{"id":5228,"date":"2026-07-20T17:25:07","date_gmt":"2026-07-20T17:25:07","guid":{"rendered":"https:\/\/feministaslucidas.org\/?p=5228"},"modified":"2026-07-20T17:25:07","modified_gmt":"2026-07-20T17:25:07","slug":"un-hilo-la-escucha","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/feministaslucidas.org\/index.php\/2026\/07\/20\/un-hilo-la-escucha\/","title":{"rendered":"UN HILO: LA ESCUCHA"},"content":{"rendered":"\n<p>MI EXPERIENCIA DE LECTURA DE LAS MEMORIAS DE ANDREA DWORKIN<sup><a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a>Andrea Dworkin, 2025, <em>Sin tregua. Memorias pol\u00edticas de una militante feminista<\/em>, Sabina Editorial, Madrid. Traducci\u00f3n de Arantxa Azurmendi Mu\u00f1oa.<\/p>\n\n\n\n<p>Andrea Dworkin es una mujer que sabe escuchar. Y este don lo pone en pr\u00e1ctica desde peque\u00f1a. Entre las primeras experiencias que relata, est\u00e1 aquella donde cuenta c\u00f3mo escucha al mundo adulto que la rodea, en especial el de la escuela. Escucha no lo que dicen, sino lo que callan. La cito: \u201c&#8230;escucha lo que las personas adultas se niegan a decir; busca las respuestas que no dan (\u2026) El contenido est\u00e1 en el entorno blanco de lo impreso; la respuesta est\u00e1 enterrada en el silencio, un silencio deliberado y vil, un silencio tramposo y falaz.\u201d (p.64). A edad temprana, Andrea Dworkin escuchar\u00e1 la hipocres\u00eda del mundo adulto, su doble est\u00e1ndar, sus dobles mensajes. Su compromiso, adquirido desde entonces, estar\u00e1 del lado de la verdad. Y cuando la verdad es escuchada, tiene que ser dicha para que otras y otros, asimismo, la escuchen. Pese a los obst\u00e1culos, la verdad \u201c&#8230;una vez dicha no se puede borrar; permanece viva, en alg\u00fan lugar, en el coraz\u00f3n de alguien.\u201d (p.76). Por eso, es importante decir nuestras verdades, aunque haya solo una mujer dispuesta a acogerlas en su coraz\u00f3n. De igual modo, es importante saber distinguir entre verdad e hipocres\u00eda, porque a veces la actuaci\u00f3n y el guion son convincentes.<\/p>\n\n\n\n<p>La escucha es \u201cun acto sagrado\u201d, nos dice. Esto lo aprende de su padre y lo re-aprende con el mar de Creta. Su padre escuchaba a la gente en silencio, sin prejuicios, y luego sacaba lecciones pedag\u00f3gicas de lo escuchado. Era un hombre humilde, paciente y con principios, solo era \u00e9l mismo, sin pretensiones ni arribismos. El mar puede ser bravo o calmo, solo es lo que es. Para escuchar se necesita ser libre y ser libre es ser una misma, sin nada que temer, sin nada que esperar. Esto permite tener la disposici\u00f3n para escuchar, es decir, tener una total apertura: \u201cno deb\u00eda cerrarme nunca por dentro\u201d. Estas experiencias ser\u00e1n determinantes para definir su futura pr\u00e1ctica feminista, la que se basar\u00e1 en un tipo de<em> pedagog\u00eda <\/em>que ser\u00e1, precisamente, la <em>escucha<\/em>. La cito: \u201cSi tuviera que elegir un tipo de pedagog\u00eda por encima de todas las dem\u00e1s, elegir\u00eda la escucha. Desmonta los prejuicios y estereotipos; ampl\u00eda los l\u00edmites autoimpuestos; introduce a una en la vida de otra, en sus momentos dif\u00edciles y, si los hay, tambi\u00e9n en los alegres\u201d (p.142). De esta manera, Andrea Dworkin escuchar\u00e1 \u2013hasta su muerte, porque dio su vida a esto\u2013 a las mujeres que son v\u00edctimas de la violencia sexual masculina, as\u00ed como son v\u00edctimas las ni\u00f1as y los ni\u00f1os, los beb\u00e9s y las beb\u00e9s, en una sociedad controlada por supremacistas masculinos que deja impunes a incestuosos, ped\u00f3filos, violadores, prostituidores, porn\u00f3grafos. Tambi\u00e9n se escuchar\u00e1 a s\u00ed misma, porque ella fue prostituida en Creta, en la misma isla de las diosas-madres donde re-descubri\u00f3 la