{"id":3129,"date":"2020-11-28T23:12:48","date_gmt":"2020-11-28T23:12:48","guid":{"rendered":"https:\/\/feministaslucidas.org\/?p=3129"},"modified":"2021-03-19T13:00:46","modified_gmt":"2021-03-19T13:00:46","slug":"genealogia-de-mujeres-del-feminismo-radical-de-la-diferencia-andrea-franulic","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/feministaslucidas.org\/index.php\/2020\/11\/28\/genealogia-de-mujeres-del-feminismo-radical-de-la-diferencia-andrea-franulic\/","title":{"rendered":"Genealog\u00eda de mujeres del Feminismo Radical de la Diferencia, Andrea Franulic"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>Genealog\u00eda de mujeres del Feminismo Radical de la Diferencia<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Introducci\u00f3n a la Primera Charla de Feministas L\u00facidas, 7 de octubre de 2017<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Dedicado a todas mis semejantas de Feministas L\u00facidas, por ser cada una quien es, en su diferencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Dicen que las casualidades no existen, y me parece que eso le da m\u00e1s libertad al vivir. Cu\u00e1ndo iba yo a pensar que, al dar esa charla sobre feminismo radical en la Facultad de Beauchef de la Universidad de Chile, conocer\u00edamos, con Jessica Gamboa, quien me acompa\u00f1aba ese d\u00eda, a las j\u00f3venes de \u00edmpetu rebelde con las que luego formar\u00edamos Feministas L\u00facidas. Yo ven\u00eda de una ruptura pol\u00edtica brutal que hab\u00eda removido toda mi existencia de los \u00faltimos 16 a\u00f1os. No era ni la primera ni la \u00faltima mujer que hab\u00eda vivido algo as\u00ed en un grupo feminista; en efecto, uno de los aprendizajes importantes de toda esta vivencia tiene que ver con las dificultades que experimentamos cuando hacemos pol\u00edtica juntas. Pero, al mismo tiempo, conocemos el placer de la relaci\u00f3n entre mujeres y la experiencia \u00fanica de sentirnos parte de la Historia; no hay vuelta atr\u00e1s para este deseo. Por eso, este encuentro con estas j\u00f3venes y con otras que llegaron despu\u00e9s, todas \u00e1vidas por saber del feminismo radical, para m\u00ed ha significado algo grande y hermoso.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, Feministas L\u00facidas se form\u00f3 el a\u00f1o 2014 como grupo de estudio o, como lo hemos denominado, coloquialmente, club de lectura. Cada 15 d\u00edas nos reunimos, las tardes de s\u00e1bado, en las casas que rotan seg\u00fan el ofrecimiento que surge en la semana, y las puertas siempre est\u00e1n abiertas para las mujeres que quieran llegar. Acompa\u00f1adas, muchas veces, de comida vegana, leemos y conversamos lo le\u00eddo sobre los escritos de las pensadoras del feminismo radical y de la diferencia. No solo dialogamos entre nosotras, sino tambi\u00e9n, con ellas. De esta manera, han despertado nuestras conciencias las palabras de Adrienne Rich, Virginia Woolf, Kate Millet, Audre Lorde, Sheyla Jeffreys, Carol Hanish, Carla Lonzi, Julieta Kirkwood, Milagros Rivera, Christine de Piz\u00e1n, las Mujeres de la Librer\u00eda de Mil\u00e1n, Shulamith Firestone, las aut\u00f3nomas chilenas y latinoamericanas, Andrea Dworkin, entre tantas otras.