{"id":5196,"date":"2026-05-22T15:09:48","date_gmt":"2026-05-22T15:09:48","guid":{"rendered":"https:\/\/feministaslucidas.org\/?p=5196"},"modified":"2026-05-22T15:42:50","modified_gmt":"2026-05-22T15:42:50","slug":"sobre-el-uso-de-la-a-como-genero-gramatical-femenino","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/feministaslucidas.org\/index.php\/2026\/05\/22\/sobre-el-uso-de-la-a-como-genero-gramatical-femenino\/","title":{"rendered":"Sobre el uso de la A como g\u00e9nero gramatical femenino."},"content":{"rendered":"\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Una vuelve a los mismos temas y, sobre todo, hace eco de una interminable marejada de voces femeninas que ya lo han dicho tantas veces y siempre mejor que una. Pero ac\u00e1 estoy otra vez intent\u00e1ndolo. Lo hago porque vuelvo a ver c\u00f3mo la A no se usa en algunos \u00e1mbitos de la cultura y el conocimiento. O bien, regresa al lugar donde el patriarcado y, luego, su renovada versi\u00f3n moderna la puso, es decir, absorbida en el falso gen\u00e9rico, en el pretendido sujeto universal representativo de la humanidad, cuya quintaesencia es la palabra \u201chombre\u201d. Ya sabemos. Las feministas, ling\u00fcistas o no, lo han estudiado tanto y hace tanto. Ya sabemos que detr\u00e1s, agazapado y subyacente, est\u00e1 el sujeto masculino con su sesgo de la realidad. Un sesgo no reconocido y, por eso, m\u00e1s peligroso a\u00fan.<\/p>\n\n\n\n<p>Ac\u00e1 vamos. En todas las lenguas hist\u00f3ricas, existen recursos ling\u00fc\u00edsticos para manifestar el g\u00e9nero gramatical. En la lengua hist\u00f3rica que podemos llamar \u201cespa\u00f1ol\u201d, el g\u00e9nero gramatical se expresa por medio de morfemas que se clasifican en femenino y masculino. Y para el femenino, tenemos la A. Sin embargo, su uso es controvertido. La controversia lleva varias aristas. En esta ocasi\u00f3n, me har\u00e9 cargo de una de ellas: aquella que tiene que ver con los argumentos academicistas. Estos argumentos tienen como portavoz a los llamados expertos en lenguaje, quienes gozan de prestigio acad\u00e9mico, obtenido por t\u00edtulos y grados que les han permitido luchar por un capital simb\u00f3lico. Podr\u00edamos decir, entonces, que son argumentos que gozan de verosimilitud, pero no de veracidad<sup><a href=\"#sdfootnote1sym\" id=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a><\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>Estos razonamientos provienen de las mismas teor\u00edas que los expertos sustentan y reproducen. Como si las disciplinas o las ciencias no estuviesen traspasadas de posicionamientos pol\u00edticos e ideol\u00f3gicos, como si no estuviese el conocimiento hecho para sostener un <em>statu quo<\/em> en la cultura. No digo que todo est\u00e9 hecho bajo esta medida, pero en general aquel que est\u00e1 bien amparado por la instituci\u00f3n y la tradici\u00f3n de pensamiento, s\u00ed. Desde este lugar, nos dicen que usar la A atenta contra la econom\u00eda ling\u00fc\u00edstica, puesto que en espa\u00f1ol tenemos un \u201cuso gen\u00e9rico\u201d que representa tanto lo femenino como lo masculino. En esta misma l\u00ednea, nos dicen que escribir usando ambos morfemas contribuye a generar una saturaci\u00f3n gr\u00e1fica en el texto escrito. Otra vez nos conminan a usar el \u201cgen\u00e9rico\u201d. Y de la mano de esto, finalizan la perorata apelando a la poca importancia que tiene esta discusi\u00f3n, pues los morfemas de g\u00e9nero aportan a la concordancia gramatical y poco m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Si tienen tan poca importancia, por qu\u00e9 entonces la insistencia y toda la documentaci\u00f3n oficial para avalar el uso de un gen\u00e9rico que adem\u00e1s no es tal. \u00bfEconom\u00eda ling\u00fc\u00edstica? \u00bfSaturaci\u00f3n gr\u00e1fica? \u00bfEs esto m\u00e1s importante que el hecho de que las ni\u00f1as, las adolescentes y las mujeres no estemos representadas en la lengua? La invisibilidad es un acto de violencia. \u00bfTan poco valor tenemos que es posible borrarnos sin m\u00e1s? La ling\u00fcista feminista Mercedes Bengoechea considera que el uso del \u201cfalso gen\u00e9rico\u201d es una pieza clave en el mecanismo que denomina \u201caniquilaci\u00f3n simb\u00f3lica femenina\u201d. Ella se toma las cosas en serio. Este mecanismo tiene como fin \u00faltimo la deshumanizaci\u00f3n de las mujeres, de tal manera que nuestros cuerpos puedan ser usables, violables, descuartizables. As\u00ed de serio es. Pero, \u00bfqui\u00e9n se enfurece en esta sociedad si aparece una mujer descuartizada? \u00bfSe enfurecen quienes defienden la econom\u00eda ling\u00fc\u00edstica o la saturaci\u00f3n gr\u00e1fica? Lo que s\u00e9 es que la \u201caniquilaci\u00f3n simb\u00f3lica femenina\u201d est\u00e1 naturalizada porque la poes\u00eda rom\u00e1ntica patriarcal, la m\u00fasica, el cine, el arte, la publicidad, etc., representan cuerpos femeninos fragmentados, y para qu\u00e9 decir la industria de la explotaci\u00f3n sexual. Si bien nada de esto es linealmente determinista, s\u00ed est\u00e1 todo interrelacionado. Es importante conectar las cosas, pues se nos ha impuesto una desconexi\u00f3n para que no atemos cabos.