trascendencia de la escucha, donde decidi\u00f3 que el sentido de ser escritora ser\u00eda el de canalizar las voces de la gente que no es escuchada, y donde tom\u00f3 la determinaci\u00f3n de que sus cenizas al morir fuesen esparcidas all\u00ed, en Heracli\u00f3n, lo que efectivamente sucedi\u00f3 tres a\u00f1os despu\u00e9s de escribir sus memorias. Fue prostituida, como muchas, por quedarse sin techo ni comida, durmiendo en la calle. Adem\u00e1s, sufri\u00f3 violencia f\u00edsica, que ella califica como monstruosa, dej\u00e1ndole marcados los pechos con llagas producidas por quemaduras de cigarro, por parte de un golpeador con el que durante un tiempo estuvo casada y con quien aprendi\u00f3 qu\u00e9 es el miedo; estas experiencias contribuyeron a debilitar su salud.<\/p>\n\n\n\n<p>Su saber escuchar, su sagrada empat\u00eda, se profundiza al vivir en carne propia la extrema violencia masculina. Ella es una m\u00e1s. Estas vivencias, en lugar de desmoronarla o hacerla sucumbir al resentimiento y a la amargura (algo que puede suceder y que para nada juzgo), la sostuvieron \u2013comprometida, determinada y valiente\u2013 para contribuir con su experiencia a la lucha feminista que, para ella, es la lucha contra el abuso sexual: \u201c&#8230;y me di cuenta de que mis propias experiencias pod\u00edan servir a otras mujeres de manera significativa. Empec\u00e9 a confiar m\u00e1s en m\u00ed misma\u201d (p.132). Andrea Dworkin est\u00e1 del lado de quienes, habiendo sufrido mucho, contin\u00faan siendo tremenda y genuinamente amables y sensibles, incluso m\u00e1s. La cito: \u201ctengo un coraz\u00f3n que sufre con facilidad (\u2026) Cada l\u00e1grima que lloro tiene el nombre de una mujer\u201d (p.151). Ella nos dice que la amabilidad es contraria a la mediocridad. Un principio \u00e9tico b\u00e1sico es \u201cno hacer da\u00f1o\u201d. Cuando te hacen da\u00f1o, es f\u00e1cil perder la dulzura; cuando sobrevives a la humillaci\u00f3n, cuando arrasan con tu dignidad o cuando no cuidan tu coraz\u00f3n y tu alma, es f\u00e1cil perder la ternura. La ternura se necesita para amar, no para ser amada. Para amar se requiere de \u201cuna fragilidad interior que pocas mujeres pueden permitirse. Las mujeres quieren ser amadas, no amar, porque ser amada no requiere nada\u201d (pp. 151-152). Me pregunto si las mujeres queremos ser amadas, \u00bfcu\u00e1nto estamos dispuestas a ceder? Andrea Dworkin, que ten\u00eda un gran sentido del humor, el que se expresa en gran parte del libro, se fue inundando de una corriente de melancol\u00eda que se instal\u00f3 en su interior. Esta corriente, junto a la honda comprensi\u00f3n de lo que la violencia produce, de lo que el da\u00f1o hace, son resultado de sus propias vivencias y de la atenta y delicada escucha de los testimonios no de una, sino de muchas mujeres violadas, torturadas, prisioneras en los prost\u00edbulos y sexualizadas desde ni\u00f1as por los incestuosos, en familias que durante generaciones sufren abuso sexual. Es capaz de escuchar los sonidos de su dolor, de su sufrimiento, de la rabia, el odio, la tristeza, la aflicci\u00f3n: \u201cPod\u00eda escuchar tanto un susurro apenas emitido como un grito estridente\u201d (p.90). Y agrego: el sutil matiz de la voz, la opacidad de la mirada, el apretado nudo de la garganta, el rictus de la boca, la risa inc\u00f3moda, el cuerpo tenso, el gesto evasivo, el silencio.