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestras reuniones forman parte de la pol\u00edtica de las mujeres. Se trata de un hacer pol\u00edtica que no tiene nada que ver con la pol\u00edtica con poder (Mar\u00eda Milagros Rivera, 2005) ni con el llamado a las grandes masas. A lo largo del tiempo, las mujeres se han reunido en peque\u00f1os&nbsp; grupos para pensar e intervenir en el mundo, descubrir a sus predecesoras, tomar conciencia y hablar <em>a partir de s\u00ed<\/em> mismas (Mar\u00eda Milagros Rivera, 1994), generando transformaciones importantes en ellas y en la sociedad. Por ejemplo, las mujeres del llamado Movimiento de las Preciosas abr\u00edan sus salones, durante el siglo XVII, para realizar tertulias pol\u00edticas e intelectuales. De ellas, brotaron las ideas m\u00e1s brillantes que impulsaron, un siglo despu\u00e9s, la Revoluci\u00f3n Francesa (Mar\u00eda Milagros Rivera, 2005). O antes, en la Baja Edad Media, hallamos el Movimiento de las Beguinas, conformado por peque\u00f1as comunidades de mujeres c\u00e9libes, que revolucionaron la espiritualidad en la Europa del siglo XI (Mar\u00eda Milagros Rivera, 2014).<\/p>\n\n\n\n<p>Mirando la historia reciente, vemos a las mujeres de los a\u00f1os setenta reuni\u00e9ndose en los grupos de toma de conciencia, desde donde surge la genuina teor\u00eda feminista, esto es, un conocimiento amplio y profundo sobre nuestra experiencia como mujeres en la civilizaci\u00f3n patriarcal. Esta pr\u00e1ctica pol\u00edtica tambi\u00e9n se llev\u00f3 a cabo en los pa\u00edses latinoamericanos durante las crudas dictaduras de la d\u00e9cada de los ochenta. En Chile, Julieta Kirkwood imparti\u00f3 sus Feminarios en el C\u00edrculo de Estudios de la Mujer el a\u00f1o 1978. En 1984, form\u00f3, junto a Margarita Pisano y otras mujeres, la Casa de la Mujer La Morada, donde se efectuaron muchos talleres, conversatorios y cursos acerca de las necesidades y los deseos que nos afectan. A principio de los noventa, se organiz\u00f3, en nuestros pa\u00edses, el feminismo aut\u00f3nomo en respuesta a la arrasadora institucionalizaci\u00f3n de los movimientos sociales. Las feministas aut\u00f3nomas, con exponentes como Sandra Lidid, Ximena Bedregal y otras, combinaron reflexi\u00f3n en el peque\u00f1o grupo y denuncia p\u00fablica. En 1997, yo llegu\u00e9 a las charlas que Margarita Pisano convocaba, como feminista aut\u00f3noma, en su casa del Barrio Bellavista, para hablar sobre historia de las mujeres, obligatoriedad del amor, autonom\u00eda pol\u00edtica, maternidad, sexualidad y lesbianismo. En esta instancia, viv\u00ed, entre otras venideras, mi primera toma de conciencia, que signific\u00f3 algo tan elemental, tan primario, como darme cuenta de que soy una mujer.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Este breve recorrido da cuenta de que somos parte de la Historia o, con otras palabras, de una genealog\u00eda, que nos aclara que las libertades, las rebeld\u00edas y las ideas pol\u00edticas de las mujeres no son expresiones aisladas de algunas pocas audaces y atrevidas, sino que nos las debemos unas a otras, siempre y cuando nos reconozcamos y nombremos como parte de un hilar hist\u00f3rico que es, a la vez, continuo y discontinuo, subterr\u00e1neo y visible, fr\u00e1gil y firme, pero siempre presente. Como dicen las autoras del Pensamiento de la Diferencia, la Historia es una sola, como es uno solo el mundo, pero los sexos son dos. Por lo tanto, la Historia es tambi\u00e9n la Historia de las Mujeres y no una que corre en paralelo ni, menos, otra de tipo compensatoria (Mar\u00eda Milagros Rivera, 2005). Sin embargo, la Historia que asienta el conocimiento con poder, por ejemplo, en las escuelas y universidades, nos borra. Nuestra presencia en ella no existe o aparece de manera secundaria y, cuando surge protag\u00f3nica, se debe a que los hombres han elegido a una u otra \u2018mujer excepcional\u2019 (Adrienne Rich, 2010), cuya vida tergiversan. Ocurre as\u00ed, porque esta Historia est\u00e1 relatada desde la unilateralidad que instala el patriarcado como ideolog\u00eda, o sea, desde el punto de vista de un solo sexo que se ha definido, a s\u00ed mismo, como todopoderoso.