Categorías
Escritos de Feministas Lúcidas

Un Viaje hacia la Radicalidad. Mi experiencia de lectura de la Segunda Galaxia Espiral. Andrea Franulic Depix

El rugido de Tigresa intergaláctica de Mary Daly me llega como oleadas de Gran Viento a mis oídos, trayéndome revelaciones de lo Profundo femenino, medida del Mundo. Interpela mi presente, equidistante al suyo, en el sentido Espiral del Tiempo. Atravesamos juntas, rugiendo, la Segunda Galaxia de su Viaje Deslumbrante (1); ella, a principios de los años setenta; yo, a finales de 2022. Cuando una mujer -Comadre y no secuaz- ruge, dice la verdad salvajemente. Rugir en femenino es decir la verdad salvajemente.
En la Segunda Galaxia, esta verdad emerge desde lo Profundo femenino gracias a Momentos de Ruptura y Re-Invocación para Re-Convocar los Recuerdos Originarios. El Viaje que toda mujer que se identifica con las mujeres realiza, implica Momentos de Ruptura con las falsedades patriarcales, sedimentadas en sus doctrinas, ideologías, discursos e instituciones. Consiste en Des-cubrir que quedarnos “metidas dentro” es una contradicción que terminará por asimilarnos, suprimirnos y eliminarnos. En la Primera Galaxia, Mary Daly piensa que es posible reformar la Iglesia a favor de las mujeres, y escribe “La iglesia y el segundo sexo”. Ahora, en la Segunda, se da cuenta de que esta idea es tremendamente moderada e igualitarista, una propuesta fagocitadora para nosotras, como todo lo reformista, como todas aquellas ideas feministas que intentan “mejorar” el sistema desde dentro.
¿Qué puedes mejorar de una estructura que en sí misma constituye la negación de la palabra de las Mujeres Salvajes? Solo es posible ir más allá, donde nos encontramos las Comadres hermanas, hermanadas en un rugido polifónico y polirrítmico; solo es posible situarnos en los Límites, para estar al acecho de las trampas mortales y demoníacas de los patriarcas misóginos y, al mismo tiempo, Re-Invocar nuestro Pasado Profundo. La iglesia solo puede contener mentiras, porque el padre, el hijo y el espíritu santo constituyen la usurpación e inversión de la Trinidad femenina, la eliminación de la relación nuclear de la madre y la hija.
Mary Daly, en la Segunda Galaxia, rechaza el destino de transformarse en una mujer-cuota de la iglesia y de la academencia, se lanza de lleno a la Piratería para Contrabandear los Tesoros que nos pertenecen a las mujeres, y esquiva los falsos dilemas que le colocan en su camino los patriarcas para dejarla atrapada como feminista de pacotilla. Para esto último, inventa la Tercera Opción Trascendental, aquella que supera el dilema “mirándolo de frente, atravesando los velos del engaño, Nombrando el juego”. De esta manera, sube al púlpito en la iglesia de Harvard a dar un sermón sobre el Éxodo que es un anti-sermón, y va sostenida por sus amigas Comadres, las Tigresas; escribe una introducción para la nueva edición de La iglesia y el segundo sexo que titula “Introducción feminista post-cristiana”; dicta, en los Límites de la academencia, cursos de feminismo radical en diferentes asignaturas, cada vez más repletas de alumnas. Todas estas acciones nacen de invitaciones de los patriarcas con la finalidad de asimilarla como mujer-cuota, sin embargo, rehuírlas implica caer en un auto-borrado/eliminación/silenciamiento. Entonces, decidió estar en cada una de estas instancias, encontrando una Tercera Opción Trascendental, que ahora yo solo enuncio, pero ella describe con viveza, color y detalle en los pasajes de esta Galaxia.

Son los años en que el Movimiento de Mujeres se revela con toda su potencia y Ginergía, la Hermandad de las mujeres que se identifican con las mujeres se siente en todas partes, se huele en el aire, se refleja en las auras de todas, se saborea en las palabras, ilumina las miradas con su brillo característico y eriza los poros de la piel, superando con creces el letargo mortal del Momento anterior, producido por la afasia, amnesia y apraxia impuestas por la falocracia, trayendo consigo la Promesa Incumplida y Rota para las mujeres que entraron a la universidad en los años cincuenta. Ya sabemos que, de este incumplimiento, Mary Daly intuitivamente se zafó, guiándose por las Mareas de su Mar Subliminal.
El amor entre mujeres, la ‘existencia lesbiana’, se asoma en esta Galaxia encarnada en la relación con su amiga, con quien compartirá amorosamente durante dos años, pero es en la Tercera donde se hilará de manera firme, creativa y deliciosamente sensual: el Tabú Terrible, el Tabú Total. La amistad de Adrienne Rich, a quien conoce en estos años, que abarcan de 1971 a 1974, aparece todavía como un pendiente que, me imagino, tendrá su desarrollo después. La conmueve mucho una de sus poesías. También Rich está en su propio Viaje, creo que, en su caso, hacia la ‘lengua común de las mujeres’ y hacia el ‘continuum lésbico’.

Si la Primera Galaxia Espiral está marcada por la publicación de La iglesia y el segundo sexo, la Segunda lo está por Más allá de Dios Padre. En este salen a la luz varios mecanismos u operaciones que los eliminadores malignos estratégicamente perpetran para apagar nuestra llama interior y hundir en el olvido lo profundo de nuestra verdad radical, nuestra potencia femenina, energía creadora infinita. En sus libros al acecho, la autora devela estos mecanismos con riguroso esmero académico, conocedora como es de la teoría patriarcal teológica y filosófica, dejando al descubierto las absurdas abstracciones del raciocinio masculino y sus engaños contra nosotras, y esquivando la metodolatría de la academencia. También metaforiza en femenino los nombres que necesitamos para hacer emerger la realidad y tocarla. Creo que esta lectura de Ex/Órbita nos permite, como lectoras intuitivas y salvajes, familiarizarnos con estos nombres metaforizados y recuperados desde el significado original de las palabras, su étimo, descomponiendo los prefijos necesarios con guiones elocuentes y sintiendo la sustancia táctil de sus raíces, que nos hace Re-Membrar el origen del sentido primario, elemental y natural de la Lengua Materna: transfiguración que se hace visible en su Brujedario.
Es tal la fragmentación que de nuestras vidas han hecho los eliminadores, que necesitamos todas las conexiones necesarias para salir de la confusión, contradicción, ignorancia y desorden simbólico. A Daly le interesa hacer estas conexiones y las voces de las mujeres autoidentificadas como mujeres le llegan del pasado y el futuro para decirle que siga escribiendo. Hay un pasaje especialmente emotivo que me gustaría leerles, está al final de la página 250 y dice así:

Todas esas mujeres estaban en esa habitación conmigo en ese momento, y todavía están conmigo Ahora. Decían, están diciendo: “Presta atención a esto. Es muy importante que lo entiendas. Ayúdanos a entender. Analiza esto. Dilo. Rabia. Llora. Ríe. Crea un lenguaje para expresar lo que esto significa. Muestra las conexiones. Haznos ver las conexiones. Todas hemos estado aquí. En las mesas de reuniones. En las mesas de comedor. A Nosotras, que somos tan capaces, nos llaman ‘incapaces’. Pon tus propias cartas sobre la mesa. No estás sola. Nunca estarás sola. Estamos contigo. Somos tú. Siempre estaremos contigo. Incluso cuando no entendamos, o cuando tú no entiendas, estamos contigo. Escribe. Por favor, sigue escribiendo”. Y así lo hice, desde luego. Por supuesto que lo hice.

Sin desmerecer nada de su obra Más allá de Dios Padre, Daly reconoce que se le ha quedado sin enlazar una importante conexión, en la que repara una vez que el libro ha sido publicado. ¿Por qué hablar de Dios si es la Diosa? Dios y Padre son una misma conjunción que usurpa e Invierte a la Diosa y a la Madre, que son antes y contiguas, porque las sociedades pre-patriarcales nunca han sucumbido, se han perdido en el Olvido del primer plano superficial de los padres, pero, en lo Profundo, siempre han estado aquí y en cada una de nosotras.
¿Cómo no lo he notado?, se pregunta Mary Daly a principios de los años setenta, además de reparar en otras operaciones inclusivas del lenguaje y, por lo mismo, tramposas y falsas. Yo me pregunto también, cómo algunas feministas, en estos Momentos Espirales que vivimos, siguen diciendo Dios. Y es en este mismo movimiento reflexivo que la autora cuestiona la palabra humano, porque esta es igual a hombre. El Viaje acá me ha remecido en mi presente, es cuando le he estrechado la mano fuertemente en este punto equidistante de la Espiral del Tiempo de mi lectura, pues el término ‘lenguaje inclusivo’, que se escucha en los espacios academentes de hoy, en los que me muevo a diario, me ha parecido siempre una trampa mortal de los eliminadores demoníacos… ahora lo digo con estas palabras.
No solo se trata de morfemas de género gramatical, sino de palabras que, en sí mismas, son inclusivas, o pretendida y falsamente neutras, como algunas que Mary menciona: dios, androginia, homosexualidad y, como he dicho, humano. Podríamos sumar más a la lista, por ejemplo, género o expresiones como “violencia de género”, etc. Respecto de la palabra humano, he pensado en mi amiga Adriana Alonso Sámano, quien ha desechado esta palabra y ha planteado que somos Criaturas Maternas (2). Me llena de sentido. Ella que pasó por el humanismo, yo que enseño en humanidades, sabemos cuán androcráticos y androcéntricos son estos espacios. Entonces, la Diosa y no dios, Criaturas Maternas y no humanas.
Vamos tejiendo los hilos originarios al recuperar la Lengua Materna que dice la verdad, porque no separa las palabras de la realidad; la madre, o quien por ella, enseña dicha correspondencia desde que habitamos su tibia y resguardada matriz. Además, Criaturas Maternas nos aúna, en una misma danza intergaláctica, con las otras especies y con la naturaleza toda. La depredación de todo lo vivo que ha hecho el patriarcado necrofílico será una preocupación política y radical de Mary Daly que, en la Segunda Galaxia, se atisba, en especial por su ida a Richland, una “ciudad patológicamente pro-nuclear” donde la gente vive en un “espacio-tiempo muerto”, no obstante, esta preocupación tendrá su fuerte desarrollo en Momentos Espirales posteriores.
Criaturas Maternas nos hermana a todas las especies, sobre todo a las mamíferas, que maman de las mamas, y que se comunican a través de la empatía, como nosotras con la madre, o con quien esté en su lugar, en nuestros primerísimos meses de vida. La empatía fue el método de conocimiento que usaron las Brujas, método guiado por la diosa Hera y no por el dios Hermes, usurpador de los caminos, y que Edith Stein en 1916 le dedica su tesis doctoral, definiendo la empatía como una cualidad relacional de toda criatura viviente (3). Como en la naturaleza existe la riqueza de la disparidad, podemos decir que convivimos en el planeta las Criaturas Maternas Elementales, usando palabras de Adriana y Mary, y nosotras (os), sin dejar de ser Elementales, las Criaturas Maternas Simbólicas, uniendo palabras de Adriana y Luisa, Luisa Muraro. Pues la diferencia sexual, en nuestra especie, es cuerpo y lengua juntas, biología y semiología indisolubles, confluencia de naturaleza y cultura, cuya depositaria y continuadora es la diferencia femenina. Criaturas Maternas en femenino: hembras y Fembras. Nosotras, Ser-Siendo Fembras. Etimológicamente, ‘femenina/o, feminidad’ derivan de ‘hembra’, asimismo, la h fue antes f en la historia del español (4).
Para ir cerrando, leo el pasaje sobre lenguaje inclusivo y el pseudogenérico que tanto me removió, está en la página 235 y dice así:

De hecho, estas tres palabras, androginia, Dios y homosexualidad, son todas falsamente inclusivas y todas infravaloran la Realidad/Realeza Femenina. Todas ellas funcionan para asimilar, disminuir y sacrificar el Yo de las mujeres en aras de algo que se imagina más universal, o más grande o mejor. Todas subestiman y omiten la Fuerza, Originalidad, el Poder Creativo, el Orgullo Femenino. Todas ellas sirven para engullir el ser-siendo de las mujeres en un sistema falocrático de lenguaje, pensamiento y comportamiento.

Te estrecho la mano, Mary, en este Viaje Espiral, guiadas por el Gran Viento y el rugido de tu Voz de Tigresa, mientras en un aula universitaria cualquiera, entrando ya el año 2023, en este territorio llamado Chile, una profesora cualquiera deja caer pesados, abrumadores y aturdidores ladrillos de su boca, falseando su Ser-Hablando con el uso del lenguaje inclusivo en su versión pseudogenérica, anulándose a sí misma. Adoptando el sentido del humor masculino, falsifica su Ser-Riendo, escindida en abstracciones absurdas, en el desorden simbólico que es la locura femenina, actuando de mala fe y convirtiendo el aula en un espacio academente, a vista y paciencia de alumnas y alumnos, que creen que hablar así no está del todo tan mal, total, los géneros gramaticales son un mero accidente de un lenguaje arbitrario y desmotivado, como les enseñó la patriarcal ciencia lingüística.
Tras este uso eliminador de la diferencia femenina se despliega una serie de conocimientos mentirosos, que fragmentan cuerpo y palabra, cuerpo y mente, cuerpo y alma, naturaleza y cultura, privado y público, pasivo y activo, animal y humano, y femenino y masculino, estos últimos proyectados como atributos con vida propia que vuelan por el éter (5), duplicación que subyace al término androginia y al uso del lenguaje inclusivo pseudogenérico. Se despliega un sinfín de conocimientos falsificadores de la experiencia femenina, de nuestras genealogías, de la autoridad materna y su obra, mediante las dicotomías propias del pensamiento patriarcal, de la ley del padre, de la racionalidad griega, inclusiva, edulcorado todo de profesionalismo y progresismo: educación sin relación, sin alma, sin sangre en las venas, sin autenticidad. Son las clases academentes y metodocráticas, clases en el Primer Plano Superficial de los Padres, naturalizadas: no se ven, no se cuestionan, se aceptan sin chistar y pueden ocasionar la muerte en vida de las jóvenes y los jóvenes.
No hay versión del lenguaje inclusivo que nos sirva, Mary, el concepto mismo está inundado de violencia hermenéutica. Ni siquiera nombrar el morfema A, con o sin el morfema O, si es un nombrar que se queda en la superficie lingüística o que intenta la engañosa igualdad; ni nombrar el morfema E para incluirnos a todEs, pues nos vuelve a eliminar a las Fembras; ni nombrar O, A y E, que confunde diferencia sexual de lo profundo, con identidad de género de lo superficial; identidad que usurpa, invierte e imita; borra, elimina y silencia. Yo te estrecho la mano, equidistantes en nuestros presentes, cuando enseño en mi aula, libre de academencia, un aula creativa y creadora, sexuada en femenino, cuando traigo los hilos de oro del Pasado Profundo, matrilineales, de la Lengua Materna, y mis alumnas y alumnos se regocijan con todos los Tesoros que les llevo, que he Contrabandeado, como profesora Pirata, Salvaje y rugiente.

Santiago de Chile, primavera de 2022.

(1) Mary Daly, Ex/Órbita. Un Viaje Deslumbrante. Traducción al castellano de Carmen Martín Rojas. Publicado por Sabina Editorial (Ana Mañeru Méndez y Carmen Oliart), Madrid, 2022.
Este texto lo he escrito en el marco de las conversaciones organizadas por Sabina Editorial y Feministas Lúcidas en torno a las cuatro galaxias en que se divide este libro de Mary Daly.

(2) Ver su texto Nacer y seguir naciendo de Ella. La Esfera infinita en la Tierra, en el n°62 de la Revista Duoda, 2022.

(3) Las referencias a las Brujas, a Hera y Hermes y a Edith Stein provienen de diferentes textos que he leído de María-Milagros Rivera Garretas. De Hermes usurpador, la autora también deriva el concepto de ‘violencia hermenéutica universitaria’.

(4) Adriana me trajo y me hizo recordar este cambio fonológico en nuestra lengua, luego que me hiciera un comentario, lleno de augere, sobre mi participación en una conversación a la que me invitó Marisol Torres en el contexto de un ciclo de conversaciones que tituló Las Palabras que Adivinan. Yo hablé allí de la etimología de la palabra ‘feminidad’.

(5) Para esta idea de lo femenino y lo masculino como atributos, ver María-Milagros Rivera Garretas, El amor es el signo. Educar como educan las madres, Sabina Editorial, Madrid, 2012.

Categorías
Escritos de Feministas Lúcidas

El cuidado como una práctica amorosa que sostiene el mundo , Pía Cajas Maureira

El presente escrito, es un intento de indagar sobre la importancia del cuidado cariñoso de las niñas y los niños y la relevancia que este tiene para una sociedad. Propone como un punto importante, la despatriarcalización de este, desde el punto de vista del realce del cuidado, como un acto amoroso que sostiene el mundo, que acompaña el cambio civilizatorio, tan necesario en estos tiempos.

Hoy en día, vivimos en una sociedad de muchas transformaciones, una sociedad que exige poner el amor al centro y relevar la importancia del cuidado, que históricamente ha sido femenino, es la clave para transformar la visión antigua y patriarcal de este, donde era visto como secundario, sin valor y menos importante que otras labores.

Entendiendo el cuidado como vital, nos abrimos a la posibilidad de restablecer su valor, más allá de lo monetario, un valor simbólico que posicione esta labor civilizatoria como una tarea que ha sostenido el mundo.

Niños y niñas desde su nacimiento son seres con la capacidad de relacionarse socialmente, esta se desarrollará si sus cuidadores están disponibles para esto. El bebé necesita de cuidados para sobrevivir y desarrollarse, pero no puede hacerlo por sí mismo. Diversos estudios han demostrado que un niño o niña, no solo requiere de alimento y abrigo, sino que además requiere de experiencias afectivas. Los vínculos afectivos son tan importantes como la nutrición y el cuidado de la salud, un entorno cariñoso promueve aprendizajes, y bienestar integral para niños y niñas, quienes necesitan amor y necesitan jugar, con compañeros y compañeras simbólicas que acompañen su juego. Jugar viene del latín “Iocari” que significa hacer algo con alegría, y hacer algo con alegría supone sonreír.

 “La madre, al sonreír, le enseña al niño que mirar el mundo vale la pena. La continua y reiterada aparición del rostro sonriente en el campo visual del niño, va construyendo el deseo de mirar rostros. Si la sonrisa se instala como marca del rostro, la seriedad es leída como una “no-sonrisa” que potencia aún más el rostro sonriente, como un augurio de alegría.

La sonrisa, entonces, es vivida como una serena confluencia de miradas, como un acuerdo gestual que oficia de espejo de dos caras.
La sonrisa invita a mirar, hace de la boca un arco iris que irradia su luz al resto de la cara. La risa, en cambio, nos acerca a la pasión, a la convulsiva y estallante luminosidad. La sonrisa ilumina por irradiación, la risa por explosión. Su ejemplo es la carcajada, que irrumpe para luego desaparecer bruscamente.
Para gozar de la risa es necesario ser introducido con anterioridad en la sonrisa. Es ella la que nos acerca, pausadamente, a la pasión de la risa. Si el niño recibiera sólo risas, si careciera del camino que abre la sonrisa, se asustaría, perdería referencias, sería espectador pasivo de una escena extraña e incomprensible. Sonreír abre las puertas”. (Daniel Calmels, 2018).[1]

En relación a lo anterior, entendemos que niños y niñas requieren un cuidado cariñoso y sensible a sus requerimientos, no solo alimentos, higiene y abrigo, sino que también juego, sonrisas, amor y contención.

Históricamente esta persona ha sido mayoritariamente una mujer, la madre, abuela, alguna tía e incluso personas ajenas a la familia, también mujeres, sin embargo, corrientes feministas o algunas propuestas de las nuevas masculinidades, proponen la necesidad de “desfemenizar” el cuidado, debido a la escasa participación de hombres estas labores y al enfoque de las políticas públicas hacia la díada madre-hijo o hija, sin embargo, observo como necesario replantearnos este concepto y apuntar más hacia una “despatriarcalización” del cuidado, dado que, en lo concreto, si sacamos a las mujeres de las labores de cuidado, ¿quién cuidaría entonces?, ¿lo harán los hombres, así sin más? ¿por qué los hombres hasta ahora no se han hecho parte del cuidado?, pienso que la reflexión es mucho más profunda.

