Segundo comentario al leer “Incitada”. Por Camila Antonia.

Segundo comentario al leer “Incitada”. Por Camila Antonia.

Incitada es como un poema largo

y es profundo

como tu vida

que despierta en mí

las ganas de escribir y escribirte

Incitada es una práctica política

entre flores

entre raíces

Es Incitada una palabra hermosa

que traes a nuestras bocas

la escribes para que la leamos

y nos llene el cuerpo de significado

Te imagino escribiendo

Incitada por las mujeres en tu vida

y son un mar

de mujeres

que vienen con palabras

con risas

abrazos

con ideas

con arena

con amores y dolores

Todas estas mujeres

te inundan

te aprenden

te sostienen y te sueltan

como las olas

como tus palabras

resonando en nuestro cuerpo

Tú te dejas mecer

por este mar

de mujeres

y parece una danza

Dejas que el agua te refresque

respiras hondo

sin dejarte abrumar

feliz de haberlas descubierto

feliz de amarlas

y te nacen escamas

brillantes en la piel

tu pelo crece

hasta fundirse con la sal

y te vuelves la mar

que con el incesante susurro de su oleaje

nos cuenta nuestra historia

Conjuras este libro

y el tiempo

aunque parezca imposible

se detiene

«Incitada»: una reseña de Doménica Francke-Arjel

«Incitada»: una reseña de Doménica Francke-Arjel

Un precioso hilo que se suma al tejido de la libertad femenina, hoy por fin podemos tocar este hilo, retornado en la antigua y mágica forma de libro.

Este libro es la primera antología del pensamiento de mi amiga y maestra Andrea Franulic Depix, feminista de la diferencia sexual radical.

Quiero comenzar la presentación del libro diciendo que en sus páginas podemos recrear con palabras, parte del camino de Andrea en los complejos y a veces sinuosos senderos del feminismo, por una parte, pero, sobre todo, del pensamiento vivo de las mujeres.

Y así Andrea nos muestra que el ejercicio de la escritura acompaña a la vida, no se separa de ella, da testimonio de sus vueltas, sus ciclos y revueltas, y fluye. Forma tan femenina de experimentar esta vieja delicia de la escritura, que Andrea practica como la Maestra que es.

Como mujer implicada desde hace muchos años en la política de las mujeres, Andrea puede ser considerada, y así la considero yo, una testiga en primera persona, también de la política y del feminismo chileno y latinoamericano.

Así, por ejemplo, en sus páginas me trae a la Andrea más categórica de los primeros años… Yo conocí a Andrea por “Una historia fuera de la historia” y por su tesis de magíster, y le agradecí y agradezco por esa franqueza que sigo sintiendo necesaria en la época del imperio de lo políticamente correcto, también en el feminismo, o mejor dicho: sobre todo en el feminismo.

Rescato esta cita de la reseña que escribí el 2021 para la edición virtual: “Se trata de una aventura en la que ha desarrollado y desenrollado cada hilo de pensamiento que le permitió la apertura en algún momento, aunque para ella, algunas de esas madejas ya hayan llegado a su fin”.

Andrea toca temas o figuras, si se quiere, caros al pensamiento de las mujeres que se presentan y regresan constantemente en nuestras conversaciones orientadas a intentar entender-nos y entender el mundo que compartimos: el acontecimiento del final del patriarcado, la lengua materna, las relaciones y la relación como corazón de la existencia femenina, así el amor, la envidia y los conflictos, y al descubrimiento del feminismo radical de la diferencia, aporte teórico fundamental de la propia Andrea sobre el que seguimos tejiendo y que nos reúne hoy.

Con todo, hoy mis favoritos siguen siendo “La relación madre e hija y la existencia lesbiana”, por razones personales; e “Incólume, esperando”, texto que, además, introdujo en mi Alma esa palabra musical, evocadora, sagrada: incólume

Como profesora, y para quien quiera introducirse en el pensamiento de Andrea y entender algunos aspectos fundamentales de los temas que aborda, recomendaría todo el Capítulo “Hilos y contrapesos”; los artículos: “La E nos excluye, y menos mal”; “Existencia lesbiana y diferencia sexual” (particularmente importante para mí, me dejó literalmente boquiabierta cuando lo leyó a mi lado en Chillán, en nuestro segundo Encuentro del 2018); “¿Qué es la política de la identidad?”; y “De aquí no sale: reflexiones sobre el rumor”, en coautoría con Jessica Gamboa, texto que por mi propia experiencia, lamentablemente compartida con muchas otras, me tocó, me habló directamente y me ayudó a encontrar la claridad en un momento muy doloroso.