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Las mujeres hemos vivido bajo la sombra de esta deshistorizaci\u00f3n. M\u00e1s todav\u00eda, a partir de la modernidad, esto es, desde el siglo XVII en adelante, cuyo auge se expresa en los totalitarismos del siglo XX. Luego del silenciado <em>ginocidio<\/em>, conocido como la Caza de Brujas, que arrasa, principalmente, con la poblaci\u00f3n femenina durante cuatro siglos (desde el XIV al XVII, aproximadamente), se impone, en la cultura occidental, el principio de la igualdad de los sexos, que acent\u00faa la absorci\u00f3n del femenino por el masculino. La consecuencia m\u00e1s v\u00edvida de todo esto es que nos quedamos, m\u00e1s que nunca, sin orden simb\u00f3lico femenino, esto quiere decir, sin palabras propias, encarnadas en una genealog\u00eda reconocible de mujeres, para darles sentido, significados y realidad a nuestras relaciones y experiencias: por m\u00e1s que miramos y buscamos alrededor, no nos encontramos en ninguna parte; chocamos con la imposibilidad de decir el mundo y decirnos a nosotras mismas, porque solo nos dejan a la mano la lengua androc\u00e9ntrica, ajena, que nos enajena. (1).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Esta mudez existencial nos ha mantenido sujetas a las fantas\u00edas, los miedos y deseos de los hombres, encontrando, en las perversas proyecciones masculinas, referentes vac\u00edos de memoria y pensamiento, de cuerpo y de lenguaje. Expresado de otra manera, no hallamos m\u00e1s que los estereotipos femeninos, codificados por el orden patriarcal (Mar\u00eda Milagros Rivera, 1994). Y en resistencia u oposici\u00f3n a estos, se nos ofrece como \u00fanica salida la homologaci\u00f3n con los hombres: la trampa de la igualdad o la equidad, el gran triunfo de la era moderna, que le suma, insisto, m\u00e1s enajenaci\u00f3n a nuestras vidas. Como dice Andrea Dworkin (1981: s\/p): \u201cQuiero sugerirles que comprometerse a lograr la equidad (\u2026) con los hombres, es decir, a lograr una uniformidad (\u2026) es comprometerse a volverse el rico en lugar de la pobre, el violador en lugar de la violada, el asesino en vez de la asesinada\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQueremos seguir vagando, confusas, en medio de la oscuridad, la desesperaci\u00f3n y una inseguridad sin nombre? \u00bfDeseamos continuar siendo incluidas en una civilizaci\u00f3n depredadora de todo lo vivo, nutri\u00e9ndola con nuestras energ\u00edas creativas? \u00bfPodemos vivir perpetuando la negaci\u00f3n y el desprecio hacia nosotras mismas? Para dar fin a todo esto, el descubrimiento y la producci\u00f3n de un orden simb\u00f3lico femenino, que no se puede separar de la recuperaci\u00f3n geneal\u00f3gica, constituyen la pol\u00edtica fundamental de las mujeres de este siglo; es la \u00fanica manera que hemos encontrado, y que creemos posible, para decirles <em>\u00a1basta!<\/em> a la crueldad y violencia patriarcales. (1).