{"id":4799,"date":"2023-08-17T19:31:13","date_gmt":"2023-08-17T19:31:13","guid":{"rendered":"https:\/\/feministaslucidas.org\/?p=4799"},"modified":"2023-08-18T19:54:09","modified_gmt":"2023-08-18T19:54:09","slug":"la-envidia-de-las-mujeres-otra-vez-andrea-franulic-depix","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/feministaslucidas.org\/index.php\/2023\/08\/17\/la-envidia-de-las-mujeres-otra-vez-andrea-franulic-depix\/","title":{"rendered":"La envidia de las mujeres\u2026 otra vez. Andrea Franulic Depix"},"content":{"rendered":"\n<p>Las relaciones entre mujeres son el centro gravitacional de nuestra pr\u00e1ctica pol\u00edtica en el feminismo radical y en el de la diferencia, por eso, requieren de nuestro pensar y nombrar cada vez de manera m\u00e1s fina y profunda. Los da\u00f1os que ha causado el contrato sexual, que fund\u00f3 los patriarcados, son inconmensurables y no quisiera creer que son irreversibles. Mi certeza proviene de los a\u00f1os que practico la pol\u00edtica primera, que no son pocos, y todas las innumerables veces que me he sentido sacudida por los conflictos que he vivido con otras. Me refiero a conflictos destructivos o a nudos no desatados, nudos ciegos. Sin embargo, estos a\u00f1os no han sido en vano, pues he intentado afinar mi pr\u00e1ctica relacional, lo mejor que he podido.<\/p>\n\n\n\n<p>En este sentido, considero un gran acierto que las pensadoras de la diferencia sexual hayan pensado y nombrado la envidia de las mujeres en el final del patriarcado<a href=\"#_ftn1\">[1]<\/a>. Como se trata, precisamente, del final del patriarcado, la envidia de las mujeres no se interpreta desde los estereotipos femeninos, codificados por el orden social f\u00e1lico, sino que a partir de la relaci\u00f3n que cada mujer tiene con su madre concreta. Para nosotras, es fundamental mirarnos en el espejo de nuestras madres, parafraseando a Virginia Woolf, m\u00e1s a\u00fan si la envidia conlleva efectos destructivos en las relaciones entre mujeres, sobretodo cuando da el paso hacia la acci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfCu\u00e1l es esta acci\u00f3n? Puede tener muchas formas de expresarse. Dir\u00eda que la mayor\u00eda apunta a rebajar a la otra por la incapacidad de reconocerle su disparidad o grandeza. Con otras palabras, rebajarla para que no brille, para que no se destaque, para que no sea \u201cm\u00e1s que yo\u201d. El \u201cm\u00e1s\u201d en este caso se confunde con competici\u00f3n, se descifra como un \u201cmenos\u201d en m\u00ed. Se coloca en una medida falsa en tanto que dicot\u00f3mica. Pues hemos aprendido que cada mujer custodia su propio \u201cm\u00e1s\u201d, que proviene de su propio linaje femenino, y que ni siquiera significa un \u201cmenos\u201d en el otro sexo. Al mismo tiempo que se coloca en la medida dicot\u00f3mica, confunde identidad con diferencia sexual, dado que al no reconocer la disparidad de la otra, pretende que seamos id\u00e9nticas. En definitiva, se impone el pensamiento faloc\u00e9ntrico, que absorbe.<\/p>\n\n\n\n<p>Por ejemplo, y para hablar en primera persona femenina y singular, cuando he sentido envidia por otra mujer, a veces he callado y no he celebrado su logro, nombr\u00e1ndolo con autenticidad, \u201cnombrando lo que es\u201d<a href=\"#_ftn2\">[2]<\/a>, sin apolog\u00edas y sin cinismos. Mi silencio, en esta experiencia, ha sido un arma para rebajar a la otra. Darme cuenta de esto, ha sido un llamado a mi pensamiento, es decir, a pensar lo que siento, a estar conmigo misma, para no seguir reproduciendo estas actitudes. Es una voz de alerta que resuena en m\u00ed y que deseo escuchar. Nuestras relaciones entre mujeres se merecen nuestro pensar fino y radical, porque terminar con la violencia o, con palabras de Hannah Arendt, darle fin a la \u201cbanalidad del mal\u201d, pasa por ponernos a pensar. Y, como dice Mar\u00eda Zambrano, pensar es barrer la casa por dentro. Es mirarnos en el espejo, de raigambre femenina y materna, sin autoenga\u00f1os ni autocomplacencias. Es un acto de amor hacia nosotras y hacia las otras.<\/p>\n\n\n\n<p>Para seguir con los ejemplos, cuando he sufrido la envidia de otra mujer, esta se ha manifestado produci\u00e9ndome amargura en un momento de sentir yo una genuina felicidad, genuina en tanto que me hace sentir vulnerable al mismo tiempo. La amargura que he sentido se ha debido a que, en esta experiencia, he recibido palabras de la otra como espinas venenosas que se clavan en mi entendimiento, y a la tristeza de que estas espinas provienen de quien considero mi amiga, lo que es m\u00e1s desconcertante y doloroso. En efecto, las pensadoras de la diferencia sexual han dejado claro que la envidia de las mujeres la encontramos en las relaciones con las m\u00e1s cercanas y queridas. Por eso, el efecto resulta tan destructivo, pues surge de una mujer que nos importa mucho. Las espinas venenosas, adem\u00e1s, han sido cuidadosamente barnizadas con el falso brillo del ego, ese que distorsiona nuestra imagen en el propio espejo, y no nos deja ver nuestra grandeza.