Escribí hace un tiempo que todos estos temas estaban convertidos en política por nuestra autora, y a pesar de los matices que se han planteado por pensadoras como María-Milagors Rivera Garretas respecto al uso del término “política”, sigo sosteniendo aquello, al menos mientras entendamos política como el quehacer femenino que permite que nos pongamos en contacto con la realidad, con las diferencias y la pluralidad del mundo, con la medida de la relación que surge de la existencia femenina libre.

Este un libro sobre y de política y un libro teórico, todo en femenino, es decir, verdadero y en lengua materna, habiendo ya abandonado los estériles terrenos de la desconfianza, la crítica y la falosofía de la sospecha.

Por eso, cuando Andrea entrega la concepción del feminismo radical de la diferencia a las mujeres, se trata de un gesto genuino de apertura de mundo, y así lo he experimentado, y lo experimento también junto a otras. Nos invita a reconocer nuestras raíces, con su historia y genealogías, incluida la existencia lesbiana, pero solo con y bajo la luz de la diferencia sexual. Nunca olvidaré cuando expuso en Chillán y dijo estas palabras: “no basta con ser lesbiana”, para enseguida pasar a detallar cómo un lesbian-ismo ciego a la diferencia sexual se vuelve estéril y hasta contraproducente para la libertad de las mujeres. A partir de este punto, su crítica al identitarismo y a la ideología, presentes en muchos de sus textos posteriores, me permitieron romper con ciertas ataduras autoimpuestas y comenzar a conectar con un sinnúmero de pensadoras, ideas y sentimientos, incluidos entre estos últimos, los míos.

Repetiré también aquí las palabras que escribí hace un tiempo respecto a la búsqueda de la verdad. En Andrea siempre nos encontramos con un pensamiento que toma como punto de partida la propia voz, el partir de sí, poniéndose en primera persona en la aventura de la experiencia compartida, así aborde conflictos políticos, el amor entre mujeres o la lingüística y sus problemas y posibilidades. Pensar así: con apertura, con deseo de entender y comunicar, teniendo a la relación como horizonte, tal como nos indica el título (y la breve nota que habla de esta elección tan acertada), pues las voces de las otras ya se encuentran dentro de sí, y han pasado a ser algo más que referentes, pensar así, escribir así, yo lo entiendo como buscar la verdad. Por cierto, yo soy una deseosa de verdad, así que también me expongo a mí misma.

Así, esta búsqueda hecha en femenino nos entrega una pepita de verdad original y femenina. Es la verdad que solo puede encontrar y nombrar una mujer auténtica.

Sigo guardando para mí como un tesoro, uno que amo lo suficiente como para querer compartirlo con otras cada vez que puedo, la característica amabilidad del estilo de escritura de Andrea, estilo de profesora o maestra, o más probablemente ambas. Como cuando habla, ¿ustedes han experimentado el placer de escucharla hablar, aún de lo temas más complejos, incluso dolorosos, de manera tal que sus palabras parecen un bálsamo y dan ganas de abrazarla? Yo sí.

Hay un par de cosas más que quiero decir de Andrea en el marco del feminismo.

En tono de confidencia o confesión, diré que he sido inmensamente libre obedeciendo a otras mujeres en algunas ocasiones de mi vida. Con Andrea me pasa esto. Saber escuchar, saber leer, aprender a escuchar bien, te lleva a obedecer… como una vieja y femenina resonancia de hacer lo correcto porque es lo único posible: ser libre.

