las relaciones entre los sexos, por tanto, la reviste de obligatoriedad. En efecto, el concepto heterosexualidad obligatoria, sirve justamente para reconocer cómo se han intervenido los vínculos de amor entre mujeres.

Esta obligatoriedad de la heterosexualidad ha sido nefasta pues ha implicado que muchas mujeres se han subsumido en una “doble vida” como estrategia de sobrevivencia, o en el caso de Han y Ariel, encuentren refugio en la identidad trans, dada la ausencia de referencias positivas y visibles de amor entre mujeres en el imaginario social y cultural, esto también debido a su silenciamiento y persecución, y justamente, la teoría masculina psicoanalítica, una de las más misóginas ha estigmatizado a la mujer que no desea el coito, etiquetándola como “ desviada”, “frígida”, “histérica” o “envidiosa del pene”. De ahí a que también la transexualidad se presente como una alternativa viable a los ojos de las niñas y mujeres que aman a las mujeres.

Considero que también sobre la identidad lesbiana hay que estar atentas, por la implicancia que tiene colocar la sexualidad como lugar de enunciación, es decir, qué se es, pues corremos el riesgo de retornar de alguna forma, a lo identitario,  por ejemplo, al decir, “feministas heterosexuales y lesbianas”, haciendo de esta identificación una postura política, invitando al mismo tiempo a un partir de sí, iniciado desde la idea de una sexualidad lesbiana que, a la larga, hace la operación de ir sustituyendo la diferencia sexual femenina y su infinito propio para significarse libremente.

Por último y, a modo de cierre, quiero mencionar que el proyecto Detransición, que en la actualidad no está visible, pues recibieron muchas amenazas y violencias por redes. Sin embargo, su palabra y experiencia ya está puesta en el mundo, haciendo simbólico. Ellas, Ariel y Han, hacen simplemente una invitación a la alteridad, “Detransicionar es ser una mujer libre” dice Ariel, y nos abre paso a la interrogación. Para darle sentido he tomado una idea de Clara Jourdan (ella hablando de la maternidad subrogada) que dice:  “si esta realidad que es percibida por muchas como de riesgo o peligrosa, requiere de ser interrogada”  poniendo el acento en las mediaciones femeninas como necesarias para que “no vaya entrando en el sentido común la cancelación de la libertad femenina y de la diferencia sexual” a lo que agrego -con la normalización de las identidades de género o la identidad trans-  sobre todo hoy en que una parte no menor de mujeres está cediendo simbólico para afianzar estas políticas.

(1) http://autonomiafeminista.cl/entrevista-a-detransicionchile/

Carta para Ana Mañeru, Capi Corrales

Carta para Ana Mañeru, Capi Corrales

Madrid, 17 de abril de 2021

Querida Ana,

Desde niña aprendí que todo proyecto, por pequeño que sea, necesita de un buen trípode, tres sólidas patas sobre las que sostenerse. Te escribo esta carta con tres objetivos. El primero agradecerte, el segundo aclarar las ideas y el tercero ayudarme a recordar.

Ana, gracias por darme oportunidad de asistir a la conversación de ayer tarde, organizada por la Editorial Sabina y el colectivo Feministas Lúcidas, sobre la transexualidad. Cuando hace unas semanas mencionaste que iba a tener lugar y me ofreciste participar, mi primera reacción fue de pereza; la manera en que por lo general se viene encarando el tema de la transexualidad no me resulta adecuada ni interesante, y la idea de pasar varias horas escuchando hablar sobre él no me resultaba especialmente atractiva. Saber, sin embargo, que el encuentro giraría en torno a una entrevista en que dos jóvenes mujeres explican su proceso de detransición sexual (el camino de ida y vuelta, por así decirlo, mujer-hombre-mujer al que han sometido su cuerpo), despertó una curiosidad mayor que la pereza, que me llevó a conectarme ayer. La conversación me encantó Ana. Gracias. Se encendieron bombillas que iluminaron rincones y vericuetos de la cuestión que nunca había visto.

También, a través de algunas de las experiencias compartidas pude entender algo —el primero de los puntos que te describo en la segunda página de esta carta— que una vez entendido me resulta tan obvio como imprescindible de tener en cuenta al pensar en el tema; con frecuencia pasamos por alto lo que tenemos más cerca y justo delante de los ojos. Las explicaciones más sencillas son a menudo las más claras y las fuerzas que más nos mueven tienden a ser las menos sofisticadas e intelectuales y a estar directamente relacionadas con el vivir práctico de cada día.