<\/p>\n\n\n\n<p>En cambio, la autenticidad es contraria del ego. Pienso que es importante saber distinguir la una del otro. Tal vez, los signos de cinismo que puedo percibir en m\u00ed o en otras nos advierten que estamos entrando en el territorio del ego. Asimismo, la expresi\u00f3n de la llamada \u201cfalsa modestia\u201d, usada de manera recurrente en nuestras conversaciones, puede constituir un aviso de que estamos equivoc\u00e1ndonos de camino, pues la \u201cfalsa modestia\u201d se ubica en el lugar opuesto de la arrogancia y la prepotencia. Es diferente la aut\u00e9ntica humildad. Un \u201cfalso dilema\u201d, como nos susurra Mary Daly, es siempre patriarcal. Por donde se lo mire, el ego es f\u00e1lico, se dice en masculino y, como tal, no solo intenta aplastar a la otra mujer, sino tambi\u00e9n, a su creatura, su obra.<\/p>\n\n\n\n<p>La autenticidad se dice en femenino, como la libertad y la confianza. Esta triada act\u00faa unida en las relaciones entre mujeres en las que la energ\u00eda creadora y transformadora de mundo permanece intacta, intocada por las fuerzas androc\u00e9ntricas. Si sentimos un resquebrajarse en cualquiera de las tres, se resquebrajan todas, y esto quiere decir que ha entrado o pretende entrar la presencia fantasmag\u00f3rica del falo<a href=\"#_ftn3\">[3]<\/a>, es decir, ha entrado o pretende entrar el sentimiento de culpa, el miedo a ser sancionada, el discurso ideol\u00f3gico, el control, el cinismo, el enga\u00f1o, el enmudecimiento, el \u201ccaminar sobre c\u00e1scaras de huevos\u201d, el ego, entre otras manifestaciones de desorden simb\u00f3lico que podemos reconocer y nombrar. Creo que muchas veces esto se puede revertir con cari\u00f1o, conversaci\u00f3n, apertura y escucha verdadera. En otras ocasiones, quiz\u00e1s solo quede la opci\u00f3n de esquivar.<\/p>\n\n\n\n<p>La triada va sostenida por la independencia simb\u00f3lica femenina. La envidia de las mujeres act\u00faa precisamente en dicha independencia. Como he aprendido con las pensadoras de la diferencia sexual, nuestra independencia simb\u00f3lica consiste en sentirnos libres de las ataduras patriarcales en todos los \u00e1mbitos de nuestra vida. Para esto, es importante recuperar y restituir nuestras genealog\u00edas maternas y femeninas, que nos permiten sentirnos sostenidas en nuestras verdades y nuestra excelencia, sin que se inmiscuya ni pretenda injerirnos la tradici\u00f3n de pensamiento masculino, que las ha absorbido, inundando&nbsp; lenguajes, instituciones, ideolog\u00edas y modos de relacionarnos con la alteridad, que tambi\u00e9n es la Naturaleza, con la distorsi\u00f3n de sus proyecciones.<\/p>\n\n\n\n<p>De esta manera, los efectos destructivos que nuestras acciones pueden acarrear contra otra mujer son el resultado del contrato sexual que fund\u00f3 los patriarcados. Pues el contrato sexual usurp\u00f3 la autoridad de \u201caugere\u201d de la madre y su obra, que es dar la vida y la Lengua Materna, el cuerpo sexuado y la palabra, as\u00ed como usurp\u00f3 las genealog\u00edas femeninas de las sociedades matrilineales. Dicho de otro modo, son resultado de la violencia simb\u00f3lica y sexual ejercida por los patriarcas y sus sociedades patriarcales, su (des)orden social y simb\u00f3lico, contra nosotras las mujeres. Sin embargo, si sentimos la certeza de que el patriarcado ha llegado a su fin en la vida de cada una, entonces, creo que es muy necesario que no sigamos permitiendo que su tiran\u00eda se interponga en nuestras relaciones. De lo contrario, si seguimos creyendo en este tipo de sociedad necr\u00f3fila<a href=\"#_ftn4\">[4]<\/a>, ser\u00e1 dif\u00edcil afinar nuestra pr\u00e1ctica relacional y pol\u00edtica. Pienso que, en este caso, le estaremos haciendo un gran favor y nos estaremos transformando en una de sus secuaces, como las llama Mary Daly: secuaces que pueden, incluso, propiciar discursos feministas, m\u00e1s all\u00e1 del apellido que el feminismo lleve.