Despatriarcalizar el cuidado, hace referencia a la importancia de otorgar el valor que el cuidado significa, un valor que difícilmente puede ser remunerado con justicia, puesto que quienes cuidan dejan su vida en ello. Cuando hablo de dar valor, me refiero más a un valor simbólico, un valor simbólico que la sociedad entera debería reconocer en este acto tan valioso y generosos de sostener el mundo, pues cuidar es eso, es sostener, es educar, es proteger y guiar, significa una práctica que tiene que ver con la transmisión de conocimientos, de afectos, de tradiciones y costumbres, y que influyen en la psiquis de ese niño o esa niña que es cuidado o cuidada, y por supuesto en las relaciones que establecerán en el futuro, tanto con otras y otros, como con su entorno y consigo misma o consigo mismo.

“El descubrimiento de la libertad femenina es en una mujer, (y a veces en un hombre) una experiencia de despertar: despertar del sueño de la modernidad y, también, del sueño de su agonía, la postmodernidad. La modernidad y la postmodernidad se han esforzado mucho por inculcarnos a las mujeres una idea patriarcal de libertad: la libertad individual o individualista, libertad que en el mundo se mide en términos de progreso ininterrumpido y de expansión sin límites, con o sin sentido. La terquedad del esfuerzo ha adormecido lo femenino libre, alienando de sí a muchas mujeres al olvidar o perder el sentido relacional de la libertad, no individualista” [2] 

Observamos en esta cita que existe una falsa idea de libertad, individualista y depredadora, que sitúa a la mujer y también al hombre, en lo que la autora denomina una agonía. Contrario a esto, se presenta un sentido relacional de la libertad, no individualista, haciendo referencia al término “estar en relación”, y estar en relación supone un intercambio con otras y otros, una danza de dar y recibir, las mujeres hemos entendido esto y por eso somos quienes ofrecemos al otro o la otra, nuestro amor, cariño y contención, un acto de servicio que está fuera de la lógica patriarcal, o del intercambio neoliberal, donde pago por un servicio y exijo recibirlo, pues ni todo el oro el mundo podría pagar por un cuidado incondicional, afectuoso y desinteresado como el de una madre hacia su criatura.

María-Milagros Rivera Garretas habla del estar en relación, como una relación sin fin, que por un lado, no tiene fin en sí misma, es decir, no es una relación instrumental, y por otro lado es eterna, el estar en relación es una experiencia que no tiene fin. “Deseo relacionarme con otras para sentirme bien, gozando de la relación, la relación sin fin, por el gusto de estar en relación”.[3]

EL TRABAJO DE LAS MUJERES 

Diversos estudios en los últimos cincuenta años, han investigado sobre las mujeres y el trabajo, pero muy pocos estudios han indagado sobre las condiciones en que mujeres y hombres trabajan, las que por cierto, no son las mismas.

“Durante mucho tiempo, las condiciones de trabajo de una mujer y de un hombre han estado condicionadas por el patriarcado; siendo el patriarcado una expresión histórica de la política sexual. Hoy, al final del patriarcado (o terminado ya el patriarcado[4]), entrevemos que la relación histórica entre una mujer y el trabajo es decisiva para entender la crisis del trabajo que vivimos y, entendiéndola, inventar soluciones que no se queden por detrás del presente”.[5]

El patriarcado nunca ha ocupado la realidad entera de una mujer, ni de un hombre tampoco, sin embargo, las instituciones han forjado sus bases bajo el orden patriarcal, siendo el trabajo una de las instituciones que ha sido hecho a la medida del cuerpo masculino, no a la medida del cuerpo femenino.

 “Sin embargo, el patriarcado como condicionante de las condiciones de trabajo no se explicitaba nunca. Quedaba en silencio, como algo dado, como una premisa muda. Algo que, precisamente por estar silenciado, reaparecía una y otra vez como un fantasma recurrente en los innumerables encuentros feministas y, también, de hombres no patriarcales sobre la mujer y el trabajo.”[6]

Las mujeres hemos trabajado siempre. Pero solo al trabajo hecho a la medida del cuerpo del hombre le hemos llamado trabajo. No a todas las demás tareas productivas que las mujeres hacemos, que son muchas y muy importantes, como el cuidado de la casa, de los niños y niñas, de las abuelas y abuelos, de enfermas o enfermos, o de personas con capacidades diferentes.

 “Por eso, porque solo al trabajo hecho a la medida del cuerpo de hombre le llamamos trabajo, no protestamos, o no apenas, cuando de una madre o de un ama de casa se dice que “no trabaja”. Ni protestamos de un modo convincente cuando ganamos menos por hacer el mismo trabajo que un hombre. No porque nos guste cobrar menos ni porque nos deje de parecer la injusticia social flagrante que es, sino porque reservamos la energía para algo más importante: algo que es la interpretación libre del sentido del trabajo, del sentido que lo que se suele llamar trabajo tiene o puede tener para las mujeres y, también, para los hombres. Las mujeres sabemos que si tapáramos con dinero o con derechos todas las contradicciones que plantean los condicionantes patriarcales del trabajo, entonces nos taparíamos nuestra propia boca y nuestros propios ojos, quedándonos sin autoridad para interpretar libremente el sentido que el trabajo tiene o no tiene para las mujeres y para la humanidad.”[7]

Las mujeres entendemos el trabajo como un espacio de vida también, donde no solo entregamos un servicio y este nos es remunerado, consideramos muy importante que otros factores también se expresen en el trabajo que deseamos, idealmente que sea de tiempo parcial, para tener tiempo para hacer las cosas en casa y cuidar a quienes amamos, o compartir con quienes deseamos hacerlo, también para escribir, crear, pintar, danzar, entre tantos deseos que pueda querer realizar cada mujer. También evaluamos la calidad del trabajo, no tan solo por la remuneración que recibiremos, sino también por las relaciones que establecemos en el espacio laboral. “Decía hace unos años un estudio publicado en la revista norteamericana “Newsweek” que, en la empresa, los hombres harían cualquier cosa por dinero; las mujeres, en cambio, no.”[8]  Requerimos de trabajos a la medida de nuestros cuerpos, en los que nos sea posible compatibilizar otras labores, tanto o más importantes.

DESPATRIARCALIZAR EL CUIDADO 

En este sentido, las mujeres no queremos ponerle un valor monetario a todo, pues si bien nos interesa el dinero, también y mucho más nos interesa el amor, el cuidado, dar vida a nuestros deseos, crear, estar en relación y darle un sentido a esa relación. Ya no se trata de conciliar el trabajo, que conlleva el desarrollo profesional y la maternidad, que expresa el deseo de ser madre, las mujeres hoy damos un doble sí, a ambos deseos, sin dejar ninguno de lado, pero a ambos, los aceptamos como deseos no como obligaciones impuestas.  Lo dicen con las siguientes palabras, el 2010 las mujeres del Gruppo Lavoro de la Librería de mujeres de Milán:

“Queremos poder decir sí al trabajo y sí a la maternidad sin sentirnos obligadas a elegir. Cuando decimos sí al trabajo, decimos sí a un aspecto del vivir que es el dinero necesario para la comida, la ropa, la casa. Pero es también realización, crecimiento, invención, proyecto social. De esto no queremos ser excluidas si elegimos ser madres. La paternidad se inscribe de modo distinto en el cuerpo y en la mente de los hombres, y de esto sabemos poco. Los padres no hablan, no narran y sin embargo, también para ellos están cambiando muchas cosas. La paternidad ya no está garantizada por el destino femenino: hoy los hombres, si quieren ser padres, tienen que hacer cuentas con lo que escojan las mujeres. Hoy más que nunca, la reproducción no es una cuestión femenina: es problema de todos, hombres y mujeres, madres y padres. En el doble sí que nosotras queremos, están incluidos el deseo y la ambición de volver a unir la producción y la reproducción: algo que la historia y la cultura de predominio masculino han separado.”[9]

El doble sí al que hacen referencia las autoras, es entonces un sí a ambos deseos, al desarrollo profesional y al amor al cuidado, poniendo en ambas tareas el cuerpo, y realizando ambas tareas con amor.

La invitación a despatriarcalizar el cuidado, es quitarle el valor monetario y restaurar el valor simbólico que esta práctica significa, puesto que ha sido el patriarcado el que ha intentado minimizar el valor del cuidado y de las mujeres, infructuosamente a mi juicio. Hoy, en el fin del patriarcado[10], cuando este ya no tiene crédito en nosotras y nosotros, muchas mujeres (y algunos hombres) entendemos y observamos la labor del cuidado como parte del cambio civilizatorio, donde el amor está al centro, y la importancia de criar con amor está a la vista. Acercarse a relaciones cariñosas, respetuosas y empáticas, se observan como la única posibilidad de cambio.

EN SINTESIS

Entonces, cómo aportamos a restaurar el valor simbólico del cuidado hacia los niños y las niñas, individuas e individuos con deseos, intereses y capacidades, que aportan al mundo su capacidad de escucha, sus ideas, amor, curiosidad, apertura, ternura y otros preciados valores que sostienen la civilización.

Niños y niñas necesitan alimento, higiene y abrigo, pero sobre todo ternura y reconocimiento, sonreír, compartir, vincularse, tiempo de calidad y escucha. Necesitamos visibilizar la niñez, reconocer su valor y la labor que realizan las madres al cuidar de sus hijos e hijas.

Crear espacios de protección y exploración, donde niños y niñas se sientan seguros, y seamos capaces de reconocer sus propias capacidades, las que como Lecannelier (2021) asevera, solo podremos identificar si aprendemos a respetar, entendiendo el respeto como un actuar cotidiano que puede ir desarrollándose de a poco, que supone primero que nada, volver a mirar, observar las reacciones de los niños y las niñas, tratar de comprender qué es ser un niño, una niña, abrir la comprensión a conocer a este individuo que se para frente a mí, como otro, en una sociedad que valore esta práctica como una práctica que sostiene al mundo.

