Encuentro Sabina Editorial y Feministas Lúcidas

Entrevista a las mujeres de DetransiciónChile (1)

Jessica Gamboa Valdés

17 de abril de 2021

Saludo a todas, especialmente a Sabina editorial, Ana Mañeru Méndez y Carmen Oliart, a mis amigas y semejantas de feministas lúcidas

Quiero también reconocer a Sandra Lidid por la transcripción y colaboración en la edición de la entrevista.

Han y Ariel,  son mujeres que deciden hacer una apuesta política- política de lo simbólico- salir al mundo y poner en palabras su experiencia- su partir de sí –  respecto a su vivencia con la transición y posteriormente su Detransición.

Me quiero referir brevemente con dos reflexiones o comentarios que he destacado de la entrevista, luego abrir la conversación.

Una primera cuestión, es cómo la identidad trans se sostiene desde una política institucionalizada, por ende, dotada de poder social para administrar y representar a grupos o individuos identificados con esta categoría, regulando bajo sus lógicas la relación de los sexos, es decir, el hecho de ser mujer u hombre, pero anclado a una serie de estereotipos preestablecidos y codificados por el régimen de mediación con poder, que conduce en este caso, a estas dos mujeres, cada una en su singularidad a un proceso de identificación con lo ya dado, lo dicho, lo normalizado, es decir, los roles de género – femenino o masculino – propios de una cultura basada en el Uno, negadora del origen materno y canceladora de la alteridad.

Esta violencia que una mujer vive, es lo que Simone Weil llama el doble tirón o error de epistemología que ha traído mucha ajenidad e inadecuación despojándonos de nuestro sentir y placer propio para ser y estar en el mundo, sobre todo, con las políticas de igualdad que han sustituido el orden materno no coactivo  (Diana Sartori) por la libertad individual moderna que te invita a ser un hombre, con la condición de que nuestra diferencia sexual femenina pase desapercibida, fingiendo que no tenemos cuerpo.

En la actualidad no hay novedad, al menos, para las que nos afirmamos en nuestra diferencia sexual y el placer de ser mujeres, cómo la política de la identidad ha ido ganando terreno, lamentablemente también con el apoyo de algunas feministas que, embelesadas por la homologación con los hombres, han contribuido con el régimen de mediación con poder que sobre todo, se sustenta en la negación del origen materno, principio e inicio de toda obra civilizatoria, es decir, la madre concreta dadora de vida y palabra, porque somos traídas y traídos al mundo por una mujer y de ella aprendemos en nuestra primera infancia a hablar con su lengua materna, es decir, traer al mundo el mundo. Y es la diferencia sexual femenina la que tiene la capacidad de ser dos – el más del cuerpo femenino- de por sí dispuesto o abierto a la alteridad porque la alberga y las mujeres somos las depositarias de la lengua materna, porque nacemos con un cuerpo de mujer con su capacidad de ser dos -que no determina a la maternidad- pero allí está, y una clítoris, fuente originaria de nuestro placer – el orgasmo clitórico- al igual que nuestra madre, otra mujer.

Por ejemplo, se logra percibir en el relato de Han y su relación con la madre, la apertura que tuvo para apoyar la transición de su hija y lo hace como un gesto de amor, y luego al  detransicionar la acoge nuevamente, sabiéndolo sin más.

Esta política identitaria ha cobrado una fuerza nunca antes vista, pues precisamente, el final del patriarcado ha precipitado una maquinaria misógina impulsada por lobistas del género que, afín con los intereses políticos del poder homosocial, requiere a toda costa reponer, una y otra vez, su política sexual fálica encasillando la relación de los sexos ahora en una multiplicidad de identidades de género aun cuando, la idea base sobre los roles o estereotipos de género para definir a hombres y mujeres, fueron develados por las mujeres feministas en la década de los setenta del siglo pasado y que, sin embargo, hoy se revitalizan con la oleada posmoderna academicista en rechazo de la libertad femenina que ha descreído del contrato sexual y de la heterosexualidad obligatoria porque, el patriarcado y su miseria, ha caducado en las mentes y en las vidas de muchas mujeres.

Hemos llegado al punto en que, en distintos países del mundo, se han instaurado las políticas que legitiman la existencia de las identidades sexuales, como si efectivamente la diferencia de ser mujer u hombre fuese el problema, por el contrario, la tergiversación consiste precisamente en reducir la diferencia sexual a un mero dato biológico que, mirado desde la miseria masculina, es visto como opresión, dadas las condiciones sociales impuestas por las sociedades patriarcales, que desvaloriza lo femenino y enaltece lo masculino, es decir, la relación jerárquica entre los sexos, sin embargo, la materialidad de los cuerpos existe siempre acompañada de su dimensión simbólica para significarse durante toda la vida, y es justamente lo que la política de la identidad esconde, pues, hace aparecer la diferencia sexual como un cerco para la libertad, la pregunta entonces es ¿qué estamos entendiendo por libertad? Diana Sartori (basada en Arendt) plantea que el ejercicio de la libertad está enraizado a la condición intrínsecamente humana que es el nacimiento y no por una libertad construida que se expresa en el individuo o el sujeto autónomo de la modernidad.  En efecto, ser nacidos y nacidas de mujer, es nuestro principio de libertad dado por nuestra madre. En tanto, la identidad con su tendencia a cerrarse, pues evita la apertura a lo otro, a lo nuevo suele quedar atada a categorías estancas que definen o delimitan lo “que se es”, un expresarse y representarse, algo muy propio de la política de la identidad. En cambio “quien se es”, escapa al dominio o a la representación, porque se corresponde con un orden no coactivo o principio ordenador materno que está siempre abierto porque es irreducible, pues quien se es, parte de sí, de la propia experiencia