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 ser\u00eda pensar fino seg\u00fan mi consideraci\u00f3n? Doy por descontado los discursos ideol\u00f3gicos, pues ha corrido ya bastante tinta para develarlos y para que nos sacudamos de ellos. Esencialmente f\u00e1licos, conforman una capa espesa que no nos deja ver la precedencia femenina. Con nuestras escobas de Brujas, podemos barrer esta capa y encontrarnos con la hondura y anchura de la Madre, su obra y trascendencia. Pienso que el hilar fino comienza aqu\u00ed. La envidia que podemos sentir por otra mujer se enlaza con la relaci\u00f3n con nuestra madre concreta, tanto con los nudos de esta relaci\u00f3n como con la trascendencia de su obra, esa que nos permite darle sentido y ordenar el mundo, libres de patriarcado. Si la envidia consiste en rebajar a la otra, en desconocer su disparidad, por miedo e inseguridad de yo sentirme \u201cmenos\u201d, \u00bfno se conecta, acaso, con la restituci\u00f3n de autoridad a mi propia madre, al reconocimiento de su disparidad irreductible por haberme tra\u00eddo al mundo y haber hecho posible mi permanencia en este? \u00bfC\u00f3mo puedo hacer de esto una pr\u00e1ctica encarnada y no solo un discurso? \u00bfCu\u00e1nto de matricidio y misoginia traen mis palabras cuando, desde la envidia, me refiero a otras mujeres? Si es as\u00ed, \u00bfestoy realmente realizando un ejercicio de restituci\u00f3n geneal\u00f3gica que me d\u00e9 la independencia simb\u00f3lica femenina que necesito?<\/p>\n\n\n\n<p>Hago estas preguntas que me implican a m\u00ed misma. La restituci\u00f3n de autoridad de la madre concreta, o bien, la recuperaci\u00f3n de la Lengua Materna para nuestra vida, creaciones, relaciones y palabras, es un paso sustancial en este delicado tejido. Como dice Luisa Muraro, se trata de \u201csaber amar a la madre\u201d, y esta es una puntada que se hace con hilo de oro. Ahora bien, este saber amarla involucra, adem\u00e1s, el sabernos una mujer diferente de la mujer que es nuestra madre, quiero decir, involucra nuestra independencia simb\u00f3lica tambi\u00e9n de ella, en especial, de su negativo, de su sombra, de su propio mal, que son producto de la violencia del patriarcado. Es su <em>m\u00e1s<\/em> y no su mal el que necesitamos para crecer, para transformarnos en otra mujer, para transformarnos en Madres<a href=\"#_ftn5\">[5]<\/a>, ya sea de criaturas o de creaciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Creo que es fundamental saber cuando estamos atascadas bajo su sombra, incluso sinti\u00e9ndonos c\u00f3modas all\u00ed como si fuese un refugio, estando la madre en presencia o en ausencia. Sinti\u00e9ndome resentida con mi madre, reconozco que no he salido de su sombra. A veces incluso queriendo obsesivamente protegerla o cuidarla del patriarca, podr\u00eda significar que permanezco enganchada all\u00ed. O cuando sigo demand\u00e1ndole amor o atenci\u00f3n, puede ser un signo que todav\u00eda no doy el salto de su negativo. De todas maneras, si tomo conciencia y hablo de estos sentires, es un avance. El problema es cuando se juega el papel de la eterna malcriada o de la eterna hija resentida, en ninguno de estos casos o de otros que queramos nombrar en esta l\u00ednea, se podr\u00e1 crear relaciones con otras que sean verdaderas o consistentes o, al menos, ser\u00e1 dificultoso; es probable que nos convirtamos en demandantes de reconocimiento, insaciables y solapadas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Si la envidia de las mujeres desconoce el sentido libre que cada mujer le da a su ser mujer, esto va de la mano con un intento de fusi\u00f3n con la otra, una fusi\u00f3n-confusi\u00f3n entre id\u00e9nticas. Por eso sentir envidia por otra, o padecerla de otra, nos invita a mirar hacia atr\u00e1s y hacia lo profundo, hacia la precedencia, hacia el origen, hacia las ra\u00edces, y darnos cuenta de que es muy necesario restituir la grandeza materna y femenina, sin idealizaciones ni metaforizaciones, para ser mujeres diferentes de nuestras madres con independencia simb\u00f3lica de su negativo (eso s\u00ed, nos parecemos a nuestras madres en muchas cosas que nos gustan, como algunas gesticulaciones, por mencionar algo). Si contingencia y trascendencia no se separan (Diana Sartori), es justamente en la contingencia de la relaci\u00f3n con mi madre, en su ausencia o en su presencia, que podr\u00e9 ir \u201cbarriendo la casa por dentro\u201d, encontr\u00e1ndome conmigo misma, para recuperar en m\u00ed la excelencia de su obra. Asimismo, es la relaci\u00f3n con otras mujeres la que me invita a pensar y a nombrar mi experiencia en estas relaciones. De memoria no es. Es en la pr\u00e1ctica, en la vida, en el atreverme a estar en relaci\u00f3n, reconociendo la radical diferencia de la otra, aunque me equivoque o, a veces, duela, pero no huyo ni me amurallo si no responde a mis expectativas o exigencias; me arriesgo con todo lo que traen nuestras relaciones, me f\u00edo, aunque procuro cada vez dar menos pasos en falso. Pienso que de eso se trata vivir.