La ley no es todo, como bien dice Simone Weil “La Libertad no consiste simplemente en tener derechos, porque los derechos pueden convertirse en barreras simbólicas del deseo” (Librería de Mujeres de Milán (1991).). Requerimos de prácticas como la de reconcoer autoridad a los niños y las niñas, autoridad (que es distinta al poder) viene de “augere”, significa hacer crecer y la autoridad circula de una persona a otra, es móvil, no estática, es una práctica que transforma, modifica las relaciones de forma radical y ayuda a cambiar el mundo.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Aldegheri, L., Bianchi, L., Briante, D., Buttarelli, A., Carati, R., Cigarini, L., De Perini, S,. Di Salvo, A., Fischer, C., Graziani, F., Jourdan, C., Muraro, L., Marangelli, M., Rampello, L., Riboli, D., Sattler, T., Savoldi, O., Stella, R., Zanardi, M., … y Zanella, L. (1996) El final del patriarcado. Ha ocurrido y no por casualidad – Sottosopra rosso, Libreria delle done di Milano, https://www.libreriadelledonne.it/pubblicazioni/el-final-del-patriarcado-ha-ocurrido-y-no-por-casualidad-sottosopra-rosso-enero-1996/

Abreu Olvera, M.  Entrevista a María-Milagros Rivera Garretas (2021) https://www.revistapluvia.com/post/entrevista-a-mar%C3%ADa-milagros-rivera-garretas

Barbieri, P., Benvenuti, M. y Cigarini, L. (2010) Sottosopra: Imagínate que el trabajo, Núm. 38 [Archivo PDF]. DUODA: estudios de la diferencia sexual, https://raco.cat/index.php/DUODA/article/view/248363.

Calmels, D. (2018) Sonreír – Reír. Facebook. https://www.facebook.com/243919225651741/posts/1892159804161000/

Cigarini, L. (2003) El sentido del trabajo. DUODA: estudios de la diferencia sexual, http://www.ub.edu/duoda/web/es/revista/26

Librería mujeres de Milán. (1973-1996). La cultura patas arriba. Selección de la revista Sottosopra Madrid, Editorial Horas y horas.

Librería mujeres de Milán. (2011). Palabras que usan las mujeres para nombrar lo que viven y sienten hoy en el mundo del trabajo, Colección del libro Cuadernos inacabados, Editorial Horas y horas.

Rivera, M. (2012) Signos de libertad femenina. (2012) (En diálogo con la historia y la política masculina.). http://www.ub.edu/duoda/bvid/text.php?doc=Duoda:text:2012.02.0001

Rivera, M. (2012) El sentido del trabajo, más que las condiciones. DUODA: estudios de la diferencia sexual, http://www.ub.edu/duoda/web/es/textos/1/75/

Rivera, M. (2021). Entrevista a María Milagros Rivera Garretas. Revista Pluvia. https://www.revistapluvia.com/post/entrevista-a-mar%C3%ADa-milagros-rivera-garretas

Cigarini, L.(1996). La política del deseo. Editorial Icaria.

Franulic, A. (2021). Incitada,                          https://andreafranulic.cl/libros/incitada-feminismo-radical-de-la-diferencia-antologia-andrea-franulic-depix/

Montoya, M. (2008). Enseñar, una experiencia amorosa. Sabina Editorial

Rivera, M. (2012). El amor es el signo: educar como educan las madres. Sabina Editorial.


[1] «Sonreír – Reír», por Daniel Calmels. Facebook. 2018

[2] MARÍA-MILAGROS RIVERA GARRETAS. Signos de libertad femenina. (2012) (En diálogo con la historia y la política masculinas).

[3] Abreu Olvera, M.  Entrevista a María-Milagros Rivera Garretas (2021) https://www.revistapluvia.com/post/entrevista-a-mar%C3%ADa-milagros-rivera-garretas

[4] Sobre el final del patriarcado, véanse: Luisa Muraro, Salti di gioia, “Via Dogana. Rivista di politica” 23 (1995) 3 y Librería de mujeres de Milán, El final del patriarcado. Ha ocurrido, y no por casualidad, en Eaed., La cultura patas arriba. Selección de la revista ‘Sottosopra’ (1973-1996), trad. de María-Milagros Rivera Garretas, Madrid, horas y Horas, 2006, 185-225.

[5] El sentido del trabajo, más que las condiciones María-Milagros Rivera Garretas.(2017) http://www.ub.edu/duoda/web/es/textos/1/75/

[6] El sentido del trabajo, más que las condiciones María-Milagros Rivera Garretas.(2017) http://www.ub.edu/duoda/web/es/textos/1/75/

[7] El sentido del trabajo, más que las condiciones María-Milagros Rivera Garretas.(2017) http://www.ub.edu/duoda/web/es/textos/1/75

[8] Lia Cigarini, El sentido del trabajo, “DUODA. Revista de Estudios Feministas”, 25 (2003) 91-99; Librería de mujeres de Milán, Palabras que usan las mujeres para nombrar lo que viven y sienten hoy en el mundo del trabajo, trad. de Laura Mora Cabello de Alba y Ma Dolores Santos Fernández, Madrid, horas y Horas, 2008.

[9] Librería de mujeres de Milán, Imagínate que el trabajo, “Sottosopra” 2009, encartado en “DUODA. Estudios de la Diferencia Sexual” 38 (2010).

[10]Aldegheri, L., Bianchi, L., Briante, D., Buttarelli, A., Carati, R., Cigarini, L., De Perini, S,. Di Salvo, A., Fischer, C., Graziani, F., Jourdan, C., Muraro, L., Marangelli, M., Rampello, L., Riboli, D., Sattler, T., Savoldi, O., Stella, R., Zanardi, M., … y Zanella, L. (1996) El final del patriarcado. Ha ocurrido y no por casualidad – Sottosopra rosso, Libreria delle done di Milano.

Categorías
Escritos de Feministas Lúcidas

Aprender a ver con la visión de la libertad femenina. Jessica Gamboa Valdés

Sobre la Política visual de la autoridad. El origen materno de la visión[1]

Cuando una mujer se significa a sí misma libremente es que sabe, porque lo siente en sus entrañas, de que su ser mujer no obedece a imposiciones o determinantes sociales, sino que a la autoridad de la madre, autoridad entendida como relación mediada por el amor y la confianza que la hacen crecer y no la empequeñecen ni la anulan, como lo han hecho históricamente el orden patriarcal con su política sexual y la violencia hermenéutica de la que nos habla María-Milagros Rivera.

Sofonisba Anguissola
autorretrato frente al caballete. (1556)

La autoridad que proviene de la madre es el sostén simbólico de toda criatura humana porque, mujeres y hombres, tenemos una madre, es decir, una mujer que nos da la vida y, de ella y con ella, es que aprendemos a hablar y a mirar el mundo. Por ello, el descubrimiento de la autoridad femenina, hecho por las mujeres de la Librería de Mujeres de Milán, en el último tercio del siglo XX, adquiere tanta importancia y sentido para la dimensión política de la mirada, dimensión que se puede reconocer en las mujeres que nos preceden como Sofonisba Anguissola, Cristina de Pizán y otras. Esta dimensión política es visible gracias al feminismo de la diferencia y su radicalidad para nombrar la experiencia femenina enraizada a la matriz del mundo, pues siempre antes, una mujer.

Luisa Muraro en su texto, La verdad de las mujeres, nos hace ver que la objetivación es la maniobra masculina enmascarada de saber científico, la cual suprime la experiencia del otro, especialmente, la experiencia femenina. De ese modo, «la verdad» se transmite de hombre en hombre, genealógica y jerárquicamente, dice Luce Irigaray,[2] como hacen el maestro al discípulo o el padre al hijo, garantizada siempre por su propia palabra. En consecuencia, los modos de mirar y representar en las culturas y sociedades occidentales han tenido como medida, por un lado, al hombre como sujeto del discurso y, por otro, la política sexual patriarcal que no concibe la relación de los sexos y entre los sexos sin poder, sin coacción ni jerarquía.

¿Cuántas de nosotras hemos tenido la experiencia de tener que pasar por la vista/visión del mundo masculino y sus reglas, dando tumbos, enfermando o enmudeciendo?

Puedo afirmar que muchas. Sin embargo, más que unas cuantas hemos caído en la cuenta de que el patriarcado ha llegado a su fin porque no tiene crédito en nuestras vidas y que no somos el objeto, pero tampoco queremos ser el sujeto, sino que, simplemente, ser mujeres libres con independencia simbólica del orden socio-simbólico masculino.

La mirada femenina libre restituye la autoridad de la madre al reconocer el más de la otra -o de las otras- siempre en relación de disparidad, de esa forma, no se prescinde de los vínculos, ni se reniega del amor como mediación para la propia libertad, la femenina.

Me siento agradecida y cercana con la apuesta por la política de lo simbólico, la política de las mujeres, porque no recurre a la lógica del poder/saber ni a las antinomias de los discursos institucionalizados, aunque, a veces, esta forma se cuele en el feminismo, pero sabemos que allí no hay espacio para la verdad dicha por las mujeres.

Las mujeres libres queremos mirar (nos) y hablar con palabras vivas, encarnadas, fiadas en el sentir propio y fieles a nuestro ser mujer, enraizadas al origen que es siempre femenino.


[1] El texto es un ejercicio para la asignatura «Las artes de la visualidad política sexual / política visual» del Máster en La política de las mujeres – Duoda – UB.

[2] En el principio era Ella. Un retorno al origen griego arcaico de nuestra cultura. Ed. La llave. Barcelona, 2016. P, 9.

Categorías
Escritos de Feministas Lúcidas

El hilo de la vida, hilando las relaciones con la raíz materna, Jessica Gamboa Valdés

A Dorila, Zoila Amada, Zoila Rosa Amada y Cecilia del Rosario

El hilo de la vida, hilando las relaciones con la raíz materna, es un proyecto creativo y artístico femenino realizado, a cuatro manos, para el trabajo final del primer año del máster de Duoda, aunque, en el trasfondo, estaba la necesidad de restituir el simbólico de la madre con las palabras de la lengua materna y darles existencia simbólica. Traerlas de vuelta  significó reconectarme con las relaciones vitales –sin fin– que hicieron posible mi permanencia en el mundo: mi madre y mi abuela, relaciones que han sido medida y mediación de Amor.

Ciertamente, fue mi abuela Zoila la que me incentivó a Hilar y Tejer como lo han hecho siempre las mujeres: con la palabra, con los gestos de amor, con las prácticas de recreación de la vida que, silenciosamente, humanizan y civilizan, sin guerra. Me recuerda lo que me escribió Ana Mañeru, el día 7 de marzo, mostrándome a una pintora Ucraniana que comenzó a pintar a los 70 años e hizo de su casa su obra. Me escribe: «Me he acordado de Zoila Rosa y sus bordados. Cuanta creación femenina, siempre bella y pacífica».