Finalmente, la manera en que algunas mujeres verbalizaron sus experiencias y reflexiones me ayudó a poner en palabras claras, precisas y limpias verdades que yo ya sabía que lo eran pero que no sabía cómo transmitir. Soy activa feminista desde la adolescencia y llevo años reflexionando con amigas y compañeras de camino muchas de las cuestiones que ahora se debaten de una manera más general dentro y fuera del feminismo. Entender algo no siempre conlleva saber explicárselo a otras y ayer yo aprendí a poner en palabras dos o tres ideas tan sencillas y básicas y como importantes para mí.

Resumiendo: ví, entendí y verbalicé. Gracias, Ana, por semejante regalo.

Escribir es una poderosísima herramienta para aclarar nuestras ideas. Y si lo que se busca, como es mi caso hoy, es tanto aclarar las ideas como transmitirlas, no basta con escribir, es necesario escribir de una manera que haga llegar nuestra voz a quienes nos leen. Tengo sesenta y cuatro años y llevo más de cuarenta de ellos dedicada a la investigación y docencia de las matemáticas en un marco universitario, y escribiendo textos científicos, pedagógicos y de divulgación. En estas décadas he aprendido que para comunicar, además de pulir mis palabras necesito mantenerlas vivas. Y la manera que he encontrado de mantener mis palabras vivas es dirigírselas a alguien en concreto, a una persona con nombre y apellidos. «Querida fulanita, querido menganito…» Todos mis textos publicados, incluso los más técnicos, han cobrado forma como cartas. No son fruto de una perorata dirigida desde mi mesa de trabajo a una masa desconocida, sino cartas de tú a tú, a las que una vez terminadas he quitado el encabezado y dado la forma de libro o artículo. En este caso, Ana querida, he decidido no quitar el encabezado y mantener el texto como surgió, una carta dirigida a tí, Ana Mañeru Méndez.

Querida Ana, me gustaría resumirte en mis propias palabras algunas entre las ideas, reflexiones y experiencias que recogí ayer que me brindaron valiosos temas de reflexión, food for thought que se dice en inglés. Te las describiré tal y como yo las escuché y recuerdo, que probablemente no siempre coincidirá con cómo se dijeron ni con la intención con que se dijeron.

Una mujer de unos cincuenta años nos explicó que siempre ha sido gorda y que de adolescente este hecho la había hecho sufrir mucho. «Si en aquel entonces alguien me hubiese ofrecido una pastilla para adelgazar de inmediato la hubiese tomado, sin pararme a considerar el precio o efectos secundarios posibles.» Al escuchar ayer a esta mujer un escalofrío me recorrió la espalda. Estudié el doctorado en una universidad estadounidense en el estado de Michigan, a diez minutos en coche de Flint, uno de los lugares en que Michael Moore rodó su documental Bowling for Columbine. Conozco, con nombres y apellidos, un montón de personas que en su adolescencia hubiesen estado dispuestas a someterse a cualquier tratamiento y pagar cualquier precio para cambiar el color de su piel, su sexo o las facciones de su cara. De hecho, todas nosotras (como todos ellos) hemos estado a disgusto con nuestro cuerpo en algún momento y también en algún momento, si se nos hubiese ofrecido la posibilidad de cambiar, al menos temporalmente, ese cuerpo, la hubiesemos aceptado. Nunca lo había pensado. Nunca. Algo tan obvio y tan esencial en esta cuestión y nunca lo había pensado.

Varias mujeres contaron haber sido lesbianas desde niñas y haber deseado desde niñas ser hombres no porque se sintiesen incómodas en sus cuerpos, sino porque no veían otra manera de desear los cuerpos de otras mujeres que desde el disfraz de hombres.

De hecho, si hoy tuviese quince años, añadió otra mujer y varias cabezas asintieron en un gesto que implícitamente reconocía la experiencia compartida, me sería mucho más fácil pensar en mi misma como hombre trans que como mujer lesbiana.