<\/p>\n\n\n\n<p>Las reflexiones que aqu\u00ed desarrollo, as\u00ed como las autoras que he nombrado, pertenecen a determinadas corrientes de pensamiento feminista. Decir que el feminismo no es uno solo constituye, a estas alturas, un lugar com\u00fan; aunque, para m\u00ed, el feminismo debiera tener un \u00fanico desenlace: crear una nueva cultura. Y este prop\u00f3sito lo encuentro en algunas expresiones del radical y la diferencia. A la intersecci\u00f3n de ambos, la he llamado <em>feminismo radical de la diferencia <\/em>(Margarita Pisano &amp; Andrea Franulic, 2009). Ambos surgen en los grupos de toma de conciencia donde se escucha la voz de las mujeres, hablando con sus cuerpos, en primera persona, <em>a partir de s\u00ed<\/em> mismas, en una lengua propia, la que el feminismo radical llamar\u00e1 \u2018lengua com\u00fan\u2019 de las mujeres (Mercedes Bengoechea, 1993), y el feminismo de la diferencia, \u2018lengua materna\u2019 (Luisa Muraro, 1994). Asimismo, el amor hacia las mujeres, junto al <em>yo<\/em> y al <em>nosotras<\/em> pol\u00edticos, el feminismo radical lo sintetizar\u00e1 en el concepto de \u2018experiencia com\u00fan\u2019 de las mujeres, mientras que el feminismo de la diferencia lo har\u00e1 en la idea del \u2018entre mujeres\u2019 (Mar\u00eda Milagros Rivera, 2001). Estos t\u00e9rminos, tanto los referidos a la lengua como los que aluden a la relaci\u00f3n entre mujeres, no guardan el mismo contenido entre ellos, pero comparten la necesidad imperiosa de establecer confianzas entre nosotras, tanto para vivir como para hacer pol\u00edtica, en lugar de sanciones y competitividades malsanas, que constituyen la forma en que la ideolog\u00eda patriarcal interviene nuestros v\u00ednculos. (2).&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s, a esta fusi\u00f3n, la radicalidad aporta la agudeza del an\u00e1lisis, cuestionando la institucionalidad patriarcal desde sus fundamentos; y la diferencia, el desprendimiento necesario para no quedarnos enganchadas en la guerra contra el patriarcado y, as\u00ed, ser libres para significar el sentido de ser mujeres, abandonando como punto de referencia a los hombres y su cultura. Cada feminismo es un contrapeso para el otro con el fin de lograr el equilibrio. De lo contrario, a medida de que cada uno se aleja, gradualmente, de esta intersecci\u00f3n \u2013hasta el punto de hallar manifestaciones que tergiversan sus sentidos genuinos\u2013, aterriza, tanto el radical como el de la diferencia, en pr\u00e1cticas pol\u00edticas que reponen las bases de la supremac\u00eda masculina: por el lado de la radicalidad, un excesivo anclaje en el enemigo impide hacer feminismo sin tener, como fuerza centr\u00edpeta, al patriarcado, qued\u00e1ndonos en la sola denuncia y resistencia. Por el lado de la diferencia, un desprendimiento excesivo, junto a una visi\u00f3n idealizadora de la pol\u00edtica de las mujeres, nos hace perder de vista que existe dominaci\u00f3n androc\u00e9ntrica y que, de esta, son los hombres, los principales responsables: autores y actores.<\/p>\n\n\n\n<p>El sentido primario de la radicalidad de la diferencia descansa en la irreductibilidad de nuestra <em>diferencia sexual<\/em>, esto quiere decir, en el hecho evidente de que tenemos un cuerpo sexuado: un cuerpo sexuado en femenino, en nuestro caso. Este dato irreductible es radical, porque la palabra \u2018radical\u2019 significa etimol\u00f3gicamente \u2018ra\u00edz\u2019, lo que podemos interpretar como \u2018origen\u2019. Adem\u00e1s, no se trata de un mero dato biol\u00f3gico, sino, principalmente, semiol\u00f3gico \u2013o sea, que permite crear signos\u2013, lo que implica que cuerpo y palabra son inseparables, como el aire que sirve tanto para respirar como para hablar. Expresado de otra forma, es con nuestro cuerpo sexuado que le damos sentidos a la realidad, porque la especie humana es esencialmente animal simb\u00f3lico, considerando que las palabras constituyen el s\u00edmbolo m\u00e1s importante. Desde esta perspectiva, la diferencia sexual es riqueza para el mundo, porque cada sexo crea significados diversos con su propio cuerpo, el cual es obra exclusiva de nosotras las mujeres por nuestra capacidad, ejercida o no, de procrear. (3).