<\/p>\n\n\n\n<p>El otro argumento, esta vez arg\u00fcido desde la ling\u00fc\u00edstica estructuralista, se refiere a la organizaci\u00f3n interna de la lengua. Esta organizaci\u00f3n es entendida como una estructura o sistema. Pero esta descripci\u00f3n, que se pretende objetiva, viene de una disciplina moderna como la ling\u00fc\u00edstica y de un enfoque predominante dentro de ella que es el estructuralismo saussuriano. Entonces el equ\u00edvoco es ofrecer una explicaci\u00f3n que proviene de determinada perspectiva como si fuera la realidad. Otra vez resulta veros\u00edmil pero no veraz. Decir que la lengua es un sistema implica considerar que las partes conforman un todo estructurado. Para que esto ocurra, los elementos o partes que conforman el sistema ling\u00fc\u00edstico se relacionan entre s\u00ed, en general por medio de relaciones de oposici\u00f3n inclusiva entre un t\u00e9rmino no marcado o positivo en la lengua y otro marcado o negativo. As\u00ed, en el paradigma morfol\u00f3gico del espa\u00f1ol en cuanto a los g\u00e9neros gramaticales, los ling\u00fcistas explican que el masculino es el t\u00e9rmino positivo o no marcado y el femenino es la desviaci\u00f3n de la norma, por lo tanto, es el t\u00e9rmino marcado o negativo. En otras palabras, el femenino es equivalente a un \u201cno-masculino\u201d y, por eso, en el uso de la lengua, el masculino es predominante respecto del femenino, lo que se refleja, precisamente, en el uso del \u201cgen\u00e9rico\u201d: \u201clos profesores\u201d aunque las profesoras existamos y seamos incluso m\u00e1s; \u201clos apoderados\u201d, aunque sean las madres las que m\u00e1s asisten a las reuniones escolares; \u201clos padres\u201d, aun cuando es la madre la que hace viable la vida de una criatura en el mundo, etc. Si observamos estos ejemplos que he dado, resulta hasta absurdo este uso ling\u00fc\u00edstico. Tanto as\u00ed, que la historiadora feminista Mar\u00eda-Milagros Rivera se refiere a este como una falta de cordura<sup><a href=\"#sdfootnote2sym\" id=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a><\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta historiadora plantea<sup><a href=\"#sdfootnote3sym\" id=\"sdfootnote3anc\"><sup>3<\/sup><\/a><\/sup> que este uso ling\u00fc\u00edstico se impone a partir de lo que se conoce como modernidad, aproximadamente alrededor de los siglos XVI y XVII en adelante, en Occidente. El surgimiento de la modernidad coincide con la llamada \u201ccaza de brujas\u201d y la renovaci\u00f3n encubierta del \u201ccontrato sexual\u201d, encubierta porque se disfraza de \u201ccontrato social\u201d, por medio del cual los hijos les arrebatan el poder a los padres, transformando el patriarcado en fratr\u00edas, siempre a costa del acceso al cuerpo femenino f\u00e9rtil y al dominio de sus frutos<a href=\"#sdfootnote4sym\" id=\"sdfootnote4anc\"><sup>4<\/sup><\/a>. De la mano de este pacto masculino de poder, en las universidades europeas, el \u201cprincipio plat\u00f3nico de la unidad de los sexos\u201d, que establece que hombres y mujeres somos iguales, saca de escena el \u201cprincipio aristot\u00e9lico de la polaridad de los sexos\u201d, que dice que las mujeres somos inferiores a los hombres, y que se instala en las universidades del siglo XIII en reacci\u00f3n a pensadoras del siglo XII que sosten\u00edan la diferencia, no la desigualdad, entre mujeres y hombres. Algunas m\u00edsticas y beguinas del siglo XIV retoman el principio de las pensadoras del siglo XII y la represalia masculina las transforma en las primeras mujeres quemadas como brujas. Este fen\u00f3meno de reemplazar el principio aristot\u00e9lico por el plat\u00f3nico, comienza antes de la modernidad, tambi\u00e9n en el siglo XIV, a prop\u00f3sito del movimiento cultural que se conoce como \u201chumanismo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo importante es que, paulatinamente, con el paso de los siglos, el principio plat\u00f3nico, considerado progresista respecto del aristot\u00e9lico, se confundir\u00e1 con las luchas modernas por la igualdad entre los sexos, y esta confusi\u00f3n, al d\u00eda de hoy, es promovida por todo Estado moderno de derecho y por el \u201cfeminismo de estado\u201d. En consecuencia, tras el uso del \u201cfalso gen\u00e9rico\u201d descansa la idea \u201cprogresista\u201d, pero retr\u00f3grada para nosotras, que afirma que mujeres y hombres somos iguales, lo que se ha traducido en la homologaci\u00f3n de las mujeres respecto de los hombres. Tambi\u00e9n reposan este principio y la homologaci\u00f3n en palabras como \u201cpersona\u201d. El costo para nosotras es grave, porque este principio, propuesto por Plat\u00f3n en la Grecia cl\u00e1sica del siglo IV antes de la era cristiana, implica claudicar de nuestro origen materno y de nuestras genealog\u00edas femeninas, quedando inseridas en la tradici\u00f3n de pensamiento masculina. Esta claudicaci\u00f3n nos resta independencia simb\u00f3lica y autonom\u00eda ps\u00edquica respecto de los varones, sus instituciones, ideolog\u00edas, creencias, sistema de valores, etc., en consecuencia, nos deja proclives a sus interpretaciones de la realidad, en especial a sus interpretaciones, proyecciones y fantas\u00edas sobre nuestras vidas. Nos deja sin suelo firme donde echar ra\u00edces y florecer con colores propios y vivos, m\u00e1s bien quedamos flotando en un desorden simb\u00f3lico que nunca llega a puerto. Y uniendo esto a lo que plantea Mercedes Bengoechea, contribuye a nuestra reificaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La pensadora Luce Irigaray (1992)<sup><a href=\"#sdfootnote5sym\" id=\"sdfootnote5anc\"><sup>5<\/sup><\/a><\/sup>, entre otras m\u00e1s, tambi\u00e9n explica este paso hist\u00f3rico que la autora nombra \u201cDe c\u00f3mo Ella pas\u00f3 a ser un No-\u00c9l\u201d. Viaja m\u00e1s hacia el pasado para referirse al desplazamiento de las diosas de las culturas no patriarcales por los dioses patriarcales y, finalmente, por un dios \u00fanico, que es considerado Verbo. Asimismo, alude a lo que denomina \u201cmatricidio\u201d para explicar el fundamento del patriarcado, lo que otras pensadoras prefieren nombrar como una \u201cusurpaci\u00f3n de la obra materna\u201d<a href=\"#sdfootnote6sym\" id=\"sdfootnote6anc\"><sup>6<\/sup><\/a>, en el sentido de que la madre nunca muere y siempre es posible recuperar su obra en nosotras. Estoy de acuerdo con este \u00faltima idea, pero a veces prefiero decir \u201cmatricidio\u201d por la fuerte carga axiol\u00f3gica que lleva para juzgar lo que ha sido el patriarcado. Este matricidio conlleva el ya mencionado borrado de las genealog\u00edas femeninas, y tambi\u00e9n, de la relaci\u00f3n nuclear de la madre y la hija. La cito:<\/p>\n\n\n\n<p>Con un olvido y un desconocimiento incre\u00edbles, las tradiciones patriarcales han borrado las huellas de las genealog\u00edas madres-hijas (\u2026) Este olvido es un s\u00edntoma m\u00e1s de la cultura patriarcal. S\u00f3lo as\u00ed se explican el desamparo y la desorientaci\u00f3n del hombre moderno, que desconoce el origen de sus relaciones con el mundo. (p.15)<\/p>\n\n\n\n<p>De acuerdo con estas autoras, puedo decir que la veros\u00edmil descripci\u00f3n estructural de la lengua es esencialista, separada de las condiciones hist\u00f3ricas y culturales de lo que ha sido el patriarcado. Esto mismo explica que <strong>no ser\u00eda arbitraria ni inmotivada<\/strong> dicha estructura \u2013tal como se plantea en la ling\u00fc\u00edstica que, por cierto, es una disciplina heredera de la modernidad\u2013, pues el paradigma de los g\u00e9neros gramaticales, y no solo este paradigma, tambi\u00e9n \u201clos sistemas pronominales, los adjetivos posesivos (&#8230;) las clases gramaticales: animado\/no animado, concreto\/abstracto\u2026\u201d (p.18), el l\u00e9xico, las connotaciones, etc., responden a c\u00f3mo en los distintos momentos hist\u00f3ricos de las sociedades patriarcales se ha entendido el \u201csexo\u201d (en general como un estorbo) y c\u00f3mo se han proyectado las relaciones entre los sexos, y el lugar que nos han asignado a las mujeres seg\u00fan sus intereses de poder y de explotaci\u00f3n sexual. Por lo tanto, insistir en el uso del \u201cfalso gen\u00e9rico\u201d con argumentos basados en la ling\u00fc\u00edstica estructuralista, o bien, en la \u201ceconom\u00eda ling\u00fc\u00edstica\u201d o la \u201csaturaci\u00f3n gr\u00e1fica\u201d, entre otros, y amparados por la academia de la lengua, las voces expertas y el prestigio social, implica perpetrar un sistema de poder patriarcal y mis\u00f3gino, adem\u00e1s de matricida, y que, pese a su caducidad, contin\u00faa obstaculizando una profunda transformaci\u00f3n cultural. Y como si esto fuera poco, silencian a las autoras que levantan la voz para ofrecer explicaciones contundentes y veraces.