El mundo es sólo uno y hay dos sexos en él; no quiero renunciar a mi hermano, hijo también de mi madre. Al escuchar a aquella mujer pensé en mi padre, en alguno de mis hermanos, en algunos de mis tíos y primos, en mis amigos. No quiero renunciar a ellos yo tampoco.

No soy lesbiana, dijo otra mujer, pero no estoy dispuesta a establecer una relación desequilibrada y desigual con un hombre.

Se nos intenta manipular intentando convencernos de que ser mujer es un derecho de todo hombre, y que es injusto que aquellos varones que quieran ejercer su derecho a ser mujer no puedan hacerlo; para hacer justicia a estos hombres, se nos explica, las mujeres hemos de sacrificar nuestra libertad. Al oir describir de manera tan clara y concisa la manipulación con que nos bombardean, no pude evitar escuchar la voz del cantante Miguel Bosé en aquel programa de radio en que, años atrás, defendía su derecho a ser padre. Ser padre no es un derecho, como no lo es ser mujer. Ser padre es un deseo. Ser mujer es un dado de nacimiento. O nacemos mujer o no nacemos mujer.

Ana, querida, gracias una vez más. Por favor, no dejes de avisarme del próximo encuentro. Un beso grande, Capi

Capi Corrales Rodrigáñez
Departamento de Álgebra, Geometría y Topología Facultad de Matemáticas
Universidad Complutense de Madrid

Presentación del Encuentro-conversación, Ana Mañeru

Presentación del Encuentro-conversación, Ana Mañeru

Presentación del Encuentro-conversación con Jessica Gamboa Valdés sobre Detransición.
Sabina editorial y Feministas Lúcidas.

Sábado 17 abril 2021, a las 13 h. En Chile y a las 19 h en España.

Buenas tardes desde Madrid, España, mi nombre es Ana Mañeru Méndez y con Carmen Oliart Delgado de Torres soy parte de Sabina editorial, una empresa de palabras y libros que nos da felicidad a las dos y a las lectoras y lectores que nos apoyan.

Conocimos a Andrea Franulic Depix, a Jessica Gamboa Valdés y a las Feministas Lúcidas de Chile, primero porque Eva Sánchez Hernández, de la que nos fiamos, nos habló muy bien de ellas y acertó;  después a través de encuentros que hemos tenido desde hace un año a través de Zoom, de correos, de whataspps, de video-llamadas y de intercambios de libros que nos interesan.

¿Por qué estoy aquí hoy? Porque me empuja el deseo de hacer política juntas y el placer de conocernos más y de contarnos lo que pensamos y vivimos. Comparto con las Lúcidas el  feminismo radical de la diferencia, no como una etiqueta fija, sino como la manera que he elegido para irme transformando con otras cada día en el sentido que quiero que se transforme el mundo: más femenino y feminista, y más verdadero, bueno, bello y acogedor.

Todo esto implica reconocer y valorar el origen femenino y materno de todas las criaturas humanas, con sus cuerpos sexuados que deben ser acogidos y cuidados en lo que necesiten y no confundidos y destruidos por motivos económicos. Me orienta en este camino el confiar en la potencia del deseo femenino libre que se encarna en cada mujer, el agradecer cada mañana la vida y la palabra recibidas de mi madre y el reconocer nuestra genealogía femenina común. Las Lúcidas y las Sabinas nos hemos encontrado a gusto intercambiando palabras y afinidades durante este año. Cuando aparezcan discrepancias me gustaría que aprendiéramos también a ponerles palabra. Haciendo que cada conflicto sea político, creativo, no mudo ni de confrontación, es decir, destructivo.

Por el mundo entero rondan muchas pandemias, todas nos conciernen y todas pesan especialmente sobre las mujeres. Siento que a cada una nos toca hacernos cargo de lo poquito que esté en nuestra mano, como ya escribió Santa Teresa de Jesús. No se trata de que yo arregle el mundo, sino de que ponga amor en lo que me sienta capaz de aportar algo, por pequeño que parezca. Ningún gesto de amor al mundo es insignificante. Amar siempre es trascendente. Y de esto trata la vida, algo que por el momento hacemos más y mejor las mujeres, esperando que ellos también aprendan.