<\/p>\n\n\n\n<p>No obstante, este cuerpo se configura en una cultura matricida, mort\u00edfera, cuyos l\u00edmites nefastos las feministas conocemos muy bien: la cultura patriarcal, universal y longeva, basada en la supremac\u00eda masculina, que proyecta la diferencia sexual, en especial la femenina, como una carencia, como un NO masculino. Es decir, nuestra diferencia es definida por una negaci\u00f3n y absorbida como este l\u00edmite negativo, que se transforma en la condici\u00f3n de existencia de lo masculino, en su complemento en la jerarqu\u00eda, el que necesita para erigirse como el representante del g\u00e9nero humano, el Hombre (Patrizia Violi, 1991). Y la feminidad nos es devuelta de manera tergiversada, o sea, deformada en un estereotipo, muy conveniente a los hombres, porque les sirve para borrar y despreciar nuestros aportes al mundo, al mismo tiempo que nos los usurpan. De esto se desprende el segundo sentido de la radicalidad de la diferencia, el cual consiste en recuperar la potencialidad y la presencia visible y verbalizada de nuestra diferencia sexual para crear una nueva cultura, junto con desechar la vigente, con sus ideolog\u00edas, instituciones, valores y s\u00edmbolos, porque la consideramos fracasada (Carla Lonzi, 1978). El fracaso se fundamenta, justamente, en que esconde la diferencia como principio existencial y valida la unilateralidad inclusiva, de la que solo puede resultar desequilibrio y poder.<\/p>\n\n\n\n<p>En este espacio entre los dos conjuntos, el feminismo radical y el feminismo de la diferencia, coloco las ideas-fuerza que configuran esta propuesta o, m\u00e1s bien, esta <em>forma de vida<\/em> (Mar\u00eda Milagros Rivera, 2014). Por eso, una de las ideas-fuerza de este feminismo es rechazar el pedirle derechos y leyes a la pol\u00edtica con poder de los hombres, puesto que esto implica legitimarla y reformar su cultura mediante nuestras demandas, dando a entender, junto con esto, que los derechos y las leyes constituyen un lenguaje neutro y no marcado ideol\u00f3gicamente por el sesgo patriarcal. Adem\u00e1s, en coherencia con lo radical, la transformaci\u00f3n cultural y civilizatoria pasa por cuestionar las ra\u00edces de los problemas, por desmontar los cimientos de las estructuras establecidas, las que se relacionan entre s\u00ed para dominar, controlar y reprimir nuestras vidas tanto en lo personal como en lo p\u00fablico: la familia, el amor rom\u00e1ntico, la heterosexualidad obligatoria, el matrimonio, la pareja, la maternidad, y tambi\u00e9n el estado, el ej\u00e9rcito, la educaci\u00f3n, la iglesia, los medios de comunicaci\u00f3n, etc., se sirven de nuestra fuerza de trabajo y de nuestras energ\u00edas sexuales, emocionales y pensantes para el funcionamiento de su orden social.