Cuando el deseo de una hace circular la autoridad femenina, Jessica Gamboa Valdés

Cuando el deseo de una hace circular la autoridad femenina, Jessica Gamboa Valdés

Bienvenida la escritura femenina. Lanzamiento de la Biblioteca Itinerante de Feministas Lúcidas

01 de mayo, 2021

Primero que todo, estoy muy emocionada por este lanzamiento de la Biblioteca Itinerante de Feministas Lúcidas, lo siento como un nacer o un hacerse inicio para traer algo nuevo al mundo, ustedes dirán ¿qué de nuevo? si los libros ya están escritos y existen ya en el mundo. Eso es muy cierto. De igual manera como también hay relaciones cotidianas entre las mujeres, entre madres e hijas o entre amigas y,  sin embargo, no las nombramos o no le damos valor porque, justamente, lo que no está presente es el simbólico de la madre mediando estas relaciones, y nosotras, las mujeres, sabemos lo que implica esta ausencia de la madre como dadora de vida y palabra, es decir, de su lengua materna, porque la hemos sufrido  (algunas más, otras menos) bajo la miseria simbólica del orden patriarcal.

Si reconocemos la autoridad materna como origen significa que hacemos principio o inicio en el “aquí y ahora”, ya que la riqueza dada por la madre la podemos restituir en la relación con otras y través de intercambios con nuestras palabras, creaciones, gestos, entre otros,  que traen el sentido genuino de la autoridad (de augere), cuya cualidad es relacional. Ahora bien, los intercambios hay que nombrarlos y eso es un trabajo político precioso porque pone en circulación la autoridad femenina como “mediación viva”[1] con la medida de sí, del propio deseo y en relación con el mundo.

Yo he tenido la fortuna de vivir la experiencia que considero de autoridad femenina, reconociendo la presencia de las figuras de intercambio como la contratación y las ganas de ganar [2] que se ha dado en el grupo de las Feministas Lúcidas, espacio que comenzó en 2014 como un club de lecturas y que, con el pasar de los años, se ha transformado en un lugar fértil, donde encuentro auge porque practico con otras la política de las mujeres -política relacional- que ha sabido de la necesidad de restituir la autoridad de la madre para vivir en libertad, que es relacional.

El año pasado (2020) hice explícito mi deseo: “quiero tener libros físicos para compartir con otras mujeres”, deseo de hacer circular a las autoras que leemos y nos gustan, las que a mí, personalmente, me han dado mucho auge y en su mayoría son autoras que hemos conocido a través del pensamiento de la diferencia sexual. Primero se lo comenté a Andrea, mi compañera de vida y semejanta política, a ella le encantó la idea y me ha dicho que lo comente a las mujeres del grupo para saber qué les parece, con eso me sentí ya muy segura y animada, luego se lo hice saber a las chiquillas siendo mi deseo muy bien acogido, pues solo fue eso, decirlo sin saber cómo y qué resultaría porque primeramente la idea era que cada una comprara y donara un libro. Posteriormente las cosas se fueron dando en la medida del propio deseo, sintiéndome en la completa  libertad y autorización para hacerlo. Así fue que comencé a gestionar algunos libros con Sabina Editorial a través del correo electrónico, recuerdo que Carmen Oliart una de las socias, me respondió muy alegre con la propuesta, luego continuamos con algunos correos más hasta concretar el modesto y preciado pedido. Estamos muy agradecidas del tiempo que se tomaron para hacernos llegar las joyas que colocan en el mundo.

Pasaron varios meses entre medio de la pandemia y sin proponérnoslo fuimos coincidiendo en las redes sociales y compartido algunos encuentros virtuales, entablando una bella relación con las mujeres que conforman la Editorial Sabina, Ana Mañeru, Carmen Oliart y  Eva Sánchez. Esta  relación nos ha traído mucha felicidad, sobre todo y quiero hacer explícito en nombre de Feministas Lúcidas nuestro reconocimiento y afecto por Ana Mañeru Méndez, quien ha apoyado el proyecto de la biblioteca itinerante donando joyas de su biblioteca personal. Su presencia mágica e inesperada nos hizo también sentir y saber que lo que estábamos creando era algo muy grande y nos lo tomamos muy en serio. De esa manera hemos trabajado durante muchos meses, cada una asumiendo una tarea a su gusto. Por ejemplo, creamos la página web de feministas lúcidas, diseñada y pensada por nosotras para colocar en el mundo nuestra política de las mujeres y haciendo registro de la historia del grupo y, por supuesto, allí está el catálogo de la biblioteca. Puedo decir que desde puse mi deseo en palabras me he sentido autorizada por cada una  de mis semejantas que, al igual que yo, deseamos restituir el simbólico de la madre en el mundo.