No es fácil sin embargo, porque se cuela la violencia de todos los llamados “pecados capitales” que cada mujer, cada hombre, cada ser humano, tenemos en peculiar proporción, pero donde se repite un patrón recurrente: demasiados hombres siguen siendo muy violentos contra las mujeres.

Me gusta hablar sobre cosas que me preocupan  en el presente, porque hablar es hacer política. Y ahora me preocupa lo que llamo una “corriente de influencia mundial”, por su poder económico globalizado, que dice defender y proteger la transexualidad para evitar el sufrimiento y la inadecuación de quienes se sienten en un cuerpo que les resulta ajeno.

Espero que juntas vayamos descubriendo el quién, el cómo y el porqué de lo que está detrás de esta “corriente de influencia”

Desde esta corriente se acusa genéricamente a la sociedad por imponer determinados modelos femeninos y masculinos que son construcciones culturales ligadas al sexo biológico de cada ser humano, pero nada se dice de los nuevos modelos, también culturales, que promueven el rechazo o negación del sexo biológico femenino o masculino con el que nace cada cuerpo humano y la construcción de múltiples “identidades de género”, que mezclan de manera muy confusa, sexo, género, expresiones del cuerpo y de la sexualidad, opciones de relación sexual, derechos que se superponen a los hechos para negarlos, etc. Identidades que pretenden desplazar o relativizar, tanto en el orden simbólico – sobre todo en la lengua – como en el social – sobre todo en las leyes – el hecho incuestionable de que todas las criaturas humanas nacemos de mujer y que las hijas nacemos con el mismo sexo que nuestras madres. Para conseguir que esto se vuelva  confuso se apela a la libertad individualista, no relacional y sin límites, por la que cada cual pueda ser lo que decida en cada momento, incluido el ser nada. Y se ofrecen soluciones de consumo capitalista, no cambios del orden simbólico y social que transfomen en lo profundo las relaciones.

He percibido que la hija de una amiga, una adolescente con mucho talento y criada con dos madres feministas muy valiosas, piensa que las feministas como yo y otras amigas de sus madres no somos sensibles al sufrimiento y al sentimiento de inadecuación que prolifera hoy entre las chicas y chicos de su edad. Lo noto por el enfado que muestra cuando nos oye hablar. Me gustaría decirle que sí somos sensibles a casi todo, pero que no estamos de acuerdo con estos coletazos del final del patriarcado. Ni con sus disfraces para no perder el dominio ni con sus distintos rostros, que ahora se muestran caritativos y solidarios… siempre a condición de hacer desaparecer a las mujeres. ¡Qué obsesión histórica! (afortunadamente lo histórico, mal que les pese a muchos, empieza y termina, no es eterno, y el patriarcado ha llegado a su final porque la libertad femenina y la política de las mujeres lo han conseguido. Lo que queda, todavía muy violento, son esos coletazos de los que hablaba antes).

En toda esta operación de querer permanecer del patriarcado hay mucha violencia y por tanto sufrimiento y cómo evitarlo es el punto que me  impulsa a hablar, no para polemizar que siempre me parece inútil, sino para preguntarme, preguntar y entender para transformarme y transformar.

La solución que se ofrece desde esto que llamo “corriente” desprecia la obra materna de la vida, encarnada en los cuerpos sexuados y con palabra, y está aliada con la mercantilización de la salud. Propone acciones para deshacerse de partes del cuerpo y de procesos vitales que produzcan malestar, en resumen propone transitar a otro cuerpo modificando a cualquier precio el propio como respuesta a las demandas que lo desasosiegan. Nada dicen de las nuevas demandas que se generan en los cuerpos así intervenidos, muchas de ellas peligrosas y adictivas, como lo son muchas cirugías pretendidamente estéticas que crean dependencias tristes y dolorosas.

La promesa de libertad y felicidad, que vuela por las redes, y que se asegura previo pago de costosos y arriesgados tratamientos, llega a gente cada vez más joven y desorientada por el difícil mundo de la falsificación en el que han nacido. La promesa es que se sentirán mejor, porque eligiendo el camino de la medicalización y la cirugía encontrarán su libertad. Pero donde hay engaño y una presión social como la que estamos viviendo pienso que no hay elección.