<\/p>\n\n\n\n<p>Asimismo, en coherencia con esta profundidad, la transformaci\u00f3n pasa por descolonizarnos a nosotras mismas y nuestros modos de relacionarnos en una continua revisi\u00f3n y autoconciencia, con errores y aciertos, con contradicciones y claridades, en busca m\u00e1s de la libertad que de la liberaci\u00f3n, que se distinguen, al decir de Mar\u00eda Milagros Rivera (2005: 29), porque la liberaci\u00f3n \u201c&#8230;trata de erradicar toda constricci\u00f3n hist\u00f3rica sufrida por un ser humano\u201d. En cambio, la libertad consiste en \u201c\u2026la capacidad de transformar la relaci\u00f3n con las constricciones hist\u00f3ricas que una no puede o no quiere erradicar\u201d. Yo busqu\u00e9, durante mucho tiempo, la liberaci\u00f3n, y no me fue muy bien. Hoy me interesa ser una mujer libre y no, precisamente, una mujer liberada. El movimiento pol\u00edtico, entonces, va desde lo interior hacia lo exterior y desde abajo hacia arriba. Por esta raz\u00f3n, tambi\u00e9n nos hacemos funcionales al desastre civilizatorio si reproducimos, con orgullo, los estereotipos femeninos, dise\u00f1ados para nosotras con los dispositivos de la literatura, el cine, la publicidad, la filosof\u00eda, las religiones, las ciencias, la pornograf\u00eda, la est\u00e9tica y la moda, etc. La potencialidad de la diferencia sexual como principio de existencia conlleva, como afirma Carla Lonzi en 1970, que ning\u00fan individuo o grupo debe ser definido por otro individuo o grupo. De ah\u00ed que las feministas radicales de la diferencia \u2013y esta es otra idea-fuerza fundamental\u2013 apostemos por un sentido libre de ser mujeres y mujeres lesbianas, abandonando a los hombres, sus ideolog\u00edas y cultura como nuestro falso reflejo y complemento, y encontrando en las dem\u00e1s mujeres, conscientes de s\u00ed mismas, el espejo que necesitamos para que cada una sea quien quiera ser.<\/p>\n\n\n\n<p>Las autoras de nuestra genealog\u00eda, que hoy presentamos \u2013Carla Lonzi, Christine de Piz\u00e1n, Virginia Woolf y Audre Lorde\u2013, nos dan pistas para este sentido libre de ser mujeres, as\u00ed como para la creaci\u00f3n de otra cultura, que va de la mano con la producci\u00f3n de un orden simb\u00f3lico femenino. A las cuatro pensadoras las situamos en la intersecci\u00f3n, puesto que forman parte del feminismo radical de la diferencia: Carla Lonzi (1978) nos invita a aprovecharnos de nuestra diferencia, que se basa, nos dice, en haber estado ausentes del relato de la Historia con poder durante miles de a\u00f1os, por lo tanto, se fundamenta en nuestra exclusi\u00f3n y, en concomitancia con esto, se pregunta cu\u00e1ntos siglos m\u00e1s nos demoraremos en liberarnos del nuevo yugo, conformado por la b\u00fasqueda de la igualdad con los hombres, la deseada emancipaci\u00f3n. Con otras palabras, la civilizaci\u00f3n androc\u00e9ntrica se ha construido a costa de nosotras, pero sin nosotras y, frente a esto, \u00bfvamos a luchar para ser integradas, incluidas, en su deshumanizaci\u00f3n? O, como expresa esta l\u00facida voz, \u00bfnos aprovecharemos de esta extranjer\u00eda radical, que tenemos, para crear otro tipo de sociedad m\u00e1s libre y feliz?<\/p>\n\n\n\n<p>Christine de Piz\u00e1n, en 1405, se libera de las opiniones masculinas para ser ella misma, confiando en lo que su cuerpo sexuado y su experiencia le comunican, fi\u00e1ndose en las dem\u00e1s mujeres, en una genealog\u00eda femenina, y no en el pre-juicio ajeno. As\u00ed como Lonzi (1978) se da cuenta de que no estamos en la Historia, Piz\u00e1n (2013) repara en que no existimos en la filosof\u00eda, y rechaza toda la tradici\u00f3n de pensamiento, puesto que todos los fil\u00f3sofos, tanto de la antig\u00fcedad como de la edad media, hablan mal de nosotras, esto es, sus planteamientos se sostienen en una misoginia recalcitrante. Por su parte, la poeta Audre Lorde (2003: 118) nos hereda la poderosa idea de que \u201clas herramientas del amo nunca desmontan la casa del amo\u201d.