Para mí hoy en día Andrea Franulic Depix es la pensadora feminista más auténtica que conozco, y en sus textos encuentro las ideas más originales y fecundas. Andrea se pone en juego, no se limita a repetir parodias del pensar, como tanto acostumbran a hacer hoy esas hordas de feministas contra hegemónicas que son la hegemonía y dedican su vida a hacer aspavientos de rebeldía.

Y en este sentido, en un panorama feminista aburrido, repetitivo, asfixiante, hipócrita y servil, en el que se encuentran títulos como: “la guerra contra las mujeres”, “feminismo bastardo”, “feminismo y revolución”, “la huelga general feminista va” … y en cuyas páginas se acumulan miseria y mentiras sobre nosotras, leer a Andrea es como salir a tomar aire, lanzarse a ser la propia aventura.

Inspiradora, es, quizás la última palabra con que podría describir su escritura.

Así, me quiero quedar con mi gratitud hacia Andrea, pienso que haberla conocido es parte de la gracia de mi vida, ha sido por Gracia que la encontré.

Finalmente, lo único que me queda por hacer es invitarlas a comprar el libro, porque, aunque no es la única, sí es una forma muy concreta de mostrar aprecio por su labor, reconocer la grandeza cuando la tenemos al frente, a leerla, porque se trata de un venturoso descubrimiento, o a releerla si ya lo han hecho, porque encontraran siempre un nuevo eco.

“Incitada” (2da. Edición, impresa) de 2023. Un comentario de Marisol Torres Jiménez.

“Incitada” (2da. Edición, impresa) de 2023. Un comentario de Marisol Torres Jiménez.

Hola, buenas tardes a todas ¡qué gusto y alegría siento al estar aquí con ustedes! Agradezco a Andrea, por pensar y confiar en mí como una de sus convidadas para comentar en el lanzamiento de su libro Incitada, en su segunda edición, que esta vez viene sostenido en la materia, gracias a la relación y asociación con las mujeres de Nudos Feministas, quienes han podido imprimir y encarnar una de las creaturas de Andrea.

Aprovecho también de agradecer a Marcela por ser emisaria y traer nuestra Incitada hasta el valle de Jovel, donde habitamos y hacemos relación.

Para iniciar, quisiera compartirles la letra de una de las canciones de mi amiga, Nidia, titulada “Las Voces”:

“Puedo enloquecer al mundo a mi placer

Pues me gusta hacer siempre todo al revés

Puedo recorrer el cielo y regresar

Para ir a apostar mi alma en la ciudad

Pero no, no puedo callar, pero no puedo callar

Pero no, no puedo callar, pero no puedo callar

Las voces que traigo dentro de mí

Puedo regalarte toda la razón, con tal de bailar al sonido de tu voz

Puedes incendiarme el cielo con un flash

Y en el mar ahogar toda la soledad

Pero no, no puedo callar, pero no puedo callar

Pero no, no puedo callar, pero no puedo callar

Las voces que traigo dentro… de mí. 1

Espero, estar a la altura y a la anchura de tu invitación, Andrea, que, como lo he mencionado en varias ocasiones, eres mi escritora favorita de uno de mis tiempos favoritos. Y me pregunto ¿qué es el tiempo para nosotras, las mujeres?, ¿cómo medir el tiempo para una mujer si no es más que a través del candor de sus relaciones?, ¿es posible relacionarse con quien escribe, a distancia y en la soledad de la lectura sentida? Me atrevería a decir que sí, al menos, es eso lo que pone a disposición, Andrea, para quien la lee y mantiene la apertura como yo lo he podido vivenciar en mis variados encuentros y re-encuentros con la antología de Incitada.

Ella está dispuesta y con apertura a la relación con su lectora o lector. Y quienes amamos leer sabemos lo que ello significa, es diálogo, es juego, es arte, es creación, es cuando las palabras vuelven al infinito sin perder su hilo, porque la autora escribe a partir de su experiencia, y eso es único y singular, pero también nos espejea y nos resuena porque tiene algo que decir de nosotras mismas, tiene algo que decir sobre mí, sobre mis traumas y mis talentos, sobre mis heridas y mis cicatrices, también sobre mis miserias (o no tan mías), pero, por sobre todo, las voces de Andrea se despliegan para hacer de la escritura una posibilidad de la relación, es decir, un lugar donde también habita la política de las mujeres.