Este primero de mayo estamos haciendo el lanzamiento oficial de la biblioteca Itinerante de Feministas Lúcidas, la que funcionará, por ahora, en la ciudad de Santiago de Chile de forma gratuita. Es la manera en que queremos convidarlas a hacerse mediación viviente, ya sea  leyendo, hablando, sintiendo, pensando, creando, para que el deseo y la autoridad femenina que hizo posible esta proyecto de biblioteca impregne el deseo de ustedes por amor a la escritura femenina y su existencia libre.


[1] Desarrollada por Clara Jourdan, en intercambio con Luisa Muraro y Lia Cigarini,sobre autoridad femenina.

[2] Figuras de intercambio desarrolladas por Lia Cigarini.


La lengua materna con su alcance infinito, Ana Mañeru

La lengua materna con su alcance infinito, Ana Mañeru

La Lengua materna con su alcance infinito, Ana Mañeru Méndez.

Madrid- Santiago (Universidad de Chile), 13 de mayo de 2021

Gracias Andrea por invitarme a hablar. Es un honor y una alegría para mí poder  compartir esta clase con vosotras y vosotros.

Cuando tenía solo cinco años tuve que aprender un pequeño poema para recitarlo en público en el colegio de monjas al que asistí durante trece años. Iba disfrazada de carmelita descalza y representaba a la mística francesa Santa Teresa  de Lisieux. El poema, que no he olvidado nunca, decía así:

“Encontré un fácil atajo

para llegar a esta cumbre

y ardiendo en divina lumbre

¡aquí me tienes Señor!”

Pasé mucha vergüenza porque era tímida y lo sigo siendo. Pero a pesar  de eso lo recité firme, aunque estaba temblando por dentro como una que obedece (de ob-audire) que oye algo que está fuera y también dentro de sí, su destino, su vida. Desde entonces he tratado de responder a lo que oía lo mejor que he sabido, con temor reverencial pero también con ardor, con pasión. Han sido respuestas a las llamadas que me invitaban a alcanzar cada una de las cumbres que iba encontrando en el camino. La invitación de vuestra profesora Andrea Franulic Depix es una de esas llamadas a la que he respondido sin dudar. Así que ¡aquí me tenéis!

La cumbre de hoy es llegar de nuevo a la lengua materna, recuperar la que aprendimos de nuestra madre en los primeros años de una forma relacional y amorosa, no reglada, cuando ella o quien estuvo en su lugar, nos enseñó a hablar con placer haciéndonos viables en el mundo. Digo llegar de nuevo pues se trata de recuperar la lengua que ya teníamos, la que ella nos regaló. Es decir, se trata de  recuperar el cuerpo con su capacidad inseparable de hablar en lengua materna, que es la lengua en la que las palabras se corresponden con las cosas. Esta no es una tarea pesada ni larga ni difícil, como podrían hacernos creer muchos de los tediosos aprendizajes de reglas y normas gramaticales, que hemos recorrido desde la infancia para lograr lenguajes, que se dicen correctos pero no lo son. La nuestra es una tarea que, de hecho, es instantánea y luminosa cuando ocurre. Nunca termina y requiere comprometerte cada vez en la búsqueda del “fácil atajo” que es el del amor a la verdad. El atajo que permite dar un salto de toma de conciencia en libertad. Los atajos de los que hablaré siempre tienen que ver con el amor y con la libertad.

El salto que supone la toma de conciencia en libertad llega cuando te das cuenta de que, con los años, tu lengua materna se ha ido viendo desplazada por distintos lenguajes, los llamados de prestigio social, que se imponen con violencia desde el poder. Son la mayoría de discursos académicos, científicos, económicos, religiosos, políticos y culturales que tapan lo que es, en lugar de desvelarlo y de nombrarlo sin artificios, porque están en juego otros intereses que no tienen nada que ver con el amor, con el amor al mundo y a la palabra que lo nombra con verdad y belleza.