&nbsp; Por lo tanto, si nos quedamos con la igualdad y los derechos, con sus reglas del juego, para hacer pol\u00edtica feminista, ni siquiera subvertimos el orden social, al contrario, lo renovamos. Lo mismo sucede si analizamos el sistema desde la perspectiva de g\u00e9nero, usada en la academia por el feminismo de la igualdad y tambi\u00e9n por el posfeminismo y el transfeminismo con sus pretendidas pr\u00e1cticas trasgresoras; o si intentamos generar cambios desde las ideolog\u00edas de izquierda, que no abandonan la lucha dial\u00e9ctica amo\/esclavo, opresor\/oprimido. Asimismo, si usamos las palabras androc\u00e9ntricas para interpretar lo que vivimos, sobre todo, nuestros miedos y fantasmas, los que necesitamos sacar a la luz, es imposible con una lengua que, para nosotras, constituye el l\u00edmite de la palabra y una invitaci\u00f3n al silencio. En definitiva, todos estos aspectos est\u00e1n muy bien guardados en la caja de herramientas del amo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Por \u00faltimo, Virginia Woolf, a principios del siglo XX, tiene muy claro que la sociedad es la sociedad de los hombres y que la experiencia de las mujeres en ella es marginal, y este hecho trasciende las clases sociales, las razas y las edades. Por ejemplo, la guerra es la expresi\u00f3n m\u00e1s horrorosamente fidedigna del tipo de sociedad que los hombres han construido y organizado. Las mujeres no tenemos nada que ver con este af\u00e1n destructivo y competitivo, ni con sus condecoraciones, medallas y uniformes. Si bien desea que las mujeres accedamos a la educaci\u00f3n, a la que ella misma no pudo acceder, siendo hermana e hija de hombres educados \u2013como a ella le gustaba decir\u2013, no le interesa la educaci\u00f3n de ellos que, justamente, prepara para la guerra, dada su l\u00f3gica basada en jerarqu\u00edas, grados y escalafones. Woolf (2016a) quiere que las mujeres, a partir de su anti-convencionalismo, inventen una nueva educaci\u00f3n y, en definitiva, una nueva sociedad. Al meditar Virginia sobre sus antepasadas, expresa acertadamente este desd\u00e9n por la institucionalidad masculina en la siguiente cita: \u201cY pens\u00e9 en el \u00f3rgano retumbando en la capilla, y en las puertas cerradas de la biblioteca y pens\u00e9 qu\u00e9 desagradable ser\u00eda quedarse fuera; y pens\u00e9 que ser\u00eda m\u00e1s desagradable quedarse adentro&#8230;<em>\u201d<\/em> (Woolf, 2016b: 35)<em>.<\/em> Las feministas radicales de la diferencia, con el mismo y sutil tono de sorna, decimos: <em>no, gracias<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Notas:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<ol><li>Para el desarrollo te\u00f3rico en torno a la modernidad, la igualdad de los sexos, la p\u00e9rdida de simb\u00f3lico femenino y el sentido actual de la pol\u00edtica de las mujeres, ver Rivera, M. (1994). <em>Nombrar el mundo en femenino<\/em>. Barcelona: Icaria; y Rivera, M. (2005). <em>La diferencia sexual en la historia<\/em>. Espa\u00f1a: Universidad de Valencia.<\/li><li>Para el an\u00e1lisis de c\u00f3mo la ideolog\u00eda, instituciones y estratagemas patriarcales intervienen los lazos entre mujeres, ver Rich, A. (2001). Heterosexualidad obligatoria y existencia lesbiana. En A. Rich, <em>Sangre, pan y poes\u00eda <\/em>(pp. 41-87). Barcelona: Icaria.&nbsp;<\/li><li>Para los planteos en torno a la diferencia sexual, su irreductibilidad y potencia, y al cuerpo como obra de la madre, ver los desarrollos te\u00f3ricos del Pensamiento de la Diferencia en general. En especial, Muraro, L. (1994). <em>El orden simb\u00f3lico de la madre<\/em>. Madrid: Horas y Horas. Y Rivera, M. (1994). <em>Nombrar el mundo en femenino<\/em>. Barcelona: Icaria; tambi\u00e9n, Rivera, M. (2005). <em>La diferencia sexual en la historia<\/em>. Espa\u00f1a: Universidad de Valencia.