<\/p>\n\n\n\n<p>La voz de una sola mujer violada, maltratada no tiene credibilidad y no solo esto, adem\u00e1s ella tiene la culpa. Tienen que ser muchas mujeres las que se unan en una sola voz. La voz de un solo violador, de un solo maltratador, que niega o justifica sus atrocidades, cuenta con una credibilidad que le viene dada desde el nacimiento, y se gana la simpat\u00eda de toda la sociedad, del jurado y de las instituciones que resguardan la complicidad perversa de los hombres, su pacto secreto, su omert\u00e1; aun m\u00e1s, celebran hasta sus est\u00fapidas bromas mis\u00f3ginas, su lenguaje sexista y soez. Gracias a los testimonios y a la entereza de las mujeres supervivientes, en 1983, Andrea Dworkin junto a Catharine A. Mackinnon, redactan una ley civil contra los porn\u00f3grafos: \u201cLa pornograf\u00eda es la biblia del abuso sexual\u201d (p.148). La ley los condenaba no solo por las mujeres y las ni\u00f1as obligadas a participar en la creaci\u00f3n de contenido pornogr\u00e1fico, en muchos casos siendo ya prostituidas y siendo, en su mayor\u00eda, mujeres pobres y negras, sino tambi\u00e9n por las mujeres y las ni\u00f1as violadas y agredidas a causa de la pornograf\u00eda. Asimismo, los castigaba por forzar a las mujeres y a las ni\u00f1as a mirar pornograf\u00eda. La cito: \u201cAdem\u00e1s, la ley defin\u00eda la pornograf\u00eda como una forma de discriminaci\u00f3n sexual; todo ello significaba que la pornograf\u00eda contribu\u00eda a crear y perpetuar la condici\u00f3n de ciudadanas de segunda clase de las mujeres en la sociedad. Es decir, que convertir a una mujer en objeto o usar su cuerpo de forma violenta y sexualmente expl\u00edcita contribu\u00eda a la infravaloraci\u00f3n de las mujeres en todos los \u00e1mbitos de la vida\u201d (p.135). Esta ser\u00e1 una de las tantas acciones emprendidas por Andrea Dworkin a favor de nuestra libertad, pero esta en particular, junto a Catharine A. Mackinnon, marca un antes y un despu\u00e9s para la vida de todas nosotras. Pues, si bien la ley no prosper\u00f3 como hubiesen querido \u2013debido a la resistencia de los violadores y ped\u00f3filos que se protegen las espaldas unos a otros, dado que siempre los hay en el poder, en este caso, en el poder judicial\u2013 despu\u00e9s de esta s\u00f3lida y acertada iniciativa, la pornograf\u00eda abandon\u00f3 el falso terreno de la ficci\u00f3n para entrar en el \u00fanico posible: el de la realidad de la violencia sexual masculina, el de la omnipresencia de la violaci\u00f3n como mecanismo de control. A partir de este momento, la pornograf\u00eda nunca m\u00e1s ser\u00e1 discutida en t\u00e9rminos de una pseudo moral ni de una pseudo est\u00e9tica, nunca m\u00e1s podr\u00e1 ser separada ni de la trata ni del sistema prostituidor. En cuanto a la b\u00fasqueda de justicia, Andrea Dworkin dir\u00e1: \u201cA\u00f1os m\u00e1s tarde, despu\u00e9s de ver que maltratadores y violadores sal\u00edan casi siempre en libertad, mi pacifismo colaps\u00f3 como una torre de cristal, dej\u00e1ndome heridas lacerantes por dentro y por fuera, y a m\u00ed misma semienterrada. Empec\u00e9 a pensar que los agresores merec\u00edan ser ejecutados \u2013no por el estado, sino por la v\u00edctima, si as\u00ed lo deseaba, de un tiro en la cabeza\u201d (p.129).<\/p>\n\n\n\n<p>Emerger\u00e1 otro discurso por parte de los porn\u00f3grafos para generar oposici\u00f3n y ser\u00e1 el de la propaganda de la <em>libertad de expresi\u00f3n<\/em>. Este discurso contar\u00e1 con el apoyo de algunos sectores del feminismo liberal. Este feminismo, tambi\u00e9n en su versi\u00f3n posmoderna, act\u00faa, en variados ejemplos de nuestra historia, como el ala colaboracionista, el portavoz de la supremac\u00eda masculina. La traici\u00f3n entre mujeres, en cualquier \u00e1mbito, siempre desconcierta. Andrea Dworkin dice: \u201c\u00bfQu\u00e9 sentido tiene que te llames feminista, tengas la educaci\u00f3n necesaria y te comportes como una guardia armada de dise\u00f1o para mantener la prostituci\u00f3n?\u201d (p.157), y en otro lugar del libro: \u201cel mundo se vuelve m\u00e1s cruel cuando la prostituci\u00f3n y la pornograf\u00eda se legitiman\u201d (p.142). Es m\u00e1s f\u00e1cil traicionar a las mujeres que enfrentarse a los hombres. Es lo que hacen las antifeministas de los medios de comunicaci\u00f3n: \u201c\u00bfDejar\u00e1 de ser as\u00ed alguna vez?