Quiero mencionar especialmente a la profesora Donatella Franchi que acogió mi propuesta invitándome a re-mirar y re-significar el concepto de “arte” y de “artista”, para saber que las prácticas artísticas femeninas no dejan fuera el sentir en la creación como tampoco las relaciones que conllevan el proceso creativo. Me ha inspirado su propia obra dedicada a su madre Clotilde y que, de pura coincidencia, la misma Ana me la había enseñado cuando le comenté del proyecto que iniciaríamos con mi abuela.

El arte de la relación. Creación enraizada

Las creaciones que componen el proyecto son  “Lienzo”  y  “libro de las artistas”. Cada cual tiene una apuesta que las hace singular, una como texto/tejido  y, la otra, como imagen. Ambas expresan lo genuino de la lengua materna al visibilizar, por un lado, la relación originaria que es ser nacidas y nacidos de una mujer y, por otro, la genealogía femenina materna que, al ser sustraída de la mirada de la miseria patriarcal, da un vuelco hacia lo trascendental como lo es la huella de la madre.

Lienzo

Bordado en tela cruda o tela rústica de 1,67 mts. Compuesto por 40 retazos. Cada retazo nombra una experiencia o a una persona significativa en la vida de mi abuela.

Los materiales que usamos fueron hilo de costura color blanco para hilvanar, hilos de colores para bordar, aguja y perlas sintéticas de color blanco para adornar.

Los trazos hallaron un lugar sin orden alguno, mejor dicho, se hallaron mezclándose con el sentido de las relaciones.

Libro de las artistas

Creado artesanalmente con papel opalina de 200 gramos, utilizando la técnica de acordeón. Se compone de fotografías de las manos de mi abuela en distintos tiempos, momentos y creaciones de la vida, con especial dedicación a la genealogía materna femenina (hija, nietas y bisnietas) y acompañadas por los símbolos femeninos que son la Rosa y la Perla.

El proceso creativo  

Lo llevamos a cabo en plena pandemia, el año 2021, año que nos benefició para pasar bastante tiempo juntas, aunque llevábamos  casi más de un año compartiendo la vida junto con Andrea en nuestra casa.

En un principio nos reuníamos los domingos en las tardes para conversar sobre su vida o de lo que quisiera contarme, sin reglas ni métodos. La guía eran las relaciones y, a veces, sus nudos. Mandaba el movimiento de las entrañas. Caminamos juntas por donde me quisiera mostrar,  yo fiada de su mano como cuando era niña. Nos entusiasmamos tanto que hilábamos cada día. Así fue como comenzamos el trabajo de las palabras  título de un libro precioso que hizo su trabajo en mí.

El viaje partió en la calle Nueva de Matte, comuna de Independencia, a fines de los años 30 del siglo XX, en la casa de su abuela materna Dorila. Paseamos por lavaderos de ropa y saludábamos a su abuela y a su madre, las lavanderas. Esta casa fue su lugar de la infancia al que recordaba con mucho amor. Asimismo, su paso por la escuela 111 de Vivaceta y la relación con la profesora Delfina del Piano.

Zoila Rosa, mi abuela, aprendió la práctica del Hilar en la relación femenina con su genealogía materna. Nunca la olvidó, ni la desplazó. Por eso, una vez que he caído en la cuenta de la ausencia del simbólico de la madre en mi vida, debido al desorden que me produjo la emancipación, pude sentir el deseo de restituirlo.

También aprendió el oficio de Coser mirando a su madre y a sus hermanas mayores Elena y María Rebeca. A los 13 años dejó la escuela para trabajar en una camisería en el sector de Mapocho «Camisería Barcelona” haciendo ojales, cuellos y bastas.

A sus hijas e hijos les confeccionaba la ropa, también a nosotras, sus nietas. Mi madre, a su vez, lo aprendió de ella… jamás dejó de Hilar, Coser, Tejer…

Quería ser profesora, le encantaba la lectura. Y, por supuesto, lo fue. Fue la Maestra de sus hijas e hijos, les enseñó a hablar con la lengua materna de la que fue depositaria, lengua que aprendió de su madre Zoila Amada en compañía de su abuela Dorila. Así es la lengua materna, un infinito hilado de palabras enraizadas y encarnadas.

A nosotras, sus nietas (también algunos nietos) que tuvimos la fortuna de criarnos con ella, nos educó con infinito Amor. Tenía el Don de la maestra, tenía Gracia y Humildad.

Cada recuerdo me toca profundamente porque en cada Encuentro se desveló algo nuevo e imprevisto… la Hondura y el Misterio de origen femenino. Misterio que está siempre en una misma.

Sin saberlo este trabajo de hilar en relación nos llevó a hallarnos  a cada una. Desamarrando  aquellos nudos que nos afligían el alma para seguir nuestro camino de vida siendo otras. Otras porque algo se ha movido y desplazado adentro.

En este andar profundo[1] conocí a mi bisabuela Zoila Amada y a Dorila, mi tataraabuela, genealogía materna que me enraíza y que corre por mis venas. Zoila Rosa Amada, mi abuela, me enseñó de Presencia/Ausencia que siempre es Amor.

Los misterios de la Virgen

Supe ver -con la visión-  su devoción al Rosario  y de la Virgen, hilo inmaculado de los misterios de la virgen, Madre sin coito. No fue casualidad que llamara Cecilia del Rosario a mi madre. O la medallita de la virgen con una cinta de color rojo, adorno femenino como protección del cuerpo y del espíritu de la criatura recién nacida, decía ella. Ahora sé que es más que un adorno, es fiarse en la raíz femenina, sabiduría de la lengua materna que sabe que el cuerpo es obra de la madre.

Desde que era niña vi la figura de yeso de la virgen en su habitación. La traía consigo su abuela Dorila, virgen que había estado al cuidado de las madres anteriores. Ahora está al mío, me la encomendó para cuando partiera de este mundo.

Zoila viene de Zoé, vida, vital o llena de vida. Carmen Martín Rojas me hacía ver lo biofílica que era mi abuela Zoila, ¡Es tan cierto!

Bordó y tejió para las nietas, nietos e hijas, hilando con sus manos el hilo femenino de su descendencia… el hilo de la vida.

Leíamos poesía o extractos de libros de mujeres y elegíamos qué bordar. Algunos bordados fueron dedicados a las mujeres con las que estoy en relación. Así lo convenimos.

Hicimos del hilar una práctica.

Las telas bordadas estarán a mi cuidado y otras con las Amigas que le darán un lugar y espacio en sus vidas para mantener vivo el tejido de la relación.  

¡Qué bella manera de trascender!

Diana Carla, una amiga de la Patagonia Argentina, acogió mi deseo para crear un blog que contiene el hilado realizado con Zoila, allí habrá un lugar/refugio para visitar sus creaciones.

Un Poema de Ana Mañeru Méndez dice:

“Detrás de una palabra,

Tan solo de una sola,

Renace el mundo entero.”

Mi abuela Zoila dejó su palabra bordada para quien quiera y sepa reconocerla Con su Grandeza.

Santiago, junta de vecinas del barrio Yungay, 30 de abril, 2020.


[1] Antonietta Potente. Mística.Experiencia del caminar profundo.

Categorías
Escritos de Feministas Lúcidas

Hilar fino, Andrea Franulic Depix

Palabras para la exposición: Hilando las relaciones con la raíz materna, de Zoila Rosa Amada y Jessica Alejandra

Zoila me declaró su nieta por la sencilla razón de que yo la llamaba “abuela”. Fue durante esos meses, también, que ella puso en palabras su experiencia del incesto, infringido por su padre, rompiendo, por vez primera, el tabú del silencio. Y fue, en ese tiempo, además, que nos dijo, con plena seguridad y absoluta certeza, que la mar es una mujer, porque su madre se lo había confesado, como quien reconoce un secreto de cientos de miles de años[1].

Zoila entendía, pues sentía, el misterio de la lengua materna, como Hilandera ancestral que era. Y este fue un descubrimiento maravilloso, que vivimos junto a ella. Fue una verdad revelada, la que, sabemos, siempre está ahí con nosotras, pero permanece cubierta hasta que logramos esfumar, soplando fuerte como viento del desierto de Atacama, todos los espejismos fálicos que empañan la mirada y embotan los sentidos, confundiendo lo verdadero con lo verosímil[2]. Este viento fresco, lleno de vida, que despeja las fantasmagorías machistas y que, con sus remolinos de arena y rebeldes tornados, arrasa con las mentiras, acrecentó la relación abuela-nieta, de Zoila y Jeka, lo que permitió el hallazgo. Alrededor, algunas nietas, nietos e hijas supieron acoger la gran noticia; a otras y a otros, en cambio, el viento no las tocó, no los tocó, quedándose agazapadas y agazapados bajo las sombras del Falo.

Las hijas, tocadas por el viento, son Ana y Cecilia; Cecilia, madre de Jeka e hija de Zoila, falleció tempranamente, sin embargo, Zoila y Jeka han restituido su presencia en ausencia. Así, las Tres Madres de toda genealogía femenina en singular hilvanan la exposición de hoy con un hilo firme e infinito, abriendo una dimensión en el espacio-tiempo, más acá de la muerte. Es el misterio de la Lengua Materna y el Tiempo femenino. ¿Qué es ese concepto pequeño y mediocre de la edad en el logos androcéntrico? ¿Qué es esa línea recta y aburrida que intenta medir el insondable tiempo nuestro con marcas en el calendario? Con Zoila, aprendí que la edad patriarcal no existe. Es verosímil, pero no es verdadera.

Jeka llegaba con las trazas en las telas y su abuela las bordaba con precisión y belleza, con divina concentración, mientras le preguntaba y Jeka le contaba quién era cada autora, qué significaba cada palabra, qué resonancia traía cada texto, qué era qué, quién era quién. O bien, Jeka le preguntaba qué calles contuvieron su alegría, qué rincones guardaron sus tesoros, qué mujeres la sostuvieron día a día, a quiénes amó, de quiénes recibió amor, cuáles dolores, ausencias o pérdidas, cuáles sorpresas, sueños o presagios, y Zoila le contaba, con hilos de colores, la vida, su vida, que también es la vida de Jeka.