“…Muchas de las voces que traigo dentro” Me incitan: reverberan en mí en formato de loop y de repetición, recitando verdades únicas, verdades que me acercan a mi autenticidad, esa que creí perdida en los otros, en sus discursos e ideologías, esa que se resguardó tratando de hacerse pequeña para sobrevivir a la miseria patriarcal, pero su grandeza, la grandeza que procuró y cuidó su madre, y que viene inscrita en su diferencia sexual femenina, su ser no pudo con ella. A la luz de muchos enfrentamientos, y también de revelaciones, la niña-vieja logró salir del desierto de la aridez emancipatoria.

Al igual que Andrea, y me atrevo a decir a muchas de las que estamos aquí presentes y nos sentimos convocadas e incitadas, la voz y el sonido también me han acompañado desde muy pequeña, me atrevo a decir a todas y todos, a propósito de cómo la lengua materna está presente en nuestra llegada al mundo, y ojalá hubiese persistido mi escucha y cuidado de ella, así como no podía vivir sin ella cuando mi madre, Marisol, en calidad de mi primera maestra me la enseñó con toda su Amor.

La voz y las palabras de Andrea también están dentro de mí, también me incitan. Me animan a seguir de pie, a seguir adelante o a regresar si es necesario, me recuerdan que soy una mujer, y también quienes somos las mujeres. Ella, gracias a sus reflexiones hechas palabras escritas, se ha vuelto una necesidad. Leer hoy por hoy a Andrea Franulic es una fortuna y una necesidad.

En Incitada, nos va mostrando muchas de sus preciadas y selectas flores, ella, Andrea, va narrando su amor por y con la palabra desde una afirmación sentida y genuina: “y supe que el patriarcado ha terminado”, acabando ella, “desde el otro lado”, ¿qué hay en el otro lado? Me atrevería a decir, aunque tanto la autora de Incitada como también lo intuyó Carla Lonzi, el universo está hecho más de preguntas que de respuestas y, por lo mismo, tenemos que intentar estar a la altura2. Precisamente, porque ella hace un llamado al orden de la grandeza, a recobrar nuestra atención y cuidado de los valores femeninos (dudo, si llamarles humanos, definitivamente), que son tan necesarios para vivir bien, quizás, como lo mencionó cuando hacía política feminista con Margarita Pisano, cuando nos hablaba de la buena vida, o simplemente, es una conminación a vivir una aventura, la aventura de una misma parafraseando otra vez a Carla Lonzi, una aventura que está a la altura de un universo sin respuestas pero con las coordenadas de la libertad, que siempre, nos lleva a la relación, con todo lo que ella implica.

Gracias al viaje antológico de Incitada, puedo empezar a vislumbrar qué es lo que hay al otro lado: que la lucidez es una práctica, y que la teoría está viva en la relación entre mujeres, en el pensamiento libre de cada una, brota en la singularidad y en la relación con el mundo en tanto mujer, en tanto mujeres. La misma Andrea lo va dejando patente a través de su viaje escritural mostrando cómo su pensamiento está vivo y la relación con el mundo, a partir de ella misma, siempre es una relación sexuada. La anfibia va dejando atrás sus separaciones y los hábitats pantanosos. En cambio, tal como una cangreja, tímida pero visionaria, que recuerda que sus orígenes están en la sal y en la humedad, se abre paso como la verdad de su propia existencia, mientras regresa a la mar, también regresa a sí misma.

Otra de las flores, que nos regala Incitada, es una invitación a pensar a partir de la propia experiencia, pero, sobre todo, nos permite recuperar y restituir nuestra lengua materna, la lengua primera, la lengua que sabe de la coincidencia entre las palabras y las cosas, ¿y que no es más importante recuperar la lengua que existe para decir y para decirnos realmente, que incluso el pensar por una misma? Quienes hemos pasado por el feminismo ideológico y emancipatorio sabemos de ello, nos obsesionamos con pensar, pensar y pensar, con tener cabeza, pero ¿a qué costo? Quizás, y aquí hablo por mí, a separarme de mi experiencia, expulsando mi sentir y rebelándome a mi origen materno y femenino. Mi lectura de Incitada, también ha ido de eso, de mirarme en el espejo mediado por otra mujer, por su autora, que también se dio de tumbos con el discurso y dejó de confiar en su lengua materna, la lengua que no sabe de artificios separacionistas.