En consecuencia, el debate que gira en torno a las  identidades tiene un trasfondo misógino promovido por el gran lobby trans que consiste en borrar a las mujeres y sus experiencias libres para ser, vivir y amar. Además de lo que ya ha dicho Ana, sobre el gran mercado que enriquece a conglomerados farmacéuticos y otros capitales globales, como es la industria médico/psiquiátrica que certifica con su saber científico la ejecución de procedimientos hormonales y quirúrgicos, etc.

Hoy que las políticas de la identidad, apoyadas por lOs feminismOs han iniciado una campaña mundial para borrar y eliminar el origen materno  y la libertad femenina, Por ejemplo, que no se diga que somos nacidas y nacidos de mujer, que no se diga leche materna, un gran NO que se vale de la fuerza de la ley para querer callarnos y obligarnos a dar el consentimiento femenino a la identidad. Sin embargo, libertad femenina es relacional y está por encima de la ley, porque es el lugar de la existencia simbólica (Lia Cigarini), es decir, afirmase mujer, sin miseria, sin jaulas patriarcales.

Una segunda cuestión es cómo influye la cancelación del amor entre mujeres o la existencia lesbiana como una experiencia visible y socialmente aceptada. Sobre este punto me quiero detener, pues, el amor entre mujeres es una de las formas más reconocibles de cómo funciona la  institución política de la heterosexualidad obligatoria y Rich nos la ha presentado de forma magistral en los años ochenta, al develar su carácter impositivo, que consiste en colocar el placer sexual masculino como “la sexualidad”, que, legitimada por la ley y otras instituciones dotadas de poder social, la sitúan como eje de la política sexual, mediando, de esta forma, las relaciones entre los sexos, por tanto, la reviste de obligatoriedad. En efecto, el concepto heterosexualidad obligatoria, sirve justamente para reconocer cómo se han intervenido los vínculos de amor entre mujeres.

Esta obligatoriedad de la heterosexualidad ha sido nefasta pues ha implicado que muchas mujeres se han subsumido en una “doble vida” como estrategia de sobrevivencia, o en el caso de Han y Ariel, encuentren refugio en la identidad trans, dada la ausencia de referencias positivas y visibles de amor entre mujeres en el imaginario social y cultural, esto también debido a su silenciamiento y persecución, y justamente, la teoría masculina psicoanalítica, una de las más misóginas ha estigmatizado a la mujer que no desea el coito, etiquetándola como “ desviada”, “frígida”, “histérica” o “envidiosa del pene”. De ahí a que también la transexualidad se presente como una alternativa viable a los ojos de las niñas y mujeres que aman a las mujeres.

Considero que también sobre la identidad lesbiana hay que estar atentas, por la implicancia que tiene colocar la sexualidad como lugar de enunciación, es decir, qué se es, pues corremos el riesgo de retornar de alguna forma, a lo identitario,  por ejemplo, al decir, “feministas heterosexuales y lesbianas”, haciendo de esta identificación una postura política, invitando al mismo tiempo a un partir de sí, iniciado desde la idea de una sexualidad lesbiana que, a la larga, hace la operación de ir sustituyendo la diferencia sexual femenina y su infinito propio para significarse libremente.

Por último y, a modo de cierre, quiero mencionar que el proyecto Detransición, que en la actualidad no está visible, pues recibieron muchas amenazas y violencias por redes. Sin embargo, su palabra y experiencia ya está puesta en el mundo, haciendo simbólico. Ellas, Ariel y Han, hacen simplemente una invitación a la alteridad, “Detransicionar es ser una mujer libre” dice Ariel, y nos abre paso a la interrogación. Para darle sentido he tomado una idea de Clara Jourdan (ella hablando de la maternidad subrogada) que dice:  “si esta realidad que es percibida por muchas como de riesgo o peligrosa, requiere de ser interrogada”  poniendo el acento en las mediaciones femeninas como necesarias para que “no vaya entrando en el sentido común la cancelación de la libertad femenina y de la diferencia sexual” a lo que agrego -con la normalización de las identidades de género o la identidad trans-  sobre todo hoy en que una parte no menor de mujeres está cediendo simbólico para afianzar estas políticas.

(1) http://autonomiafeminista.cl/entrevista-a-detransicionchile/

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