Entonces, el milagro acontecía: Zoila Rosa florecía y podría haber tenido 12, 20 o cientos de miles de años. Acontecía por ese estar en relación de verdad y en profundidad donde la nieta autoriza a la abuela y la abuela autoriza a la nieta, reconociendo esta la excelencia y precedencia de aquella. Eran tardes enteras hasta que caía la sol y alumbraba la luna. Con un té caliente, conversaban e hilaban. Soy testiga afortunada de esta práctica artística femenina, libre de todo canon masculino y académico, mediada  por Dama Amor, en la que se encontraron Zoila y Jeka.

Esta práctica artística femenina libre nos trae el simbólico de la madre, por eso, es una apuesta política, de la política primera, bella, trascendente, enraizada y encarnada. Y lo trae hecho textura, hebra, surco; lo trae hecho perla, pétalo, tubérculo; lo trae hecho palabras y voces, las voces que escuchamos en esta sala, que la inundan ahora, la colman, con susurros, murmurando, arrullando; voces de mujeres del presente y el pasado que se plasman en la fibra, que viajan por el aire, que vuelven por los siglos para sustraernos de la banalidad, y que las sensuales manos de Jeka y Zoila, con sus ondulados movimientos, adornan en delicadas bordaduras y suaves puntadas.

Bienvenidas a esta aquelarre de libertad femenina y ligamen materno[3], presidida por abuela y nieta, a la que hemos sido convidadas para hilar fino y no olvidar que la diferencia sexuada solo puede ser radical.

Santiago, Barrio Yungay, 30 de abril de 2022


[1]      En nuestras conversaciones, Adriana Alonso Sámano me ha enseñado la existencia originaria de las diosas, sus cientos de miles de años ante los seis mil de la ficción del dios padre.

[2]      Tomo esta distinción de Laura Minguzzi de la comunidad de Historia Viviente.

[3]      Diana Sartori, de la comunidad filosófica Diótima, habla de ligamen y no de legado.

Categorías
Escritos de Feministas Lúcidas

Las mujeres no somos cuota, somos la medida del mundo.*Jessica Gamboa Valdés y Andrea Franulic Depix

Las teorías masculinas sobre el poder han impregnado de tal forma el feminismo hasta volverlo miope. Es la miopía ante la obra de la madre y la libertad femenina, libertad relacional, que no es la libertad entendida como un estatus que se puede obtener mediante luchas de poder. Esta noción abstracta de la libertad, propia del individuo moderno, permanece des-enraizada del origen, pues niega que seamos nacidas y nacidos de mujer, y descarnada del cuerpo sexuado.

La obra civilizadora que realizamos las mujeres a diario no tiene valor social y pasa desapercibida cuando la mirada se queda anclada en una cultura de la fratría masculina o del “entre nosotros”. En consecuencia, el feminismo, al identificarse con el régimen patriarcal de significación de la condición femenina, no logra ver la grandeza femenina que hay por doquier, confundiendo la autoridad (de auctoritas) de la madre, que significa hacer crecer (Augere), con autoritarismo (de potestas) del padre.

Se nos ha intentado convencer de un SER/ESTAR de las mujeres como atrapadas/agarradas/atadas/sujetadas, a causa de “nuestro sexo”, por ello, la vía de escape sería la liberación propuesta por el ideario de la emancipación o del “empoderamiento” feminista, algo muy propio de la política sexual del poder que administra “libertades” y gestiona “derechos”.

La desautorización de la obra de la madre, por parte del feminismo con su discurso anti-materno, ha propiciado, en gran parte, que las mujeres no interpretemos, por ejemplo, de forma libre, la maternidad y la Amor, adhiriendo a la lógica misógina que mata simbólicamente la relación primordial de la madre con la hija, relación nuclear de Amor. ¿Hasta cuándo nos conformaremos con los dichos de Kate Millett, hoy por hoy vueltos eslogan, que terminan rasgando la carne porque el amor es nuestro opio? ¿Nos seguiremos fiando en la política sexual del poder que no concibe relación sin dominio?

Cuando las mujeres de la Librería de Milán escribieron El final del patriarcado. Ha ocurrido y no por casualidad, trajeron de vuelta la certeza de que estamos más allá de la jaula patriarcal. Ya no nos hace gracia seguir señalando que las mujeres “nacemos sujetas o estamos sujetadas”, pues sería pasar por alto que el patriarcado ha terminado para muchas que ya no le damos crédito, a pesar de las colocaciones sociales y las precariedades materiales. La libertad femenina está en cada mujer que lo ha descreído, y se vive mujer sin vergüenzas ni complejos.

No queremos adherir a las organizaciones (aunque sean solo de mujeres) o a los partidos políticos. Queremos practicar la libertad relacional. Supimos ver que el patriarcado no ha ocupado nunca nuestra vida entera. Para nosotras se volvió caduco, porque no les damos valor alguno a sus instituciones y leyes. Tampoco nos interesa tener poder o creer que tenemos poder.

El patriarcado llegó a su fin cuando caímos en la cuenta de que no queríamos ver más miseria en nuestras vidas y en la de nuestras semejantas. Elegimos abandonar la mirada de la miseria porque no nos sirve para decir nuestra experiencia desde un sentido libre y así transformar nuestra relación con el mundo. Ahora que vemos a nuestro alrededor, podemos mirar a nuestras madres, a nuestras amigas, a nuestras amadas, a nuestras semejantas y gozar de la grandeza de ser mujeres.

También hemos descreído del contrato sexual y de la heterosexualidad obligatoria que lo reproduce. Recuperamos nuestra sensualidad clitórica cada día. Sabemos que para ser libres necesitamos afirmarnos en nosotras mismas y fiarnos en otras, reconociendo nuestro origen femenino y la lengua materna que dice la verdad. Nos sabemos nacidas de mujer. Nos nombramos en femenino y nos da placer. Hemos salido a la calle para un 8 de marzo con un lienzo que dice: “Las mujeres no somos cuotas, somos la medida del mundo”. Y lo seguimos afirmando.

*Inspiradas en el pensamiento libre de la Comunidad de Filósofas Diótima, de las mujeres de la Librería de Milán y de María-Milagros Rivera Garretas.

Categorías
Escritos de Feministas Lúcidas

No al borrado de las mujeres: constitución sexuada, no neutra. Jessica Gamboa Valdés y Andrea Franulic Depix

Esta es una propuesta para el debate constituyente en Chile. Sabemos que el proceso está mediado por las políticas identitarias que, a toda costa, quieren borrar la diferencia sexual para reemplazarla por las identidades de género, especialmente, para las mujeres, al querer desplazarnos por categorías como «cuerpo gestante» o «persona menstruante». Nuestro gesto es simbólico y realmente político, pues la verdad de la lengua materna siempre lo es.

Iniciativa Popular de Norma N°55.734

https://plataforma.chileconvencion.cl/m/iniciativa_popular/detalle?id=55734

Problema a Solucionar:
El mecanismo fundacional de las sociedades patriarcales ha sido el de borrar la diferencia sexual femenina y erigir un sujeto que se pretende neutro, genérico, abstracto y universal. Sin embargo, la vida siempre se da en Dos y la existencia humana nunca es neutra, esto quiere decir, que siempre nacemos sexuadas y sexuados, y nacemos de una mujer.
Como consecuencia de lo anterior, la diferencia sexual femenina -la genealogía femenina y materna, la experiencia femenina, la historia de las mujeres, los vínculos entre mujeres, el amor entre mujeres, la maternidad, el placer femenino- no tienen valor social ni inscripción visible en la lengua, en las artes, en las ciencias, en la tradición del pensamiento filosófico-político, en los programas de estudio, en las leyes, en las clases de Historia, en los medios de comunicación masivos, en definitiva, en las representaciones culturales en general. Sin ir tan lejos, la constitución política vigente está escrita en el falso genérico al que le subyace -desde siempre- el sesgo masculino.
Esta desvalorización de las mujeres o de la diferencia sexual femenina no se separa de la violencia contra las mujeres, es decir, de los femicidios, de la desigualdad social entre los sexos, del sistema prostituyente y la trata con fines de explotación sexual de mujeres, niñas y niños, de los vientres de alquiler, de las violaciones grupales, del uso de las mujeres como mercancía de guerra, del incesto, del uso del cuerpo femenino en la industria pornográfica y en la publicidad, de las actuales políticas de identidad que quieren borrar la palabra «mujer» y la existencia material del sexo, entre otras prácticas culturales nocivas. Tampoco se separa de la impunidad en que, en general, quedan todas estas violencias, naturalizadas durante milenios. ¿Seguiremos reproduciendo y perpetrando todo esto?

Situación ideal:
Consideramos que el punto de partida básico es NOMBRAR a las mujeres en la Nueva Constitución. Esto es, que la Nueva Constitución no esté escrita en un pseudo-neutro, en un pseudo-universal ni tampoco que las mujeres seamos desplazadas por las identidades de género. Deseamos una Nueva Constitución sexuada. Pensamos que esto es, verdaderamente, no reproducir el sexismo. De esta manera, la diferencia sexual femenina se debe inscribir explícitamente en el lenguaje de la Nueva Constitución, libre de los estereotipos de género, codificados por el Orden Patriarcal. Con otras palabras, queremos que la Nueva Constitución exprese un Sentido Libre de Ser Mujeres, que las mujeres estemos presentes allí no a pesar de nuestro sexo, sino gracias a que somos mujeres, pues no somos la mitad del mundo ni tampoco una cuota en el congreso, somos la medida del mundo. Un hombre no patriarcal es el que se reconoce nacido de mujer. Y un Estado no patriarcal es aquel que reconoce la obra civilizadora histórica que las mujeres realizamos, es decir, el hecho de que milenariamente hemos llevado a cabo las prácticas de creación y recreación de la vida, con amor e inteligencia suprema.

Qué debe contemplar la nueva constitución:
La obtención o ampliación de un derecho sigue siendo un mecanismo insuficiente para garantizar una vida libre de violencia a las mujeres, mientras no se cuestione que estos derechos están construidos en clave androcéntrica o masculina.
Consideramos que si la Nueva Constitución reconoce la diferencia sexual femenina en disparidad con la masculina, es decir, que no sea una simple homologación o inclusión superficial de las mujeres, puede traer consigo cambios sustantivos para entregar seguridad, justicia, buen vivir y armonía con todo lo vivo. Mientras no exista una sexuación de los derechos fundamentales no es posible concebirlos como propios o como factibles de ser aplicados sin violencia hacia nosotras.