<\/li><\/ol>\n\n\n\n<p><strong>Referencias bibliogr\u00e1ficas:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Bengoechea, M. (1993). <em>Adrienne Rich: g\u00e9nesis y esbozo de su teor\u00eda ling\u00fc\u00edstica. <\/em>Espa\u00f1a: Ayuntamiento de Alcal\u00e1 de Henares.<\/p>\n\n\n\n<p>de Piz\u00e1n, C. (2013). <em>La ciudad de las damas<\/em>. Madrid: Siruela.<\/p>\n\n\n\n<p>Dworkin, A. (1981). <em>Nuestra sangre (Our blood)<\/em>. Traducci\u00f3n no oficial del blog Maldita Femrad, 2017.<\/p>\n\n\n\n<p>Lonzi, C. (1978). <em>Escupamos sobre Hegel. Y otros escritos sobre liberaci\u00f3n femenina<\/em>. Buenos Aires: La pl\u00e9yade.<\/p>\n\n\n\n<p>Lorde, A. (2003). <em>La hermana, la extranjera<\/em>. Madrid: Horas y Horas.<\/p>\n\n\n\n<p>Muraro, L. (1994). <em>El orden simb\u00f3lico de la madre<\/em>. Madrid: Horas y Horas.<\/p>\n\n\n\n<p>Pisano, M. &amp; Franulic, A. (2009). <em>Una historia fuera de la historia. Biograf\u00eda pol\u00edtica de Margarita Pisano<\/em>. Santiago: Revolucionarias.<\/p>\n\n\n\n<p>Rich, A. (2010). <em>Sobre mentiras, secretos y silencios<\/em>. Madrid: Horas y Horas.<\/p>\n\n\n\n<p>Rivera, M. (1994). <em>Nombrar el mundo en femenino<\/em>. Barcelona: Icaria.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Rivera, M. (2001). <em>Mujeres en relaci\u00f3n<\/em>. Barcelona: Icaria.<\/p>\n\n\n\n<p>Rivera, M. (2005). <em>La diferencia sexual en la historia<\/em>. Espa\u00f1a: Universidad de Valencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Rivera, M. (2014). <em>Teresa de Jes\u00fas<\/em>. Madrid: Sabina.<\/p>\n\n\n\n<p>Violi, P. (1991). <em>El infinito singular<\/em>. Madrid: C\u00e1tedra.<\/p>\n\n\n\n<p>Woolf, V. (2016a). <em>Tres Guineas<\/em>. Espa\u00f1a: Debols!llo.Woolf, V. (2016b). <em>Un cuarto propio<\/em>. Espa\u00f1a: Debols!llo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Genealog\u00eda de mujeres del Feminismo Radical de la Diferencia Introducci\u00f3n a la Primera Charla de&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":3854,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[62],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/feministaslucidas.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3129"}],"collection":[{"href":"https:\/\/feministaslucidas.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/feministaslucidas.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/feministaslucidas.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/feministaslucidas.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3129"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/feministaslucidas.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3129\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3130,"href":"https:\/\/feministaslucidas.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3129\/revisions\/3130"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/feministaslucidas.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/3854"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/feministaslucidas.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3129"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/feministaslucidas.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3129"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/feministaslucidas.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3129"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}