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed como deseamos que la violencia masculina llegue a ser impensable<a href=\"#_ftn6\">[6]<\/a>, de la mano va el deseo de que los conflictos destructivos entre mujeres tambi\u00e9n lleguen a serlo, incluso el hablar del negativo de nosotras o de nuestras madres deje de ser un tema que nos preocupe. Sin embargo, como dice Ana Ma\u00f1eru M\u00e9ndez, \u201cno tenemos que desesperar, sino saber, entender y actuar desde ah\u00ed\u201d. De igual modo, esto no tiene que ver con \u00e9tica o moral, es un trabajo de la pol\u00edtica de lo simb\u00f3lico, que no fragmenta cuerpo y palabra, cuerpo y alma, naturaleza y cultura. Es un trabajo de lo simb\u00f3lico que nace de nuestro deseo libre de recuperar la Lengua Materna en todo su esplendor como medida de nuestras relaciones. Es el simb\u00f3lico de la madre que da sentido, que ordena el mundo y que tambi\u00e9n sabe poner l\u00edmites, como me dec\u00eda el otro d\u00eda la poeta Nieves Muriel, quien est\u00e1 ayudando a crecer a su criatura, que trajo al mundo hace pocos a\u00f1os. De esta manera, podremos ir profundizando el valor civilizatorio del \u201ccuidado radical\u201d, como nombra la enfermera Patricia S\u00e1nchez Aguilar el cuidado de las relaciones: con las otras y los otros, las criaturas todas, la Naturaleza. Que las madres no sientan nunca m\u00e1s negada su <em>autoridad<\/em> ante el autoritarismo del patriarca, del incestuoso o del maltratador, y que las hijas, que tambi\u00e9n somos Madres, no vivamos esa sombra como una maldici\u00f3n que repetimos sin darnos cuenta.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref1\">[1]<\/a>Me inspiro en el monogr\u00e1fico sobre la envidia, publicado por la Revista Duoda, 58, 2020. En este escribieron las autoras Laura Mercader, Wanda Tommasi, Chiara Zamboni y Candela Valle Blanco.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref2\">[2]<\/a>Tomo esta expresi\u00f3n de la fil\u00f3sofa Luisa Muraro.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref3\">[3]<\/a>Tomo esta expresi\u00f3n de un texto de la historiadora Mar\u00eda-Milagros Rivera Garretas sobre los manifiestos de Rivolta Femminile.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref4\">[4]<\/a>Como la nombra la fil\u00f3sofa Mary Daly.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref5\">[5]<\/a>La pensadora Luce Irigaray afirma que todas las mujeres somos Madres.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref6\">[6]<\/a>Lo dice Mar\u00eda-Milagros Rivera Garretas en algunos de sus textos pol\u00edticos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las relaciones entre mujeres son el centro gravitacional de nuestra pr\u00e1ctica pol\u00edtica en el feminismo&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":3854,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[62],"tags":[127,132,130,131],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/feministaslucidas.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4799"}],"collection":[{"href":"https:\/\/feministaslucidas.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/feministaslucidas.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/feministaslucidas.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/feministaslucidas.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4799"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/feministaslucidas.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4799\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4804,"href":"https:\/\/feministaslucidas.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4799\/revisions\/4804"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/feministaslucidas.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/3854"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/feministaslucidas.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4799"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/feministaslucidas.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4799"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/feministaslucidas.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4799"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}