La raíz de esa presión consiste en convencerte de que el malestar de que tu cuerpo no encuentre acomodo en tu vida podrás cambiarlo sin límites hasta conseguirlo, como si esto fuera posible y deseable. Y de que eres tú quien  tiene la llave para buscar soluciones individuales que, paradójicamente, te harán sentirte original renunciando a tu origen. Pero el malestar proviene del desorden postpatriarcal, neoliberal y neocapitalista en que vivimos, que lo ha generado antes desde fuera de ti (y lo mantendrá igual después del tratamiento). Un desorden que no tiene solución en el mercado sino en crear y mantener las condiciones para una convivencia en la que podamos habitarnos con verdadera libertad. Habitarnos en paz y con felicidad en los cuerpos recibidos y cuidados como requiera cada caso, como los cuidan las madres o quienes estén en su lugar para hacernos viables en la infancia.

La elección de rechazar o minusvalorar el cuerpo que tienes y/o mutilarlo, para adaptarte a un nuevo canon que cubra una pluralidad infinita de identidades construidas, a mi modo de ver no es una elección libre sino inducida y en ella te juegas la vida consumiendo tratamientos dañinos y con frecuencia irreversibles. Sé que decir esto no queda moderno, no triunfa en las redes, pero lo veo y lo digo con la libertad de quien no gana fama ni poder ni dinero con ello, ese dinero que aspira a ser la medida de todo en el mundo actual, aunque afortunadamente no lo consiga siempre. Lo digo con la libertad de quien quiere entender y convivir en paz, no dominar.

En medio de la confusión y el comercio salvaje, sí que veo, y me duele, el sufrimiento, desconcierto y confusión causados por intereses económicos incalculables, pero causados sobre todo por las viejas luchas de poder para controlar el cuerpo femenino y sus frutos, para controlar el planeta y el más allá y para controlar todo lo imprescindible para una vida buena. Por esto hablo porque no quiero dar por buena la que se ofrece como tal y me parece nefasta.

Faltan palabras y debates para entender y sobran combates organizados por quienes gustan de hacer siempre dos bandos, en este caso en pro y en contra de la llamada libertad de autodeterminarse y de transitar. Hay prisa en clasificar a una parte de la sociedad como transfóbica y excluyente,  adornada de todos los males sin mezcla de bien alguno, y transfílica e incluyente, adornada de todos los bienes sin mezcla de mal alguno. Así nacen y se hacen las guerras. Las guerras interesan siempre al poder que se ejerce con violencia en muy distintos niveles, como sabemos bien las feministas que no cedemos ante esa primera violencia que muchos hombres ejercen sobre las mujeres en el mundo entero, raíz de todas las demás violencias.

Yo no cedo porque me sostienen el amor a la libertad femenina, la política de las mujeres y la relación, especialmente con las amigas del Grupo de Lectoras “Emilyanas”,  de la Comunidad Femenina Libre “Pocas pero bastantes” y de Sabina editorial. Ahora también, como un regalo inesperado, con “Las Feministas Lúcidas”.

Por todo esto, después de conocer a Jessica Gamboa Valdés y a Andrea Franulic Depix y de seguir publicando con Carmen Oliart Delgado de Torres en Sabina editorial libros necesarios para leer el mundo, lo que se me ocurre hacer es seguir hablando, esta forma preciosa de hacer política. Por eso me ha interesado propiciar este encuentro-conversación, sin otro fin que hablar y seguir hablando todo lo que haga falta, para desvelar, nombrar, compartir, entender. Para amar el mundo una y otra vez sin desesperar.

Presentación de Jeka.

Jessica Gamboa Valdés. Hija de Cecilia y nieta de Zoila, la mayor de dos hermanas y un hermano. Se dedica a la docencia universitaria en la carrera de trabajo social. Actualmente es alumna del máster de estudios de la diferencia sexual de DUODA. 

Se formó en el Feminismo Radical de la Diferencia con Andrea Franulic, y juntas el año 2014 emprendieron la aventura de difundir y estudiar la genealogía del pensamiento libre de las mujeres a través de un club de lecturas, espacio que, junto a otras, llamaron Feministas Lúcidas, al que  reconoce ser su escuela de la política, la política de la relación, la política de las mujeres.

También colabora desde el año 2016 con la página web de Autonomía Feminista, un espacio fundado por Sandra Lidid y Kira Maldonado, feministas autónomas chilenas de los años 90, donde también comparte actuancia con Andrea.