Los lenguajes artificiales que se superponen a la lengua materna construyen realidades paralelas, pseudolenguas falsas como las que hoy circulan a toda velocidad por las redes. Pero no lo ocupan todo, como ocurría con el patriarcado, que finalmente ha terminado aunque todavía sintamos sus coletazos muy violentos. El antídoto es cultivar la lengua materna con esmero como quien tiene un tesoro que debe custodiar. Justo como ya lo hemos hecho y seguimos haciendo muchas mujeres y algunos hombres. Quizá como ya lo estéis practicando en este curso con vuestra profesora. Y el camino está hecho de movimientos que pueden sonar abstractos, pero luego los aterrizaré con ejemplos de la experiencia, de la mía que es de la que puedo hablar.

El primer movimiento es tomar conciencia y no confrontar con los lenguajes artificiales y artificiosos construidos contra la lengua materna. Se trata de usar la propia lengua sin miedo, junto con otras y otros que te ayuden a no perder el principio de realidad y a no perder tu energía, la que necesitas para conseguir lo que deseas.

El segundo movimiento es sustraerse a esos lenguajes todo lo posible, buscando canales nuevos de comunicación o creándolos cuando no los encuentras. Esto no quiere decir montar una cadena de televisión o una multinacional de la tecnología logística-mediática. Con una interlocutora o interlocutor fiable basta y luego vendrán más, con quienes te transformas  haciendo(te) lugar en el mundo, haciendo mundo, desplazando y repeliendo los no lugares, los lugares vacíos de mundo, que es como llamo a los lugares de destrucción de sentido. Lamentablemente hay muchos y proliferan, por eso hay que estar muy alerta y en relación para avisarnos cuando nos deslizamos hacia el vacío.

El tercero movimiento es leer autoras y autores que valen la pena porque le dicen algo nuevo a tu vida que te ayuda a entenderte y a entender a otros y a otras. También frecuentar obras de artistas que te tocan el alma y te ayudan a hablar en primera persona, partiendo de ti y dando valor a la experiencia, no a las tonterías que ocupan tanto sin decir nada.

El cuarto es atreverte a hablar como quien eres. El mundo es uno y los sexos son dos, femenino y masculino. Todas y todos Nacemos de mujer, de sexo femenino, como ya escribió Adrienne Rich en los años ochenta en el libro que lleva este título. Cada tiempo histórico tiene sus retos, sus descubrimientos y también sus trampas que nos toca desvelar. Actualmente, yo soy una mujer que quiero ser nombrada y nombrarme como tal en femenino, con todo el respeto hacia quienes no se sientan hombre ni mujer y quieran nombrarse de un modo nuevo, pero nuevo, sin que yo tenga que cambiar mi nombre, cosa que no deseo porque no me siento ni reconozco incluida en los nuevos nombres colectivos que dicen proponerse para no discriminar y discriminan justo a quienes les quitan el suyo con el que están a gusto. Sé que este es un tema muy controvertido pero no tenemos que tener miedo a hablar de él por corrección política que se vuelve incorrección sin más. Por eso me pregunto:

¿Transfobia como oposición a transfília?  ¿Transexclusión frente a transinclusión? Son palabras para categorizar en abstracto que se usan para hacer bandos y como insultos. Yo no las uso porque siento que no me corresponden ni me dan ninguna luz, solo veo odio cuando alguien más que pronunciarlas las arroja como quien tira piedras.

¿Lenguaje inclusivo que de hecho excluye, porque quiere sustituir las palabras que dicen hombre y mujer por otras que borren esa diferencia? No lo entiendo, no me parece que tenga sentido.

¿Feministas históricas como oposición a feministas modernas? Mientras estás en la tierra la edad es un factor evidente pero no determinante para tu vida y tu pensamiento. Hay mucha gente joven envejecida y viceversa. Hay una parte de la juventud que desprecia su genealogía e ignora a quienes han vivido antes y han conseguido grandes logros y también una parte de gente vieja que se cierra a cualquier cambio del tiempo presente porque se ha estancado en el pasado sin actitud crítica. 