<\/p>\n\n\n\n<p>Usar la A hace la diferencia. Qu\u00e9 duda cabe. Pero no soy tan ingenua para pensar que con eso basta. S\u00e9 que los discursos de la pol\u00edtica con poder muchas veces la utilizan, por dar un ejemplo, no obstante estos discursos siguen siendo de la pol\u00edtica con poder que es pol\u00edtica masculina. Qu\u00e9 duda cabe. Y es porque, pese a integrar el morfema femenino, sus discursos se sostienen en un sujeto que se pretende universal y este, claramente, no solo se manifiesta en los g\u00e9neros gramaticales. Sin embargo, este sujeto es insostenible a esta altura. Lleva un peso demasiado pesado. Si bien en esta oportunidad no he tra\u00eddo la \u201clengua materna\u201d que abre un horizonte muy ancho y fecundo, y explica muchas cosas, es porque ya he escrito bastante de ella en otros textos y, por supuesto, no solo yo. Se la debemos a la fil\u00f3sofa del lenguaje, Luisa Muraro. Tampoco me he referido a las expresiones gr\u00e1ficas que apuestan por una supuesta neutralidad y a otras formas de lenguaje \u201cinclusivo\u201d. Para estos casos, suman otros argumentos, que quedar\u00e1 para otra ocasi\u00f3n comentarlos. Esta vez, me quise centrar en la urgente necesidad de inscribir el morfema A en nuestras enunciaciones, sobre todo cuando nosotras tomamos la palabra, y en los argumentos academicistas que marginan su uso.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote1anc\" id=\"sdfootnote1sym\">1<\/a>Me ha gustado mucho esta distinci\u00f3n entre verosimilitud y veracidad o verdad. La he le\u00eddo hace poco nuevamente en el libro <em>El fraude de la igualdad <\/em>de Mar\u00eda-Milagros Rivera Garretas.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote2anc\" id=\"sdfootnote2sym\">2<\/a>En su libro <em>El fraude de la igualdad<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote3anc\" id=\"sdfootnote3sym\">3<\/a>Ibid.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote4anc\" id=\"sdfootnote4sym\">4<\/a>Es la definici\u00f3n de \u201ccontrato sexual\u201d, que funda el patriarcado en sus albores, seg\u00fan Carole Pateman.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote5anc\" id=\"sdfootnote5sym\">5<\/a>En el libro <em>Yo, t\u00fa, nosotras<\/em>. Ediciones C\u00e1tedra.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#sdfootnote6anc\" id=\"sdfootnote6sym\">6<\/a>Esto va de la mano con el contrato sexual, es decir, con el acceso al cuerpo femenino f\u00e9rtil y el dominio de sus frutos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una vuelve a los mismos temas y, sobre todo, hace eco de una interminable marejada&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":5200,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[62],"tags":[171,169,170],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/feministaslucidas.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5196"}],"collection":[{"href":"https:\/\/feministaslucidas.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/feministaslucidas.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/feministaslucidas.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/feministaslucidas.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=5196"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/feministaslucidas.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5196\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":5199,"href":"https:\/\/feministaslucidas.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5196\/revisions\/5199"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/feministaslucidas.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/5200"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/feministaslucidas.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5196"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/feministaslucidas.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5196"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/feministaslucidas.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=5196"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}