¿Con qué argumentos tú o tu organización respaldan esta propuesta?
Las mujeres somos las autoras del cuerpo, siempre sexuado, y de la palabra. Decir las cosas en lengua materna implica nombrar la verdad, llamar la realidad por su nombre, tal como nos enseña la madre, o quien esté en SU lugar, en nuestra primerísima infancia cuando aprendemos, precisamente, la lengua llamada materna. Por ejemplo, decir Violencia contra las Mujeres y no violencia de género; decir Sistema Prostituyente y no trabajo sexual; decir Vientres de Alquiler y no maternidad subrogada; decir Creación y Recreación de la Vida y no trabajo doméstico; decir Procreación y no reproducción; decir Mujeres y no identidad de género; decir Diferencia Sexual y no sexo, porque la diferencia sexual no es solo biología, es naturaleza y cultura juntas, es cuerpo y palabra sin división, es cuerpo y alma sin división, es cuerpo y mente sin división. Todo va unido en la vida, las dicotomías son propias del pensamiento falso patriarcal, que también separa lo privado de lo público, las emociones de la razón, la teoría de la práctica, entre otras antinomias falaces.
El valor social de las mujeres no se mide con los hombres, en nada. Ni viceversa. Somos diferentes, autónomas y autónomos, dispares, no en relación de complementariedad jerárquica. Cada cual con su singularidad y su experiencia encarnada para significarla libremente.
El sentido libre de la diferencia femenina debe estar en el cine, en los medios de comunicación, en la historia que se relate en la calle, en el aula, en la casa. Las esculturas, cuadros, libros, etc., deben impregnarse de femenino libre, de genealogía de mujeres, de madres, hijas, amigas, hermanas, amadas, pensadoras, políticas, activistas, artistas, escritoras.
Inscribir y visibilizar la genealogía materna y las genealogías femeninas no significa llenar la sociedad de representaciones que refuercen los estereotipos femeninos, pues esto el patriarcado lo ha hecho durante siglos. Las representaciones culturales y la lengua deben expresar un femenino libre o sentido libre de ser mujer, es decir, libre de los estereotipos de género codificados por el régimen patriarcal; libre de toda política sexual que fomente una sexualidad reproductivista, anuladora del placer femenino propio.
Deseamos seguir representando las relaciones entre mujeres, en especial, la relación entre la madre y la hija, cancelada por la ley del padre. Restituir el valor social de las mujeres pasa, principalmente, por reconocer a la madre como origen, retornando su autoridad -de augere- que significa ‘hacer crecer, incrementar’. Junto a todo esto, es fundamental reparar en la lengua que usamos, las palabras que decimos para nombrar y definir, las connotaciones que elegimos para referirnos a otra mujer, porque rechazamos el régimen de significados patriarcales en todas las dimensiones de nuestra existencia, y le abrimos los brazos al simbólico de la madre, es decir, elegimos hablar en lengua materna y no usar las palabras androcéntricas que nos aplastan y tergiversan nuestra experiencia, haciéndonos desaparecer simbólica y físicamente.

Propuesta de articulado:
La Nueva Constitución debe garantizar:

  • El uso de la lengua materna y no el uso del lenguaje patriarcal ni la mirada de la miseria sobre las mujeres y sus cuerpos.
  • La inscripción de la diferencia sexual femenina de forma explícita. Por ejemplo, el uso del morfema gramatical A y el uso del femenino como sujeto autónomo de discurso.
  • El reconocimiento de la genealogía materna con su precedencia y su inscripción en todos los ámbitos de la cultura.
  • La visibilización de las genealogías femeninas en las representaciones sociales y culturales, sin estereotipos de género ni como medida compensatoria.
  • Que el cuerpo de las mujeres, niñas y niños sea intocable, intransgredible e inviolable.
  • La no comercialización de la capacidad procreadora de las mujeres.
  • La no comercialización, tráfico o cualquier otra práctica con fines de cosificación y explotación sexual de las mujeres, de las niñas y de los niños.
  • El vivir libre y autónomamente nuestra sexualidad femenina, sin la imposición de un modelo sexual masculino, heterosexista y reproductivista.
  • La maternidad deseada libre y autónomamente por cada mujer.
  • La despenalización del aborto.

Breve reseña sobre quién o quiénes proponen y la historia de la elaboración de la iniciativa:
Hoy, en pleno siglo XXI, muchas mujeres hemos reconocido que el paso por la universidad no fue algo tan placentero, pese a que nos profesionalizamos y obtuvimos independencia económica. Para nosotras la emancipación ha sido aprender a vivir en una sociedad de «la igualdad de los sexos», aceptando el incluirnos en la evolución del Hombre y su pensamiento como medida de lo Humano, expresándonos, a tientas, en clave androcéntrica. Esta experiencia significó desapegarnos del simbólico de la madre y que nuestra diferencia sexual femenina pasase desapercibida, fingiendo que no teníamos cuerpo. Ahora podemos sexuar esa experiencia, nombrándola.
Las mujeres que hemos traído a nuestras vidas el final del patriarcado ya no aceptamos ni queremos más racionalismo griego y europeo ni conceptos fálicos en ningún ámbito de nuestra existencia. Queremos recuperar el sentido común, la sensatez y la apertura, mediadas por la lengua materna que enraíza la experiencia propia femenina.

Jessica Alejandra Gamboa Valdés, hija de Cecilia y nieta de Zoila. Feminista Radical de la Diferencia. Profesora de Trabajo Social.

Andrea Soledad Franulic Depix, hija de María Soledad y Andrés Vicente, nieta de Esperanza y de Elba. Feminista Radical de la Diferencia. Profesora de Lingüística.

Categorías
Escritos de Feministas Lúcidas

Un primer comentario sobre el libro Incitada creado por mi amiga Andrea, Camila Antonia

¿Sé lo que deseo?

¿Puedo hacer lo que deseo?

¿Puedo decir lo que deseo?

Cuánto tiempo tengo para desear

no sé

MOMENTOS

entre teta y teta

y limpiar el cuerpo y comer

cuidar de una mujer

crear una mujer

criar una mujer

qué alivio cuando vi que tenía una vulva entre

las piernas

qué felicidad saber que la hice mujer

Escribir algo desde mi ser auténtica

incitada por estar leyendo tu libro

MOMENTOS

entre teta y teta

en que te leo porque siento que me entiendes

que me entiendes porque escribes desde tu

cuerpo sexuado

qué felicidad tu madre que te hizo mujer

y me entiendes a veces más y mejor de lo que

me entiendo yo

con más y mejores palabras

Hilar palabras con un sentido

Conjurarlas y no mal usarlas

sobretodo nosotras las mujeres

que nos han estafado bastante ya con esto de

las palabras

a nosotras que las inventamos

que las creamos

que las sacamos de nuestra teta

que convertimos los aguus en aguas

a nosotras que nos tomamos el tiempo

de entenderlas cuando aún no existen

Qué trabajo hermoso el de recuperar para

nosotras las palabras

Qué hermoso TU trabajo de decir

lo que es necesario para nosotras que se diga

He atravesado distintos mundos

porque me puse la mochila y salí a caminar

siempre siendo mujer

me he encontrado con mujeres

y las he amado

y las he odiado también

y estas emociones han sido lo más

significativo que sentí

ahora estoy lejos de mi madre

y la extraño de una manera impresionante

es como si me extrañara a mí misma

y me costara esto de ser auténtica a medida

de que el tiempo pasa entre nosotras

porque teniendo una hija me doy cuenta

de que yo soy mi madre

lo fui en cuerpo por 9 meses

ella me creó

y al no tenerla cerca me alejo de mí también

cuando estaba cerca también a veces me

perdía de ella

Me perdía de su simbólico

y se ensombrecía el camino

en la inexistencia simbólica de la que hablas

y dejaba de comprender

En el vínculo Madre Hija

se comprende la existencia

con una claridad que solo las mujeres

conocemos

gracias por protegernos de la oscuridad

desde esa claridad visionemos

el mundo

juntas

te extraño y leerte me acerca

Categorías
Escritos de Feministas Lúcidas

El nuevo pacto social: la izquierda progresista y el transpoder[1]

Por Andrea Franulic Depix y Jessica Gamboa Valdés

Referirnos al proceso constituyente en Chile nos retrotrae a la revuelta social que hubo el año 2019. La revuelta habló, como un susurro -como dicen los versos de Tracy Chapman: Don’t you know/Talking about a revolution?/It sounds like a whisper– de una transformación profunda que no pasaba por la política con poder o política partidista y que, de alguna manera o de distintas maneras, las mujeres -desde mucho antes- y, luego, las y los jóvenes, muchas/os de educación secundaria, estábamos -y estamos- encarnando.

¿Qué paso? Pasó que quisieron ahogar estos susurros con la violencia propia del poder patriarcal, mutilando ojos, ejerciendo violencia sexual, asesinando y apresando manifestantes, reprimiendo con fuerza militar y policial, colocando arbitrarios toques de queda y promulgando leyes para legitimar estas atrocidades. Y también usaron otras tácticas, políticamente correctas, precisamente, aquella que consistió en negociar un “Acuerdo por la paz”[2] para proteger la institucionalidad, la gobernabilidad y la democracia, que son estandartes de la política con poder, la misma que se ha venido abajo. 

Así fue como se gestó la actual Convención Constitucional que, más que una victoria, ha resultado ser un mecanismo de renovación del pacto social, pacto siempre masculino, pero simulado con espejismos de cambio. Decimos “espejismos” porque son solo eso. Sin detenernos en la obviedad, esto es, que la convención constituyente también cobija a representantes de la derecha criminal y fascista, quisiéramos referirnos a los espejismos, tales como el discurso de la paridad de género y el de la inclusión de la diversidad sexual[3], pues estos nos afectan peligrosamente a las mujeres.