He hablado de movimientos que pueden sonar abstractos pero ahora pondré un ejemplo que muestra cómo son posibles y dan felicidad además de orientarte en la vida. Doy fe de ello con mi propia vida en la que he pasado por muchos trances difíciles, pero siento un profundo agradecimiento a lo que se me ha presentado como destino como oportunidad de sacri-ficio, no en el sentido tradicional de sufrimiento en el que ha derivado esta palabra, sino en su sentido  original de sacro-facere, de hacer sagrado algo, en este caso hacer sagrado el propio destino, la propia vida.

Un grupo muy pequeño de profesoras de primaria, en los años setenta del Madrid del siglo XX, hablando simplemente al salir de trabajar en los colegios donde dábamos clase, nos dimos cuenta de que estábamos enseñando una gran mentira repitiendo en el aula lo que decían los libros: que el uso del masculino como si fuera genérico era válido para nombrar a niñas y niños, hombres y mujeres y además era lo correcto.

Primero tomamos conciencia de que esto no era verdad ni para nosotras ni para las alumnas ni para ninguna mujer. Entonces sin discutir ni pedir permiso a nadie, empezamos a hablar en femenino y en masculino, en clase, en las reuniones del claustro y en los movimientos de renovación pedagógica que frecuentábamos. Este gesto tan sencillo que no necesitaba leyes ni presupuestos fue una revolución, solo contestábamos escuetamente a los ataques que recibíamos por nuestra iniciativa, que fueron muchos y disparatados. Algunos compañeros se unieron tímidamente a este cambio y fue muy de agradecer porque ellos también recibieron críticas. A partir de ese momento ya nunca más aceptamos ni volvimos a enseñar el lenguaje masculino usado como si fuera universal, al que, por cierto, llamaban también inclusivo pero con un significado precisamente opuesto a su uso actual.. 

El segundo paso fue seguir la pista a lo que íbamos descubriendo y tratar de escribirlo: en resumen vimos que ese lenguaje lo impregnaba todo, las relaciones de y entre los sexos, las concepciones violentas de la sexualidad, el desprecio por lo femenino, la falsificación de la genealogía femenina, los usos del tiempo y los espacios de alumnas y alumnos, los juegos, los libros de texto, las actividades extraescolares, las relaciones con las madres y los escasos padres, las jerarquías escolares de todo tipo, donde ellos tenían el poder aunque casi nunca la autoridad. Tengo miles de anécdotas de aquellos años en los que vivimos esta revolución simbólica apasionante, nosotras dimos un salto del orden simbólico, un salto del lenguaje establecido para recuperar la lengua materna. Un salto de vértigo para el patriarcado que empezaba a tambalearse. Ahora sé contarlo, pero entonces toda la energía la empleábamos en vivirlo Y está bien porque cada cosa tiene su momento.

El tercer paso fue dedicarnos a leer autoras y algún autor y comentar, concretamente yo leía a San Juan de la Cruz por su poesía amorosa, que ampliaba también el horizonte de libertad  masculina. Nuestras autoras favoritas fueron Adrienne Rich y Emily Dickinson, estas fueron las primeras para mí.  María Zambrano, Clarice Lispector, Luce Irigaray, Luisa Muraro y Milagros Rivera vinieron después junto con colaboradoras de las revistas Via Dogana, editada en Milán, y Duoda, editada en Barcelona. Tratábamos de captar las palabras que resonaban en nosotras con júbilo por expresar con acierto y precisión lo que sentíamos. Luego las repetíamos como mantras, porque nos servían para responder a lo que  queríamos decir pero aún no sabíamos cómo o no nos atrevíamos a decirlo con palabras propias.