\u201d (p.158). Estas resistencias le infundir\u00e1n desaliento. Solo la anima saber que otras mujeres o nuevas generaciones de mujeres continuar\u00e1n bregando por nuestra libertad. En las mujeres supervivientes de violencia sexual, encontrar\u00e1 un f\u00e9rreo compromiso y una aut\u00e9ntica radicalidad, encontrar\u00e1 a las mejores. Pese al desaliento, Andrea Dworkin no claudica nunca. No quiere decepcionar a las mujeres que han confiado en ella, que le han abierto su coraz\u00f3n para contarle las atrocidades m\u00e1s espantosas vividas a manos de los hombres. En todas partes, se le acercan mujeres y, en voz baja, susurrando casi, le cuentan lo que han sufrido. Lleva estos susurros todo el tiempo consigo, en sus o\u00eddos. La pueden hallar en una banca de un parque recibiendo la luz del sol en la cara. La reconocen, se sientan al lado y comienzan a hablar. No, no las quiere decepcionar: \u201cEstas mujeres est\u00e1n orgullosas de m\u00ed\u201d (p.147). Sin embargo, el coste emocional es muy alto. La cito: \u201cEstoy cansada, muy cansada y lloro por mis hermanas\u201d (p.143). En otro lugar dice: \u201cNo pueden comprarme ni intimidarme porque ya estoy rota por dentro\u201d (p.151). Y m\u00e1s adelante: \u201cCreo que he hecho pr\u00e1cticamente todo lo que puedo hacer; estoy vac\u00eda; no queda casi nada dentro de m\u00ed\u201d (p.152). Aun cuando el desgaste emocional es muy grande, Andrea Dworkin no se rinde. No se puede rendir mientras no haya comida, techo, seguridad, atenci\u00f3n m\u00e9dica, de tal manera que las mujeres dejen de ser prostituidas, y las hijas de esas mujeres, y las hijas de las hijas. No se puede rendir si las econom\u00edas mundiales se dedican al tr\u00e1fico de mujeres, de ni\u00f1as y de ni\u00f1os. Sin embargo, \u201cLa gente se toma la vida como un juego cuando, de hecho, cada paso es un paso real. La conmoci\u00f3n de ser incapaces de controlar lo que sucede, sobre todo las tragedias, abruma. Alguien muere; alguien se va; alguien miente. Hay enfermedad, pobreza, soledad, traici\u00f3n\u201d (p.159). Pero \u201cLa mayor inmoralidad est\u00e1 en la apat\u00eda\u2026\u201d (p.159). Es decir, a pesar de todo, no podemos sucumbir a \u201cla inconsciencia y estupidez humanas\u201d (p.161).<\/p>\n\n\n\n<p>Andrea Dworkin fue una mujer extraordinaria. Realmente dedic\u00f3 su vida al intento por erradicar los cr\u00edmenes contra las mujeres. Ella hizo esa promesa y la cumpli\u00f3. El \u00faltimo cap\u00edtulo del libro se titula <em>Memoria<\/em>. A partir de su hondo conocimiento sobre los da\u00f1os y secuelas que los depredadores sexuales producen en las v\u00edctimas, refiere a c\u00f3mo el abuso sexual se puede olvidar o se puede recordar. Olvidar es una manera de lidiar con un suceso atroz. En el libro, describe algunas de estas atrocidades. No son f\u00e1ciles de leer. Sin embargo, es la realidad tal cual es, y reunir estos testimonios, varios, muchos, contrarresta la creencia de que las mujeres mentimos, de que las ni\u00f1as y los ni\u00f1os mienten. Es, igualmente, una manera de hacer memoria, de azuzar el recuerdo, como sucedi\u00f3 con las y los supervivientes del Holocausto, dice; como ha sucedido con las dictaduras, agrego. Muchas veces, esa ni\u00f1a o ese ni\u00f1o que ha sufrido abuso, recuerda en la adultez, recuerda a\u00f1os, d\u00e9cadas despu\u00e9s. Es com\u00fan. El olvidar la ha protegido y lo ha protegido para llegar hasta aqu\u00ed. Y todav\u00eda el recuerdo es a medias, son im\u00e1genes difusas a veces, o la cara del violador no aparece suficientemente n\u00edtida en la memoria. Otra manera de protegerse del recuerdo y sobrevivir es adoptar m\u00faltiples personalidades, el llamado <em>trastorno de la personalidad m\u00faltiple<\/em>. Al respecto, Andrea Dworkin dice: \u201c\u2026los ni\u00f1os y ni\u00f1as obligadas a vivir en un infierno encuentran maneras de trocearlo, una criatura se vuelve plural, y cada parte de esa pluralidad tiene que ocuparse de una parte de ese infierno como si fuera el infierno entero (\u2026) El ni\u00f1o o ni\u00f1a se convierte en muchos ni\u00f1os o ni\u00f1as; cada cual tiene una personalidad y una tarea asignada; cada personalidad le ayuda a resistir\u201d (pp.166-167). Para comprender verdaderamente el da\u00f1o causado por el abuso sexual, as\u00ed como la estructura de poder que la supremac\u00eda masculina levanta para ocultar los horrores que perpetra y que constituyen el cimiento del tipo de sociedad que todav\u00eda tenemos, es necesario leer o conocer las ideas, reflexiones y an\u00e1lisis de feministas radicales como Andrea Dworkin y otras. Ella se dedic\u00f3 a escuchar y a aprender; a escuchar y a escribir; a escuchar y a dar charlas; a escuchar y a articular acciones. Me pregunto, \u00bfc\u00f3mo nosotras, las que nos dedicamos a la <em>pol\u00edtica de lo simb\u00f3lico<\/em>, estamos contribuyendo a que la violencia masculina llegue a ser impensable? Es una pregunta algo ret\u00f3rica, porque estamos reunidas a prop\u00f3sito de este libro, que es su autobiograf\u00eda y que recoge su legado, lo que su memoria ha preservado, y por primera vez ha sido traducido a nuestra lengua. \u00bfNo es acaso crucial el leerlo, compartirlo, comentarlo, difundirlo? \u00bfNo es acaso crucial el escucharla y dejar que nos interpele? \u00bfDialogar y reflexionar junto a ella en nuestra pr\u00e1ctica feminista, que aporta, precisamente, la mirada de lo simb\u00f3lico?, \u00bfo en nuestra pr\u00e1ctica docente o en nuestras conversaciones cotidianas? Comparto una \u00faltima cita para finalizar este escrito escuchando su voz: \u201c&#8230;con cada oleada de fatiga, es necesario otro grupo de mujeres fuertes y resistentes que se alcen en el horizonte para conquistar m\u00e1s tierra y hacerla segura para las mujeres. Estoy dispuesta a ir midiendo los cent\u00edmetros. Los proxenetas y los violadores han de ser despose\u00eddos de todo, forzados a un exilio miserable; a las mujeres y los ni\u00f1os y ni\u00f1as (\u2026) hay que reconocerles autoridad y velar por ellas con respeto y dignidad\u201d (p.143).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MI EXPERIENCIA DE LECTURA DE LAS MEMORIAS DE ANDREA DWORKIN1 1Andrea Dworkin, 2025, Sin tregua&#8230;.<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[62],"tags":[43,124,176,177,175],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/feministaslucidas.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5228"}],"collection":[{"href":"https:\/\/feministaslucidas.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/feministaslucidas.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/feministaslucidas.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/feministaslucidas.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=5228"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/feministaslucidas.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5228\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":5229,"href":"https:\/\/feministaslucidas.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5228\/revisions\/5229"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/feministaslucidas.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5228"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/feministaslucidas.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5228"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/feministaslucidas.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=5228"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}