Andrea abre puertas y ventanas de la casa que estaba sin aire y sin vida, adornándola con preciosas perlas y fotografías de infancia, que intentan recordar la Amor que sostuvo el origen de la vida, gracias al deseo de una mujer, nuestra madre concreta; y nos conecta con nuestro origen a través de las lúcidas imágenes que nos regala a lo largo de su antología. Sacude, con suavidad y, a veces, no tanto, anquilosadas reliquias y gestos de apego con el patriarcado, la nostalgia de la esclava se hace sentir, pero es más real y profundo el deseo por el orden, por el disfrute y el placer de la vida encarnada, y es más necesario el reencuentro cara a cara con el origen materno, así como sentarte a tomar el té con la genealogía femenina que nos precede.

Incitada es un Viaje personal e íntimo a través de la actuancia política hasta el reencuentro con la lengua materna y la libertad hallada en el núcleo de la genealogía femenina, que la autora desenmascara evidenciando la violencia hermenéutica universitaria que experimentó, develando que quien le mostró por primera vez la coincidencia entre la palabra y cosa fue su madre. Como una gran madeja que necesita ser ovillada, Andrea va hilando y contándonos sus idas y venidas con el feminismo ideológico, las veces que los ruidos han trastornado su vida y, sobre todo, nos ha permitido nombrar, a quienes hacemos política femenina desde tierras Mayas o en el sur del Tahuantinsuyo, la existencia del feminismo radical de la diferencia, que no olvida que la diferencia sexual es radical y no está sujeta a interpretaciones posmodernas, por decirlo de alguna manera.

Considerando lo anterior, Incitada es un vehículo para mirar con compasión la propia historia política, sobre los aciertos y las causas ideológicas defendidas con tanto ahínco, mientras se perdía el hilo con el origen materno. Ese mismo hilo, que a Andrea la he escuchado mencionar en un par de ocasiones, ese hilo que se corta en nombre de la emancipación, pero que después ahorca porque se transforma en soga sin dejarnos respirar. Es una historia velada por la pasión a la palabra y por la Amor a las mujeres, es una epifanía espiralada que permite regresar siempre al pasado con paciencia y dulzura, y que ve en sus errores, un impulso de crecimiento y sanación.

Incitada es una insistencia, es una insistencia de Andrea en la política de las mujeres, que es la política de la relación, la política que no teme a la dependencia y que necesita de ella para experimentar la bien llamada libertad femenina. A través de todos los hilos y flores que nos ofrece en esta antología, es una como ya he dicho antes, una insistencia por la libertad, que se dio tumbos en la emancipación feminista para regresar a casa, prodigiosamente, como lo hace la pequeña Andrea que sabía que su vocación estaba en la palabra y su pasión en la empatía.

Para finalizar, solo me queda agregar que, la escritora y pensadora Andrea Franulic Depix es faro3 que ilumina en las costas de una ciudad costera del Desierto de Atacama, es faro que guía cuando pena la orfandad que desconoce o desprecia el origen materno y femenino, que corta todos los haces de luz que nos permiten regresar a casa, quizás, en mi caso, simplemente a una contemplación pasiva de mi ser, de alguien que naufragó en aguas estancadas donde ni siquiera se podía mantener a flote.

Muchas gracias, Andrea, por hacer esto posible y por incitarnos con tus palabras y tus voces.

Salud y muchas gracias a todas las presentes.

1 Letra de la canción “Las voces” de la compositora tijuanense Nidia Barajas

2 Aquí parafraseo una de las frases de uno de los manifiestos de Rivolta Femminile (1970) “… Queremos estar a la altura de un universo sin respuestas”

3 La imagen del “Faro” como guía femenina, la aprendí de mi querida Mar y Cielo (Marcela Valera Cato)