El cuarto paso fue cuidar, revisar y recrear la lengua que hablamos, hablar y escribir venciendo el temor a equivocarnos, a no saber bastante, cultivando las relaciones de reconocimiento de autoridad femenina entre mujeres y también con hombres no patriarcales. A pesar de los fracasos, quisimos seguir confiando para fundar lo que deseábamos que existiera y no estaba en el mundo, viendo con tristeza el fin de algunos proyectos pero ilusionadas por el nacimiento de otros, dejando caer con ligereza lo que nos sirvió en su momento pero ya no nos servía más. Se trataba y se trata de cuidar mucho las palabras cada vez, para que no se filtren el poder y la violencia, para no dejarnos deslumbrar por el conocimiento científico y técnico, casi siempre ciego a la vida y las relaciones, para que no nos arrastren la ciencia positivista con su acumulación de datos abstractos que oscurecen el saber concreto de la experiencia y nos dejan sin suelo, sin aire y sin agua. Sin fuego también, ese fuego que nos hace arder en la divina lumbre, de la que hablaba el poema que recité cuando era muy pequeña sin saber todavía su alcance cósmico, fuego de estrellas, de constelaciones, de galaxias, de infinito. Un fuego que nunca he olvidado.

No Somos Vulnerables, Hemos Sido Vulneradas. Sandra Lidid

No Somos Vulnerables, Hemos Sido Vulneradas. Sandra Lidid

En los años 60, Kate Millet plantea que la cuestión de la jerarquía pone al los nacidos hombres en un plano de superioridad sobre las nacidas mujeres y que esto va más allá de las clases sociales, las diferencias raciales y políticas. Es entonces cuando el movimiento feminista asoma la cabeza desde el feminismo de la igualdad  y pone en cuestión la base histórica política y económica del patriarcado. Esta nueva mirada cuestionará la relación de la civilización con el planeta.

Desde esos tiempos  la política de los acuerdos  entre machos se inmiscuye en el movimiento feminista para volverlo a poner en la política de la igualdad patriarcal. En los años 80, muchas feministas resistimos, pero la intervención de la Cooperación al Desarrollo, sus programas y dineros, concretaron la división del movimiento feminista. Un enjambre de ofertas logró que dejáramos de ser compañeras o hermanas y aparecieron las “expertas” en mujerío.

En Chile, desde el feminismo autónomo denunciamos la intervención de las políticas patriarcales que se apropiaron de la Casa de la Mujer La Morada y de Radio Tierra y Casa Sofía, todas instituciones que fundó Margarita Pisano para que el feminismo creciera como un hecho político autónomo, libertario y digno.   A poco andar, la cooperación al desarrollo recupero esas instituciones para que volvieran al caudal de la ideología de la igualdad patriarcal. En esa misma época, cada partido de la igualdad en el neoliberalismo creó su propia institución de mujeres y desde allí implementaron los programas que la cooperación al desarrollo tenía para las mujeres. Muchas mujeres de esas instituciones se han beneficiado durante 30 años del simulacro de democracia neoliberal.

La autonomía fue invisibilizada, descalificada,  menospreciada y sobre todo, aislada. Frases como “nuevo trato”, o palabras como propositivo, inclusión, conciliación, reconciliación aparecen en el lenguaje cotidiano. El pueblo y básicamente las mujeres son representadas como objeto de beneficencia. Este lenguaje que nos señala como vulnerables, en situación de riesgo, de calle y otros, oculta la responsabilidad de los victimarios.

Fueron más de 30 años difíciles. No encontrábamos a nuestras compañeras… hasta que el estallido social  y la explosión de un feminismo desconcertante por sus masividad, variadas formas y contenidos, irrumpe en las calles. Ese feminismo es heredero de la resistencia al neoliberalismo y al patriarcado. Pero no solo el feminismo autónomo está al origen de la revuelta, son múltiples las personas y organizaciones artístico-culturales y políticas que han resistido desde los más recónditos y acorralados lugares del territorio.

Hoy el patriarcado, amenazado en sus raíces, tiembla y dispara para espantar a la bandada. No tiene con quien conversar, con quien dialogar, con quien sentarse como gente “decente” a planificar la gobernabilidad.

Los monstruos de la gobernabilidad desatan sus feroces demonios contra el estallido social.  Sin embargo este los desafía una y otra vez. Los monstruos saben que a la primera de cambio su sistema puede reventar. Los monstruos de la gobernabilidad están despavoridos, perciben el despeñadero que tienen a sus pies.  Los monstruos buscan en el basurero de la historia y se agarran de lo que encuentran a mano para no caer al despeñadero. Balbucean que son  feministas y a falta de convicción sacan a relucir mujeres dispuestas a dar un pasito más en la ignominia. Estas mujeres llaman a la gobernabilidad, la reconciliación, la concordia, la paz, la igualdad, y desde un supuesto feminismo   y  por un puñado de pesos, negocian directamente con la extrema derecha, con la misma que ayer, hoy y mañana violaron, violan y violarán los derechos fundamentales para la sobrevivencia del planeta.