Tanto el uno como el otro se anclan en las añejas políticas de identidad, propias de la política con poder y sus estrategias, pero hoy reivindicadas por lo que se ha hecho llamar “feminismos”. Las políticas de identidad nos borran a las mujeres, en tanto niegan nuestra diferencia sexual y nos rebajan a la ficción de los estereotipos de género, ahora en sus versiones no binarias, fluidas o híbridas, pero estereotipos al fin y al cabo; los mismos que fueron develados y desmantelados por el feminismo del último tercio del siglo XX y que hoy, en una avanzada del transpoder, se reponen desesperadamente con el apoyo del Feminismo de Estado, que no soporta a las mujeres que no queremos participar del engaño y el absurdo de la igualdad de los sexos, que pretende empequeñecer nuestra grandeza femenina a la medida de los hombres: ¿iguales a quién? Otra cosa es la justicia social.

En este sentido, la nueva Constitución de Chile llevará el sello del transpoder, consensuado en la agenda política del progresismo de izquierda. Y parece ser algo inevitable. Solo es cuestión de ver el programa político de la candidatura presidencial liderada por Gabriel Boric[4], perteneciente a la coalición del denominado Frente Amplio, fundada el año 2017[5]. Lo mismo sucede con la conformación de las y los constituyentes, donde las mujeres “representantes del feminismo” o, mejor dicho, de los feminismos[6 -al igual que Elisa Loncón, académica y representante de los pueblos originarios-, promueven discursos a favor de la inclusión: operación favorita del sujeto masculino pretendidamente genérico, neutro y universal. ¿Inclusión de qué?: de las mujeres, de los pueblos originarios y de la diversidad sexual o identidades de género, usando un lenguaje que, como tal, falsifica y desvirtúa nuestro sentido libre de ser mujeres y mujeres lesbianas: les niñes, personas trans, trans femenino/a, trans masculino/a, personas gestantes, cuerpos menstruantes, trabajo sexual, gestación subrogada, familias diversas, por dar algunos ejemplos, que también son globales. Y ¡cuidado si dices algo distinto! Te acusan de discurso de odio, de ser trans-odiante o usan la manoseada palabra Terf. Por suerte, y por amor a la lengua materna[7], siempre decimos y diremos algo distinto.

El refrito discursivo del presente no es más que la caduca falacia patriarcal de la construcción de género y sus estereotipos codificados por su régimen de significación, de tal manera que el pacto entre hombres, aquel que usurpa el cuerpo de las mujeres y sus frutos, desde los albores de su civilización depredadora, siga vigente con la legitimidad de los lenguajes académicos, los partidos políticos, las leyes y los derechos, la democracia, los medios masivos de comunicación, el sistema educativo, etc., buscando nuevos subterfugios, tales como, por nombrar algo, los nuevos morfemas de género gramatical que se están imponiendo -por decreto, por la fuerza de la ley o por sanción moral y social- en los ambientes institucionales, como el uso de la E en las comunidades hispanohablantes -signo lingüístico de la inclusión y la disidencia-, mientras, apenas, la mayoría de las mujeres supera la O del pretendido genérico (masculino). Es común escuchar a las mujeres hablar de “uno piensa, uno dice, uno hace, uno cree…”, en lugar de “una piensa, una dice, una hace, una cree…”.

No obstante, nuestra política, la política de las mujeres, la política primera, sigue más viva y creadora que nunca, sin desgastarse en inútiles y falaces interlocuciones, sin dar vueltas eternas en una rueda de ardillas, sin caer en el círculo vicioso de la dialéctica de lucha ni de las antinomias del pensamiento. Más allá de estas máscaras, nuestra política encarna transformaciones radicales, tan profundas como las raíces de nuestra genealogía femenina y tan verdaderas como la lengua materna, que es la concordancia entre las palabras y las cosas para comunicar nuestra experiencia propia, como nuestras antecesoras lo hicieron en los grupos de autoconciencia y en la práctica de la política feminista autónoma de los partidos y de los grupos mixtos de izquierda. Nuestra experiencia nace de nuestra diferencia sexuada en femenino y este es un hecho irreductible.


[1] Tomamos el término Transpoder de la pensadora española de la diferencia sexual, María-Milagros Rivera Garretas.

[2] Documento firmado por representantes de partidos políticos, el 15 de noviembre de 2019, es decir, a menos de 1 mes de la revuelta social. https://obtienearchivo.bcn.cl/obtienearchivo?id=documentos/10221.1/76280/1/Acuerdo_por_la_Paz.pdf

[3] Se expresa en los discursos inaugurales de la convención constituyente: Elisa Loncón como presidenta electa https://www.youtube.com/watch?v=48ww14r0zjU y de Jaime Bassa, vicepresidente https://www.youtube.com/watch?v=RwTqHNBfQE0

[4] Diputado y ex – dirigente estudiantil, señalado por la ACES (Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios) y otras organizaciones sociales de base, como “traidor” al participar en el “Acuerdo por la paz”, legitimando el cese de la revuelta social.

[5] Un símil de esta coalición es el partido Podemos en España, conglomerado que impulsó la Ley Trans de autodeterminación de género.

[6] Constituyentes feministas que asumen una representatividad desde los partidos políticos de izquierda, o bien, desde la Coordinadora 8M, que surge el año 2018. Desde este lugar del feminismo se propone instalar una Constitución Feminista desde el proceso constituyente priorizando los derechos sexuales y reproductivos y el uso del lenguaje inclusivo que integre tanto a mujeres como a las disidencias. Además de generar un mecanismo de integración de las personas trans a través de cuotas, aludiendo a que la paridad debe dejar de ser un sistema binario.

https://www.elmostrador.cl/braga/2021/07/05/una-constitucion-feminista-con-medidas-anticorrupcion-y-transparente-propuesta-de-reglamento-colectivo-busca-sentar-las-bases-para-la-discusion-constituyente/

https://www.elmostrador.cl/braga/2021/07/07/maria-jose-oyarzun-constituyente-con-elisa-loncon-como-presidenta-tendremos-muchas-mas-facilidades-de-instalar-en-la-convencion-al-feminismo/

[7] La lengua materna, descrita por la filósofa italiana Luisa Muraro.

Categorías
Escritos de Feministas Lúcidas

Crisálida, Javiera Fernanda González

I

Resolución.

Disolución de nudos

que alivio impregna

sobre los cuerpos envueltos.

La inflexión, el alivio.

Suelta y afloja,

¡no importa si explota!

Quiero encontrar

esa levedad

que aparece

tras alguna

confesión,

tras alguna

trasgresión

a lo que venía ocurriendo

hasta hoy.

Hasta el instante cúlmine

que antecede al orgasmo.

II

Cada quien guarda

un pequeño tesorito,

para compartir

¿con el mundo?

con quien esté dispuesta a recibir.

También hay que saber recibir.

No siempre es fácil coincidir.

Se da cuando una es afín.

Es hermoso,

es radical.

Es la vida misma con su afán.

La energía se complementa,

(¡qué lindo gesto aquel!)

hay espera, hay respuesta.

Es de silencio y apuestas.

Sincronías del ser,

del existir.

Dulce elixir del vivir.

Deseo de compartir.

Amar sin fin,

aunque sea solo

por un instante  fútil.

III

La incertidumbre

se hizo notar

y ya nadie

la pudo ignorar.

Ella nos viene a enseñar

a vivir sin esperar,

sin añorar.

Nos recuerda

que la vida

se encuentra

en los sutiles placeres

del

ahora.

IV

Yo soy

sensual,

sensualidad intensa

pero ligera.

Curvilínea,

me aparezco

entre las líneas

de las sinuosas

formas que me levantan.

Fuerte,

vulnerable,

creativa.

Mujer creadora

de espacios siderales,

de aprendizajes

y novedades.

Estoy en el camino

del aprendizaje sin fin.

Pido de todo corazón,

que los cabos desatados

al fin se encuentren

en la armonía del amor…

para que así me inspiren

a seguir

en el rumbo

del descubrir.

V

Sinergia

de la materia activa.

¿De dónde es

que viene la poesía?

De un lugar

que te pulsa a hablar.

Hay algo que decir,

quizás una risa

y nada más.

Algo por lo que reír,

por lo que soñar

o por lo que morir.

Es que así me sentí

y lo quise escribir.

VI

Una Diosa

recita suavemente en mis oídos

pequeños versos

que me hacen cantar.

Yo los escucho

y muy tiernamente

comienzo a actuar

con pertinencia total.

Me desenvuelvo

bien ligera,

contacto con lo interno externo,

respirar.

VII

Me baja la sangre

y es alivio espiritual,

soltar la carne

desde mi profundo interior.

Cual globo

que se colmó y explotó.

Me erotiza mi cuerpo,

yo misma

y mis posibilidades,

que infinitas son.

Me siento sensual

con mis curvas y mis formas,

mis olores y sabores.

Mi piel ardiente

atraviesa la acuosidad

de la existencia.

Comienzo a sentir

cómo hago el amor

con el aire.

En mis labios

brotan orgasmos

sólo de sentir

las suaves caricias del viento.

Me libero como la gata que soy,

la animala que soy.

Viviendo en el filo punzante

del sigilo salvaje.

Menstrúo placer.

Mi sangre menstrual

es la conexión con el cosmos.

A través de mi sangre

mis ancestras

vuelven a la vida.

VIII

Agradezco

lo que hoy acontece.

Me lleva

más allá de lo inmenso,

más acá de lo singular.

Pies,

sobre la tierra.

Coronilla,

hacia el cielo.

De la vida al deseo,

del deseo a la vida.

Guía.

Guíame,

que a veces me pierdo.

Ayúdame a ver

lo que se encuentre

por fuera de lo evidente.

IX

Adicción al amor esquizofrénico

que hace recorrer por mis venas

el placer y la nostalgia.

Imágenes saltadas de recuerdo idílico

que llenan mi corazón

con dudas respecto del tiempo pasado.

Tú,

desnuda sobre mi cuerpo,

durmiendo un día de verano

con el aplastante calor de la tarde

después del amor maratónico.

El presente es

mi mano sobre tus nalgas

y tu pecho sobre el mío.

Mi nariz

en tu cuello

y el aroma del amor

recorre hasta el fin de mis canales receptivos.

Me lleva a conectarme

de maneras nunca antes vistas.

Haciendo del deseo,

el único deseo.

Nuestra interacción,

tan única,

arraigada en nuestra primitividad,

recala lo más profundo de nuestras almas.

Conecta a nuestras ancestras hasta el momento presente

para estallar en creación infinita,

en el avistamiento del paraíso.

Tú y yo,

mi paraíso terrenal,

mi pozo profundo

que me aleja de la realidad.