Sandra Lidid

abril 2021

¿Has sufrido alguna vez violencia hermenéutica? Andrea Franulic

¿Has sufrido alguna vez violencia hermenéutica? Andrea Franulic

¿Has sufrido alguna vez violencia hermenéutica?[1]

Tengo un recuerdo, de esas imágenes de la memoria de la infancia que si nos piden que detallemos, se esfuman. Yo creo que no tenía más de 3 años. Iba de la mano de mi madre, entrando a su lugar de trabajo. Yo, tomada de su mano, le pregunté por la palabra que nombraba a la cosa que estaba viendo ante mí y que era un lugar: un edificio con bancas, caminos, pasillos y desierto alrededor. Ella me dijo “universidad” y yo repetí “universidad”. Me costó la pronunciación porque es una palabra larga, pero finalmente la pronuncié como mi madre me enseñaba: u-ni-ver-si-dad.

El lugar de trabajo de mi madre era la universidad de Antofagasta, ciudad costera del desierto de Atacama. La universidad de mi madre era un laboratorio con tubos de ensayo y sustancias, un bioterio con ratas blancas y una pizarra gigante para escribir con tizas. Mi madre era bellísima y muy joven. Mientras ella trabajaba, yo rayaba la pizarra y, luego un poco más grande, jugaba a ser profesora. También nos llevaba a casa elementos de laboratorio para que jugáramos con mi hermano. Así, teníamos tubos de ensayo, pipetas, matraces y otros elementos con los que imaginábamos ser científica y científico. Pero a mí me gustaban más las letras y me encantaban las pizarras.

Cuento esta experiencia porque creo que, de alguna manera, me salvó, quizás no totalmente, de la violencia hermenéutica que me tocaría vivir en mi vida adulta también como mujer universitaria. Me salvó porque conocí la palabra que nombraba la cosa desde la lengua materna de mi madre, tomada de la mano de su simbólico, y la vi a ella, la vi concebir conceptos con placer. Sin embargo, ahora pienso, cuánto, la violencia hermenéutica, le habrá matado su ruiseñor. Y me duele pensarlo. Me duele pensar que mi madre sentía placer en lo que hacía, pero cuán sucedáneo era dicho placer, pues permanece en la institución universitaria hasta el día de hoy y a veces la noto cansada y triste. ¿Cómo puedo volver su ruiseñor a mi madre?

¿Y qué pasa conmigo y la violencia hermenéutica? Como decía, siento que mi madre me ha rescatado de ella, sin saberlo. Me ha rescatado porque también me permitió contemplarla desde pequeña y verla, hermosa y concentrada, estudiar. Me animaba la forma rápida en que movía el lápiz para tomar los apuntes que leía de sus libros de bioquímica. Yo sentía placer mirándola y admiración por su letra grande, redonda y manuscrita. Así, siendo niña, sentí y viví el placer de concebir conceptos sin falo, inspirada en mi madre.

Por ejemplo, sentía mucho placer haciendo las caligrafías que mi maestra Cristina, que mediaba con Amor su práctica educativa, nos mandaba a realizar a diario. Sentía placer porque lo pedía ella y yo las escribía pensando en que ella las iba a leer, entonces en lugar de copiar los cuentos de los libros escolares (en esto consistía la tarea de la caligrafía), yo inventaba mis propios cuentos y ella se alegraba mucho, felicitándome. Ese placer de concebir conceptos sin falo siendo niña, lo he sentido en mi práctica de la política de las mujeres siendo adulta, en especial, con la escritura femenina. Y reconozco, reconozco en estas experiencias de niña-vieja [2] “el placer de la concepción de conceptos”.

Mi madré me salvó, aunque cuando yo creciera ella consideraría que mi único destino posible era la universidad. Yo he estudiado, luego de mi carrera de pedagogía en castellano, un magíster y un doctorado en lingüística: pesadilla fálica, pensamiento del pensamiento, violencia hermenéutica. Fui ayudanta de un profesor de gramática o morfosintaxis mientras cursaba el pre-grado: pesadilla fálica que niega la lengua materna para transformarla en sistema de signos abstracto, equivalente a un tablero de ajedrez, al que puedes jugar e incluso entretenerte con inteligencia, pero que es solo eso. Finalmente, decidí abandonar esta ayudantía y seguir mi deseo. Como muchas, y como mi madre, sentía placer por el estudio y, como podía, extraía algo del sucedáneo que me daban y llegaba a sonreír.

No fui inmune a la violencia hermenéutica universitaria. Es más, podría ahora mismo enumerar algunos ejemplos y ya van siendo varios, pues desde que la sé nombrar, gracias a la visión de María-Milagros Rivera Garretas, también me voy dando cuenta del daño que me ha hecho, considerando todo aquel que no veo o no llegaré a ver porque “la vida del alma queda afectada para siempre”. Por ejemplo, en el doctorado, tuve la experiencia patente de la violencia hermenéutica universitaria en todo su esplendor, la de “presentarse el placer cognitivo masculino como placer cognitivo universal”: el lenguaje árido sin entrañas, el ritmo despiadado de las evaluaciones, la competencia por la nota o el cargo, la obsesión por objetivar, la imposición del método científico, el pensamiento crítico del análisis de discurso, etc.

Sin embargo, al mismo tiempo, siento haberla esquivado bastante y he querido, en este ejercicio, darle algo de luz a este esquivar y redimir el daño sufrido, también por mi madre. He permanecido en la universidad como espacio académico y laboral sin que esto me haya quitado el placer de la escritura femenina libre que, en mi caso, ha ido de la mano de la política de las mujeres. Mis energías creadoras las he puesto y las he descubierto en las relaciones entre mujeres, siendo estas siempre más prioritarias y fundamentales para mi vida que cualquier otra cosa.

Para esto, he equilibrado el tiempo y el dinero, procurando horarios flexibles, sin concursar nunca, hasta ahora, para tener una jornada o un cupo en la universidad que implique permanencia en ella. Me ha guiado Kairós[3]. Esto, en mi país, implica menos dinero y menos estabilidad económica, pero luego de años, donde al principio experimentaba bastante precariedad, he logrado vivir sin que me falte nada, siempre procurando lo necesario materialmente para el placer de la concepción de conceptos.

En los últimos años, en los que el patriarcado ha llegado a su final, he logrado aunar tiempo libre y estabilidad laboral: algo inusitado que no pasa por contrato laboral ni lobbie alguno, sino por el estar en relación y por el reconocimiento de mis aportes y la importancia de mi presencia allí, porque otra vio autoridad en mí. Y me refiero a los últimos años en los que he leído en profundidad a las autoras del pensamiento de la diferencia sexual, abriéndome a integrar los espacios de mi vida y a dejar de existir escindidamente.

Junto a la política de las mujeres y la escritura femenina, he ido haciendo de mi paso por la universidad una experiencia de placer clitórico, porque soy profesora y he aprendido a estar en el aula en femenino [4]. ¿No es acaso esa pizarra grande de fondo negro donde el sonido de la tiza resonaba en mi alma de niña? Mi madre, entonces, así de jovencita, también era profesora en la universidad y lo sigue siendo. Su hermana es profesora de escuela. Mi tía abuela fue profesora normalista. Cuando digo menos escindida, me refiero a que esta genealogía materna y femenina vive dentro mío y, junto con ella, el placer femenino de la concepción de conceptos.


[1] Escritura a partir del ejercicio y tema 6 de la asignatura Sexuar tú la política, impartida por María-Milagros Rivera Garretas
en el máster de Estudios de la diferencia sexual en Duoda, Universidad de Barcelona.

[2] Expresión que me enseñó Adriana Alonso Sámano.

[3] El tiempo de las relaciones. Ver María-Milagros, Rivera Garretas, Mujeres en relación. Feminismo 1970-2000, Barcelona, Icaria, 2001.

[4] María-Milagros, Rivera Garretas, “Estar en el aula en femenino”, El amor es el signo. Educar como educan las madres, Madrid, Sabina, 2012, p. 28.